HPB-Dzyan-III.8

Texto extraído de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky.


8. ¿DÓNDE (ESTABA EL GERMEN Y DÓ ESTABAN ENTONCES LAS TINIEBLAS? ¿EN DÓNDE ESTÁ EL ESPÍRITU DE LA LLAMA QUE ARDE EN TU LÁMPARA, ¡OH,LANÚ!? EL GERMEN ES AQUELLO, Y AQUELLO ES LA LUZ; EL BLANCO HIJO RESPLANDECIENTE DEL OBSCURO PADRE OCULTO.


La contestación a la primera pregunta, sugerida por la segunda, que es la réplica del maestro al discípulo, contiene, en una sola frase, una de las verdades más esenciales de la filosofía oculta. Indica la existencia de cosas imperceptibles a nuestros sentidos físicos, y que son de mucha mayor importancia, más reales y más permanentes que las perceptibles. Antes que el Lanú pueda comprender el problema trascendentalmente metafísico contenido en la pregunta primera, debe ser capaz de contestar a la segunda, en la cual se halla precisamente la clave para responder correctamente a la anterior. En el Comentario sánscrito a esta Estancia, son muchos los términos que se usan para el principio oculto y no revelado. En los manuscritos más primitivos de la literatura hindú, esta Deidad Abstracta no revelada no tiene nombre. Se la llama generalmente “Aquello” (Tad, en sánscrito), y significa todo lo que es, era o será, o que puede ser concebido así por la mente humana.

Entre tales denominaciones empleadas —por supuesto, tan sólo en la Filosofía Esotérica— como las “Tinieblas insondables”, el “Torbellino”, etc., también se la llama “Lo del Kâlahansa”, el “Kâla–ham–sa” y hasta el “Kâli Hamsa” (el Cisne Negro). Aquí la m y la n son permutables, y ambas suenan como la nasal francesa an o am. Lo mismo que en el hebreo, muchas palabras misteriosas y sagradas en sánscrito, no dicen más al oído profano que cualquier palabra ordinaria, puesto que se hallan ocultas a modo de anagramas o de otra manera. Esta palabra Hansa o Hamsa es precisamente un caso de éstos. Hamsa equivale a “A–hamsa”, tres palabras que significan “Yo soy Él”; al paso que dividida de otra manera se leerá “So–ham” “Él [es] Yo”. En esta sola palabra se halla contenido el misterio universal, la doctrina de la identidad de la esencia del hombre con la esencia divina, para aquel que comprende el lenguaje de la sabiduría. De aquí el emblema y la alegoría acerca de Kâlahansa (o Hamsa), y el nombre dado a Brahman (neutro) y posteriormente al Brahmâ masculino, de Hansa–Vâhara, “el que usa al Hamsa como su vehículo”. La misma palabra puede ser leída “Kâlahamsa” o “yo soy yo, en la eternidad del Tiempo”, respondiendo al bíblico o más bien al zoroastriano “yo soy lo que soy”. La misma doctrina se encuentra en la Kabalah, como lo demuestra el siguiente extracto de un manuscrito inédito, por Mr. S. Liddell McGregor Mathers, el sabio kabalista:

Los tres pronombres או‎ה‎[ALEPH-VAV-HEH], ת‎הא‎[HEH-TAU-ALEPH], י‎נא‎[YOD-NUN-ALEPH], Hua, Atch, Ani —Él, tú, Yo— se usan para simbolizar las ideas del Macroprosopus y Microprosopus en la Kabalah hebrea. Hua, “Él”, se aplica al Macroprosopus escondido y oculto; Atch, “Tú”, al Microprosopus, y Ani “Yo”, al último, cuando se le representa como hablando. (Véase Lesser Holy Assembly, 204 y sig.). Es digno de observarse que cada uno de estos nombres consta de tres letras, de las cuales la letra Alleph [א‎, ALEPH], forma la conclusión de la primera palabra Hua y el principio de las de Atah y Ani, como si fuera el lazo de conexión entre ellas. Pero א‎[ALEPH] es el símbolo de la Unidad, y por consiguiente, de la idea invariable de lo Divino operando por medio de todas ellas. Pero tras de la א‎[ALEPH] en el nombre Hua están las letras י‎[YOD] y ה[HEH] los símbolos de los números Seis y Cinco, el Macho y la Hembra, el Exagrama y el Pentagrama. Y los números de estas tres palabras. Hua, Atch, Ani, son 12, 406 y 61, los cuales hállanse reasumidos en los números clave 3, 10 y 7, por la Kabalah de las Nueve Cámaras que es una forma de la regla exegética de Temura.

