Metal subterráneo para centroamericanos – Primera edición

ejercitoestadositio14_3El género del heavy metal es quizá uno de los más incomprendidos, no sólo por quienes son ajenos a su sentir, pero aun por aquellos devotos que profesan una afición por él.  Nace este a principios de los años setenta con Black Sabbath, que en sus comienzos basaba su estilo sobre un rock pesado y ácido, mas llevaba su realización a un espacio jamás antes explorado por los géneros populares de simple instrumentación.  Se lograba por medio de la guitarra de Iommi inducir trances sobre riffs de frases largas y más interesantes que lo que se oía por ahí entre el rock alocado de la época.  Cuando un Led Zeppelin cantaba sobre picardías sensuales y una que otra referencia esotérica plagiada, Black Sabbath decidió, en su debut oficial, traer al público una escena de horror en sonido sin compromisos.

Si bien la fascinación por el ocultismo del escritor principal de las letras era quizás más pintoresco que profundamente espiritual, al transmitirse símbolos no se puede evitar sino volverse herramienta de quienes los crearon originalmente.  Es por esto que a sabiendas o en ignorancia, mucho de lo que transpira el metal hiede a ocultismo, on inclusive satanismo, en sus formas más crudas y subterráneas.  La mente humana es como un receptor de influencias el cual en la mayoría de las personas se encuentra completamente fuera de su control consciente.  Quien se empapa de una estética musical nacida de la obscuridad, y la logra desarrollar competentemente enfatizando su centro, inevitablemente canalizará las energías y sentimientos correspondientes independientemente de su propio grado de comprensión en lo que concierne a lo espiritual y metafísico.

Reitero mi postura sobre la idea de que la intención consciente poco afecta el poder de los símbolos conceptuales en sí aunque sean usados sin conocer la totalidad de su trasfondo; y que las sucesiones de ondas organizadas producidas y capturadas por la intuición, la cual desconoce a la razón como autoridad, poseen asimismo una conexión intrínseca con algo más elevado.

Excepciones claras son los subgéneros como el glam metal y otros derivados del espíritu orgiástico de Led Zepellin que no comparten la esencia del metal y pertenecen más bien al rock pesado por razón de estética musical y mentalidad artística.  Por otro lado, el sentimiento obscuro que creció por medio de Black Sabbath como un el contar de una historia folclórica (véase ‘The Wizard’ y ‘Beyond the Wall of Sleep’ para un ejemplo claro), se aplicó en lecciones esotéricas en la esfera que origina la cruda mundana violencia en el debut de Metallica y los primeros álbumes de Slayer.

El término correcto para este estilo era speed metal (un desarrollo del NWOBHM con la energía y agresión del hardcore punk), el famoso “thrash metal” sencillamente siendo un término incorrecto nacido a raíz de no poder diferenciarlo del thrash (una evolución del punk que toma técnicas del speed metal, y cuyo nombre no debe llevar el término ‘metal’).  Casi en paralelo surgió un estilo nacido de la misma raíz el cual se regocijaba en el efecto que producía la combinación del ataque y simplicidad de una técnica instrumental punk distorsionada por equipo electrónico.

Veíamos sus inicios en Hellhammer, Venom y el primer Bathory.  Para 1985 teníamos desarrollos en este speed metal diabólico interesantísimos que darían luz más tarde al death y black metal.  Dichas joyas son Bathory The Return…, Possessed Seven Churches y Celtic Frost To Mega Therion.  No podemos decir con certeza que tan conscientes o reales eran los mensajes explícitos para quienes, detrás de estos proyectos, los pronunciaban en palabra y composición. Reitero mi postura sobre la idea de que la intención consciente poco afecta el poder de los símbolos conceptuales en sí aunque sean usados sin conocer la totalidad de su trasfondo; y que las sucesiones de ondas organizadas producidas y capturadas por la intuición, la cual desconoce a la razón como autoridad, poseen asimismo una conexión intrínseca con algo más elevado.

El metal centroamericano no ha sido muy fructífero dadas las condiciones particulares de una pobreza que trasciende lo material.  Sin embargo, existen excepciones a la regla los cuales, quizás como resultado mismo de las dificultades espirituales y culturales, produjeron obras de una calidad artística musical muy por sobre el promedio de obras metal a nivel mundial.  Hay muchos quienes debatirán mi opinión, pero creo poder presentarla de manera que resulte en una experiencia valiosa, tanto para el autor como explorador de ideas, como para el lector que se expone a nuevos puntos de vista.

Es un soldado echado a su suerte en la jungla solamente con sus botas, ropa y un cuchillo de combate.

El primer lugar entre los proyectos centroamericanos lo merece, sin lugar a dudas, Abyssum, de Guatemala, del cual hablaremos por último; le sigue en importancia Horgkomostropus, de Honduras, el cual, si bien no alcanza las alturas espirituales del anterior, muestra un sentido musical y un talento en la composición incipiente de grandioso potencial.  Comenzaremos por mencionar el debut de Delirium, también de Honduras, a manera de ilustrar un importante fenómeno en el metal de la región, del cual su primer obra es destacado representante.


Delirium Delirium

Año de publicación: 1995

La contribución artística más grande del presente álbum es una representación refinada de una variación del heavy metal noventero que pertenece estrictamente a la región geográfica que se extiende desde Guatemala hasta Nicaragua.  Este estilo, el cual podría ser considerado como un desarrollo folclórico, es resultado de un curioso encuentro entre una pasión inextinguible, limitaciones técnicas e ignorancia musical.

Producida por una pobreza de recursos físicos y mentales, la situación se vuelve una clase de selección natural.  Quienes no tienen talento alguno no tienen fórmulas que les digan como armar música, y quienes no tienen el ímpetu y la voluntad que ha de alimentar el alma del arte tampoco logran conseguir el equipo y los instrumentos.  Es un soldado echado a su suerte en la jungla solamente con sus botas, ropa y un cuchillo de combate.