Inútil es intentar la explicación completa del misterio. Los materialistas y los modernos hombres de ciencia jamás lo comprenderán, desde el momento en que, para obtener una percepción clara de ello, ha de admitirse ante todo el postulado de una Deidad universalmente difundida, omnipresente y eterna en la Naturaleza; en segundo lugar, ha de profundizarse el misterio de la electricidad en su verdadera esencia; y en tercer término, conceder que el hombre es el símbolo septenario, en el plano terrestre, de la Gran Unidad Una, el Logos, que es, el signo de Siete vocales, el Aliento cristalizado en el Verbo1. Quien crea en todo esto, ha de creer también en las combinaciones múltiples de los siete planetas del Ocultismo y, de la Kabalah, con los doce signos zodiacales; y tiene que atribuir, como hacemos nosotros, a cada planeta y a cada constelación, una influencia que, según las palabras de Mr. Ely Star (astrólogo francés), “le es propia, benéfica o maléfica, según el Espíritu planetario que le rige, el cual, a su vez, es capaz de influir sobre los hombres y las cosas que se hallan en armonía con él y que le son afines”. Por estas razones, y creyendo pocos en lo anterior, todo lo que podemos decir ahora es que en ambos casos el símbolo de Hamsa (ya sea Yo, Él, Oca o Cisne) es un símbolo importante que representa, entre otras cosas, la Sabiduría Divina, la Sabiduría en las Tinieblas fuera del alcance de los hombres. En lo exotérico, Hamsa, como sabe todo indo, es un ave fabulosa a la que, cuando se le da leche mezclada con agua (en la alegoría), las separa, bebiéndose la leche y dejando el agua, mostrando así sabiduría propia; pues la leche representa simbólicamente al espíritu, y el agua a la materia.

La antigüedad remotísima de esta alegoría se demuestra con la mención en el Bhâgavata Purâna, de cierta casta llamada Hamsa o Hansa, que era la “casta única” por excelencia, cuando en épocas muy lejanas, entre las brumas de un pasado olvidado, no existía entre los indos más que “Un Veda, Una Deidad y Una Casta”. También existe una cordillera en los Himalayas, descrita en los antiguos libros como situada al Norte del Monte Meru, llamada Hamsa, y relacionada con episodios pertenecientes a la historia de los misterios religiosos y de las iniciaciones. En cuanto a Kâlahansa, el supuesto vehículo de Brahmâ–Prajâpati en los textos exotéricos y en las traducciones de los orientalistas, es del todo erróneo; Brahman, el neutro, es llamado por ellos Kâla-hansa; y Brahmâ, el masculino, Hansa–vâhana, porque ciertamente, “su vehículo es un cisne o ganso”2. Esto es una glosa puramente exotérica. Esotérica y lógicamente, si Brahman, el infinito, es todo cuanto describen los orientalistas, y si en armonía con los textos vedantinos es una deidad abstracta, en manera alguna caracterizada con atributos humanos; y si a la vez se sostiene que es llamada Kâla–hansa, ¿cómo puede entonces convertirse en el Vâhan de Brahmâ, el dios finito manifestado? Es completamente lo contrario. El “Cisne o Ganso” (Hansa) es el símbolo de la deidad masculina o temporal, Brahmâ, la emanación del Rayo primordial, al que se hace servir como Vâhan o Vehículo para el Rayo Divino, que de otro modo no podría manifestarse en el Universo, puesto que él mismo es una emanación de las Tinieblas (para nuestra inteligencia humana, en todo evento). Así, pues, Brahmâ es Kâlahansa, y el Rayo, Hansa–vâhana.

También es igualmente significativo el extraño símbolo elegido; siendo la verdadera significación mística la idea de una matriz universal, figurada por las Aguas Primordiales del Abismo o la abertura para la recepción, y subsiguientemente para la salida, de aquel Rayo Uno (el Logos), que contiene en sí los otros Siete Rayos Procreadores o Poderes (los Logoi o Constructores). De aquí que los rosacruces eligieran el ave acuática, sea cisne o pelicano3, con siete pequeños, por símbolo, modificado y adaptado a la religión de cada país. Ain–Suph es llamado en el Libro de los Números4 el “Alma de fuego del Pelícano”. Aparece con cada Manvantara como Nârâyana o Svâyambhuva, el Existente por Sí, y penetrando en el Huevo del Mundo, surge del mismo al final de la divina incubación, como Brahmâ o Prajâpati, el progenitor del Universo futuro, en el cual se extiende. Él es Purusha (el Espíritu), pero también es Prakriti (la Materia). Por lo tanto únicamente después de haberse dividido él mismo en dos mitades, Brahmâ–Vâch (la hembra), y Brahmâ–Virâj (el macho), es cuando el Prajâpati se convierte en el Brahmâ masculino.


1 Esto es también parecido a las doctrinas de Fichte y de los panteístas alemanes. El primero venera a Jesús como al gran maestro que inculcó la unidad del espíritu del hombre con el Espíritu de Dios o Principio Universal (la doctrina Advaita). Difícil es encontrar una sola especulación en la metafísica occidental que no haya sido anticipada por la filosofía arcaica oriental. Desde Kant a Herbert Spencer, todo se reduce únicamente a un eco más o menos desnaturalizado de las doctrinas Dvaita, Advaita y vedantinas en general.

2 Véase el Dictionary of Hindú Mythology, de Dowson, pág. 57.

3 Que el género del ave sea cygnus, anser o pelicanus importa poco, pues es un ave acuática flotando o nadando sobre las aguas a manera del Espíritu, y saliendo después de aquellas aguas para dar nacimiento a otros seres. La verdadera significación del símbolo del Grado Dieciocho de la Rosa–Cruz, es ésta precisamente, si bien fue más tarde poetizado en el sentimiento maternal del pelícano que se rasga el pecho para alimentar con su sangre a sus siete pequeños.

4 La razón por la que prohibe Moisés comer el pelícano y el cisne (Deuteronomio, XIV, 16, 17), clasificando a ambos entre las aves impuras, y permite comer “langostas, escarabajos, cigarras y los de su especie (Levítico, XI, 22), es puramente fisiológica, y tiene que ver con el simbolismo místico tan sólo en lo que se refiere a que la palabra “impura”, lo mismo que cualquiera otra, no debe ser comprendida literalmente; pues es esotérica igual que lo demás, y puede significar lo mismo “santo” como no significarlo. Es un velo muy significativo en conexión con ciertas supersticiones, por ejemplo, la del pueblo ruso que no come pichones; no por ser “impuros”, sino porque se atribuye al “Espíritu Santo” el haberse aparecido en forma de paloma.

Abyssum Todo en Tinieblas

Todo en Tinieblas es el demo de 2015 de Abyssum que nos trae el refinamiento final de una obra cuyas ideas y partes fundamentales habían sido ya construidas para mediados de los años noventa; le vemos entre las piezas en vivo publicadas en el año 2008 bajo el título The Prophecy Is My Name, I’ll Be Here Eternally, en donde la pieza que figura este demo lleva el nombre ‘I am He’; de la transformación de “Yo soy Él” a “Todo en Tinieblas”, mucho se puede meditar y estudiar1. La nueva versión de esta pieza se ve envuelta por arreglos de sintetizadores que le suman mucho y le traen más cerca de la cobijante aura cósmica que caracteriza a Abyssum.

No solamente tiene una introducción de tres minutos en una pista separada, lo cual nos permite prepararnos mejor, pero también un outro de otros tres minutos que crece y extiende la nota y sensación en la que queda la música una vez callan guitarras y batería. La estructura del cuerpo principal de la pieza ha cambiado asimismo, con variaciones hechas a partes que anteriormente eran idénticas entre ellas, además de elaboraciones en los teclados antes inexistentes, y una considerable introducción de conexiones y sutilezas en la percusión donde antes figuraban más que todo patrones uniformes rudimentarios del underground metal en contexto black metal.

La nueva producción es bienvenida, así como la claridad de los instrumentos, pues Abyssum mantiene en mente la necesidad de que se preserve un aura de obscuridad y agresión que un sonido demasiado sintético suavizaría, restándole de manera irreparable al todo; confiamos en que ésta sea una muestra de algo todavía mejor para un próximo álbum completo de Abyssum para el cual algunos habrán esperado casi una década.

Lo cual nos trae a la mención de ciertos puntos importantes respecto a la forma en que Abyssum opera, con la visión sobre la Eternidad, con una visión como Arte de Inmortalidad; este es un arte viviente, las piezas nunca se petrifican, y cada uno de las grabaciones es una de sus develamientos o manifestaciones a lo largo de una evolución perpetua. Si bien se han hecho álbumes como Thy CallPoizon of god, las piezas dentro de ellas han seguido tomando formas varias y únicas a lo largo de los años, siendo su maestro un experimentador de las fuerzas ocultas que dentro de ellas se mueven y las animan.

Abyssum nos da un ejemplo de música creada por un ser para él mismo, de primera mano, pero también con una visión de ella como algo que puede seguir mejorando de manera que se afine y aplique de manera más detallada y natural al cosmos mismo, o a nuestra percepción de éste, como intermediarios que somos entre lo natural y lo que conscientemente creamos con propósitos humanos. Todo lo que pudo haber sido la música clásica en su expresión más trascendental, y lo que pudo haber sido el black metal en un refinamiento holístico más enfocado, es adonde apunta la trayectoria del magistral Abyssum; si bien una sola vida puede alcanzar la inmortalidad para sí misma, el trabajo de Arte Inmortal está en manos de quienes lo puedan tomar y seguir a través de una cadena de vidas que la puedan llevar más allá a medida se descubren y desarrollan a ellas mismas.


1 “(…)el símbolo de Hamsa (ya sea Yo, Él, Oca o Cisne), es un símbolo importante que representa, entre otras cosas, la Sabiduría Divina, la Sabiduría en las Tinieblas fuera del alcance de los hombres.”, H.P.B. en su explicación del octavo verso de la tercera de las Estancias de Dzyan; énfasis agregado. El autor del artículo se ha topado con esta referencia sin haberla buscado en referencia a los presentes títulos, mientras leía casualmente una copia de La Doctrina Secreta.

Menschenfeind The Ripening Pomegrenate of Revenge

Intentar darle un valor a Menschenfeind basado en sus elecciones estilísticas y su definición dentro de ellas no es solamente una pérdida de tiempo que nos hace perder de vista el punto que realmente quiere dar a conocer a unos pocos el individuo detrás de él, sino también nos estorba al apreciar la experiencia que promete al dejarle entrar a su paso en lugar de pedirle que nos dé lo que queremos. La música de Akherra se caracteriza, en general, por ser así, cortante en su penetración, tajante en sus gestos de alguna manera egoístas. No solamente tiene que el oyente caminar hacia la música, sino también tiene que sentarse cerca de ella y esperar que ésta decida voltear su rostro y decida que tal vez merecemos una sonrisa; este momento por lo general llega después de que ambas acciones han sido ejecutadas: acercamiento activo y paciencia pasiva.

El mensaje que se revela en las letras de este demo encaja con esta actitud musical, pues parece llevar como uno de sus objetivos, al menos, el revivir mediante un arte personal el espíritu del black metal en su entendimiento y propósito peligroso. Primeramente se debe aclarar que no nos referimos aquí al tipo de peligro o protesta que buscaría un punk, mas uno con un trasfondo metafísico, que no por ello deja de tener un elemento de riesgo real y muy físico; lo que cambia es el entendimiento, la profundidad de las razones, la extensión de la visión y más quizás. Es además preciso señalar que en este revivir no existe implicación de nostalgia o de una expresión retro, pues la forma particular es lo de menos y lo que codifique y logre transmitir a las personas correctas (e aquí el elitismo verdadero) lo que realmente importa.

La música de este segundo demo podría verse como el precursor a lo que luego se extendería suntuosamente en el Graznar a Estigia publicado en 2010 bajo el nombre de The Brinepit of Eternity. La música de la primera pista tiene algo de un gancho, pero no se abusa de esto como en la música popular adoptada por el resto del black metal, y se le difumina en el trasfondo más grande e importante de un black metal que cabalga el riff, y depende de el para hacer cosas más grandiosas mas no se centra en el como si fuese en sí el punto de todo. La segunda pieza, The Killing Moon, se toma más el tiempo y procede de una manera más claramente episódica, con transiciones sutiles, pero manteniéndose orgullosamente dentro de la tradición black metal y no con pretensiones innecesarias de ninguna clase.

El triunfo de este black metal se encuentra más claramente en que la forma en que se esconde no es una forma de esconder una falta de contenido o potencia, sino, entre otras cosas, un gesto consciente de preservar privacidad; el escucharlo apropiadamente revela música con rico contenido y estructuras utilizadas de manera muy eficiente en cuanto a que se expresan detalladamente con lo mínimo que encuentran. Lo que vemos en esta evolución es la suntuosidad velada y privada que Akherra lleva luego a peldaños aún más altos; esperemos que esta evolución pueda todavía continuar.

C.R.U.E.L. Cantus

C.R.U.E.L. nos muestra una percepción de la realidad más demente que cósmica, abrazando fuerzas del subconsciente en lo que parece una acción de suscitar y evocar fuerzas subconscientes —esa parte de nosotros sujeta a demonios a los cuales el humano común sirve de inconsciente esclavo y perpetuo alimento. En Cantus especialmente, y mas aún que en las obras anteriores, se sienten enfocar los instrumentos a el mantenimiento de una tensión particular, con cadencias enfáticas de fuerte inclinación percusiva, dándole así un tono más fácilmente asimilable desde Abajo. Lo que vemos como el cuerpo principal de la presente obra es, tal vez, menos de dos tercios del total, y el resto consiste en sutiles sonidos, susurros y breves teclados espasmódicos de los cuales surge el metal como forma concreta.

La búsqueda y descubrimiento de este proyecto todavía se estaba concretando para cuando se dejo venir el presente demo, el cual muestra un C.R.U.E.L. de una voz  propia más clara que antes, si bien no del todo destacada todavía; para ver a un C.R.U.E.L. del todo desarrollado tendremos que esperar posiblemente para el siguiente álbum entero, el cual seguramente reunirá las lecciones aprendidas durante la última década y finalmente refinadas hasta el preludio suave y restringido que es Cantus.

Como mucha de la música por individuos de esta talla, el oyente ha de aproximarse a la recepción del arte con detenimiento y respeto, por directo y sencillo que parezca de primera mano el material; en el caso de la presente obra, ese lugar es uno que sea adecuado para rituales herméticos y obscuros, lugares que faciliten la introspección, y que permita por medio de un enfrentamiento y encarnación de pasiones suprimidas una unión en máxima expresión con ellas. Para esto podría ser utilizada esta música, para quien tenga la valentía de mirar directamente y hacia adentro como corresponde; cada quien lo hace a su propio riesgo, y el humano corriente, por supersticioso o con ínfulas de superioridad moderna, puede ser excusado, y reírse y pasar de largo le sienta mejor.

En Cantus, además, se nos otorga una banda de sonido que, percibida y seguida como si fuese la pauta de un ritual, promete abrir cuartos abandonados y pasadizos olvidados a los lados mas recónditos de nuestra mente y la inmediata realidad velada. El canto, en su uso tradicional y religioso, tiene como objeto primeramente alterar el estado interno del practicante; yendo más allá, sin embargo, y en una vena quizás un poco más esotérica, también la de alterar la composición de los alrededores por medio de este cambio en el practicante en calidad de portal entre lo visible y lo invisible, lo evidente y lo oculto.

Monarch Exile

This is an underground, self-released EP/demo that outwardly evokes traits of Infester and the likes of Cianide, thus utilizing a cross between doom metal, death metal and progressive rock. The latter is the greater influence in the structural approach of the album, but the spirit is permeated by the esotericism and medieval-macabre surrealism of classic death metal. The release’s aura resembles these medieval dark mystic paintings in that it would appear as if the music attempts to trespass beyond the rationalizing agency and into the darkness of the unconscious. That said, there is no proper abandonment of the a logic of structure or coherence of expression.

Such a feeling of alienation transports the listener into an opaque world of grim fantasy that seems always submerged in a dream-like brume. It is recordings such as this one which represent a true underground spirit, not in that it is not associated with a label (for that is meaningless nowadays), but in that its free, wild and personal recordings seem to speak from and to the author himself. The work, in other words, is cryptic and hermetic in the full sense of the word —hermetic in that the meanings and the symbols perused here are shown in an outward, opaque presentation to the listener but are disclosed to the author alone.

Monarch’s Exile, however, only presents a brief picture that does not seem to finish unfolding itself and disappears out of sight when one barely steps into it. Half of the content seems introductory or would give one the impression of being a preparation to the actual material. The last two tracks, furthermore, seem slightly out of touch with the main piece of the work, and they seem to constitute more of an afterthought than a meaningful addition to the present work.

We can only hope that the artists behind Monarch will move forth and present a development of these ideas so reminiscent of the mystic expression that Hieronymus Bosch transmitted through painting. There is great potential in the seed ideas that are only barely articulated in Exile, and where one sees limitation and incompleteness, one may also sense dormant forces awaiting the kiss of life.

Problems With Perennial Philosophy

muhammedhid


I. Admitting biases


Before starting this brief recount of reasons for rejecting some of the aspects of Perennial Philosophy (later ‘Primordial Tradition’), it would only be fair to admit to some of the own biases that affect this judgement. In so doing it will also be useful to point out how this background, and a particular take on them, results in a discrepancy with what I understand to be Perennial Philosophy and what seems apparent from a direct experience and pondering on the general subjects (rather than specific expertise in the contents of The Book of the Dead, for instance).

First of all, my first serious introduction to esoteric studies was through Blavatsky’s The Secret Doctrine, which I grew to respect a lot without necessarily believing everything it asserted —something the author of the work herself constantly stresses is relevant here: she admits to the fallibility of her writings and constantly reminds the reader she is interpreting and re-transmitting what she thought was an ancient set of teachings. This attitude and approach were more valuable to me in this area of intellectual inquiry than any claims to complete validity (which are only marginally supportable in the social sciences —including History).

Secondly, I received a rather brief but effective introduction to the premises of Perennial Philosophy by a scholarly friend who had spent some time studying them and adhered to them. Our conversation was especially effective because we quickly came to the points of contrast between what I had taken (and personally interpreted) from Blavatsky and the views of Perennial Philosophy behind which my friend stood in a more reasonable and conservative stance than my own burgeoning and militant attitude regarding what is and what can be.

Lastly, my foremost reference regarding the idea of a Tradition from the Golden Age and beyond comes from Julius Evola’s Revolt Against the Modern World. Evola is sometimes mentioned by those who adhere to Perennial Philosophy, but he was not himself an adherent in the same way that Alduous Huxley, for instance, was. The degree of compatibility extends to where all agree that there are teachings and practices from so-called pre-historical times that seek to connect human beings with the greater aspects (whether higher or lower) latent in themselves, and through them towards a greater occult reality. Evola himself, it must be said, was strictly discriminatory between what he found as ‘better’ and ‘worse’ approaches to transcendence; and his specific opinions on those matters I respectfully ponder on and pay attention to although I do not necessarily share.

Most recently, my on-going reading of Gwendolyn Taunton’s Primordial Traditions, Vol I. has brought me back to the subject. Taunton made it possible for me to very clearly see what things my own thought shares with Perennial Philosophy and where the great basic points of divergence are. More of a collection of essays in and around the Primordial Tradition (another, more organic, name for Perennial Philosophy), Primordial Traditions, Vol I. presents the reader with a good introduction to the modern form of a Tradition of and for transcendence.

In general, the greatest value of Perennial Philosophy is as a gateway for scholars into a greater reality, which enables us to also peruse their abilities as researchers, thus excavating and re-discovering much knowledge and teachings in a spreading area of subjects. While a subject remains stuck in the ideas of Perennial Philosophy, he will be tied down by civilized, and thus temporal, thought.


II. Blinded by inclusiveness 


The first thing one notices about Perennial Philosophy is that emphasizes the inclusion of all religious ideas, wishing to see beyond the gaping differences between them. The method followed is not difficult to see: cherry-pick the similarities, especially those that align with tolerance and love (because they are nice and marketable), interpret some aspects to match their vision, and simply dismiss discrepancies and the more violent aspects as temporal cultural distortions of the ‘truth’. Now, besides the obvious difference of opinion, I have no problem with the method itself so long as they acknowledge that theirs is a particular interpretation of traditions as per their own premises and even prejudices; but they do not and as good modern scholars, hide behind the facade of academic pretense to attain the closest thing one can get in the ‘modern age of science’ to a kind of supernatural authority.

Whatever Blavatsky did with Theosophy, I never cared much for; I rather followed the wise advice of an older person in holding on to my own ideas while openly exploring and considering new ones insofar as I could learn from them unbound. At the end of the day, the greatest ‘sins’ to modern eyes of both Blavatsky and Evola, are that they outright rejected Judaism as degenerate, though each in their very own and detailed way. When doing so, they both presented specific reasons that were logical and sound, but most would not accept them simply because today’s status quo demands inclusiveness and brainwashes the population into an emotional need for it.

In hindsight, I find Blavatsky’s approach in The Secret Doctrine to be of a more healthily skeptical and having a scientific mentality than the little I’ve read and heard from Perennial Philosophy. This statement may leave some flabbergasted because Perennial Philosophy is the academically accepted account, which to some of us implies something very different than to others; to the majority, the endorsing by at least a certain percentage of academia means there is a degree of ‘objective truth’ in whatever is being endorsed; to others of us, it only signifies that the ideas do not present a direct or drastic threat to the modes of thinking typical of academia grounded in intellectual discourse and tolerance. In other words, academic endorsement in the social sciences is more of a political and emotional marker than anything else.

The most important point of divergence for my own thinking lies in that while Perennial Philosophy asserts that the differences between religions represent the re-discovery of exact same eternal truths through the lenses of individuals in different historical and cultural contexts that distort those teachings, Blavatsky rather posited the idea of a “Secret Doctrine”, which stood since time immemorial and the knowledge of which sipped through the cracks of not-so-hermetic circles of keepers and adherents to take on interpretations and forms that were closer to the truth in different degrees. Basically, where Perennial Philosophy offers a picture of all religions singing Cumbaya in a circle of irrelevant and superficial differences (a similar dismissal of racial differences is advocated by Politically Correct scientists) that ultimately has no bearing upon the ‘inalienable truth that all of them connect to’, Blavatsky talks about religions that got it certain things right and other things wrong, religions that were simply degenerated beyond recognition, and those that maintained a semblance of the original teaching.

One acquainted with Evola’s Revolt Against the Modern World might notice the similarity in at least this admission of religions differing in terms of relations to the truth rather than simply being equally valid yet distinctly reflecting versions and interpretations of it. Where the one emphasizes reality and human fallibility, the other swims in a mystic pool of happy feelings that wishes to grant equal footing to the ‘subjective opinion’ of all religions.

In holding on to a kind of democratic/humanist ideal in mind, the Perennial Philosophers argue for this dream of human-wide brotherhood, even if they do not themselves like democracy or humanism in themselves; the reason for this is that the disease behind them is the same: the unwillingness to see that there is better and worse, even though this leads to the danger of mass prejudices. Modern intellectual types, especially those involved in academia and recognized by society as authorities have a hard time discriminating against certain kinds of characteristics; in today’s world, you can discriminate against political ideas and such, but you should not make differences of race or belief a central subject in anything. Truth and reality in all this is utterly unimportant; thus we distinguish…


III. Not far enough in either direction


Typical of any idea on spirituality that is well-received among circles of academics and well-to-dos, the present ‘Perennial Philosophy’ / ‘Primordial Tradition’ is theoretically one of commitment but mainly one of moderation where the typical social norms of the time are left relatively respected; never mind the more extremist solutions placed forth by those who would act in the plane of the relevant; never mind even those crazy and (oh, the Horror!) of those  shady and less than acceptable connections of Evola.

The desire of Perennial Philosophers to be accepted leads them to put logic aside in place of rationalizations (these two are not the same, for those not paying enough attention). They talk about faith and the necessity of pragmatic asceticism, both of which I would agree in a way, it is not so in the extremist or wholly committed way that would break rightfully and inevitably break this society apart and bring the opportunity of reconstruction. What is more, because Perennial Philosophy is primarily academic and over-intellectual  it is at the same time in a constant fear of not being deemed reasonable enough.

At the end of the day, it is not logical and skeptical enough as to uphold reason completely, nor is it fanatic enough to attain the occult power of the true ascetic. It defends this mediocre stance by stating that art and religion escape logic and reason, and that it thus can only be apprehended but never understood. With this, I might generally agree, but again, they do not go far enough; they do not go far enough to understand that all such divergences in perceptions are the illusion, and that even if they acknowledge it in words they are not actively realizing that all reality is one.

If art and religion have a connection to human reality and emotion, there is also a logical (because structured) explanation to it that does not demean or decrease its power and truth. In reality, everything with an order should be explainable logically; that we cannot explain the next level only points out a present limitation in our capacity and understanding.

 

Arthame Fiendish Symphonies

arthame-flyer-aDark ambient of the type that can fall into categories such as dungeon synth or the more cosmic variety type of spacing out is an interesting companion of black metal that retains the whole atmosphere minus the transcendental aggression of the former. The way texture tends to vary throughout rather constant expanses and the attachment to long and simple but expressive melodies is itself a refinement of the musical spirit of black metal. Arthame’s Fiendish Symphonies, in particular, is a clear attempt to fuse the two together in an obvious acknowledgement of this kinship.

The writing methodology for each song is exactly the same, producing something akin to constant-texture riffs that are entirely adequate for synthesizer. The sounds selected for the synthesizer are not changed and they are kept minimal so as to further enhance the sense of a certain approach. These effects are changed a bit in different tracks depending on the wanted effect, but they always remain in the vicinity so that the artistic voice in the writing is further enhanced and supported by a particular instrumental timber. As an additional touch, there are brief inclusions of rasped vocals in the background of this pensive music.

Given these observations, it is only fair to look at Fiendish Symphonies as distilled black metal; we can hear the sombre and impersonal mood that alludes to night-sky contemplation along with a self-realization away from the mediocrity of the crowd; there is loneliness in this music, and yet, a soft whispering of a serpent perhaps, or of the Earth itself, or is it the Moon itself drawing us towards it? Is it the memory of blood and soil that links us to this planet in different ways? Is it a call to the stars? I am inclined to believe it is all of these, and a shadow-call for us to reconnect with what saw us become human, and what gave rise to our dark beauty that cannot be contained in deterministic models.

Arthame communicates this vision and leaves us wondering of a possible brethren amongst the stars, although we cannot tell if such a cosmic desolation is a premonition of the future of humanity in projections based on an ancestral memory of our more primitive past here on Earth. As a fulfillment of the black metal ideal, Arthame conjoins all of these together beyond rationality, and in individual discernment beyond opposites in a holistic apprehension of reality that is at once intuitive and logical.

Gorgoroth Live in Hilversum ’96

gorgorothlivehilversum96The present is a live presentation by Gorgoroth poorly recorded in 1996 in Hilversum. The six songs contained here are selected from Pentagram and Antichrist, arguably the two best releases by this band, whom soon after lost their touch for obscurity and moved on to raw crudeness without sensitivity and then towards completely sterile technical performance. This is a snapshot of a golden era, of the music even if not the people, in which black metal was magickal, engulfing and sincere in a bare-bones manner.

Many will find the quality of the recording so poor that they will wish to pass on it; many would argue if there is any good reason to listen to such an unclear and distorted recording if one can simply listen to the first two albums, whose production is already raw enough but with a nice, clear sound to go with it. One could simply answer saying that they are two different experiences to appreciate different aspects or to contemplate them from different vantage points.

The decay and death in the sound is so pervasive and overbearing that the recordings are indeed blurred, indeed going beyond conceptions of delightful nekro sound. A good reason, however, to listen to a recording such as this is that it forces the listener to actually listen with all his intent and attention; it is as if the listener had to earn the privilege of the the music. Furthermore, the conditions make it so that the live recording must be listened to in a quiet environment, and it needs concentrated attention.

What ends up happening is that only the overarching gestures, broadest textural changes and structural progressions are reflected in this recording, while the details are certainly obfuscated to a degree that they are rendered out of the question for study. He who would properly peruse and thus appreciate this record it to a full and ecstatic experience need tune in to the motions of the music as if to the rhythms of an ocean’s tide under the ravenous moon.

Barry Cooper Beethoven

barry-cooper-beethovenBarry Cooper proposes in this medium-sized biography to give us a picture of Beethoven through a study of his music as the central theme of the composer’s life. In part, this is an endeavour to correct the many vituperous and fanciful biographies and commentary that became fashion after the middle of the 20th century to denigrate any historical European figure that might pose as a kind of hero; such dirty tactics often employed cryptic Freudian readings and other such magical means of divining colorful thoughts shaped more according to the writers of such nonsense than to what we could, in fact, confirm or see clearly in the object of their decadent trains of thought.

What Cooper shows us is he portrait of a genius of a composer along with all the quirks and vulnerabilities that Beethoven suffered from. We are shown his idealistic ramblings and acts, from a well-meaning but also quite believable point of view. For the music enthusiast, the passion that Cooper transmits along with the copious yet not overbearing amount of technical details and descriptions is more than a delight, it is the concretion of the figure of the composer who gives his life for higher art; and in so doing, someone like Beethoven crafted works that are either immortal, or at least the future benchmark for Western classical music.

An impartial reader might also, however, be drawn to notice the negative effects of such an imbalanced asceticism, which suffered from such neglect on part of Beethoven towards so great portions of his life and being that one might contend whether he was actually a genius or simply an obsessive nerd whose whole ego rested on his musical accomplishment. At least ‘equally great’ composers such as Johann Sebastian Bach (which I am inclined to consider superior as a whole) certainly did not destroy or neglect their lives as a kind of payment; rather, greater artists seem to live a life of nurture and an impulse away from their natural indulgence and sensitivity towards maturity to some extent (see Sibelius, for instance).

Among the things that Groome does not hide from us, is the great emotional immaturity that Beethoven always displayed, and that he at least recognized as a part of himself, thought he may perhaps not have called it immaturity or indeed a completely negative trait. The music of Beethoven is the technical peak of Western European classical tradition in music, and it achieves such a feat by a brutal dedication by the composer who virtually gave his life for such an immortality of name. His dreams aligned with a kind of Masonic worship of the quasi-gnostic Godhead, and an ignorant artist’s dreams of human equality and what not (which superficiality can be observed in his changed dedication of his 3rd Symphony). A great work he left, but a poor example of a life well-lived.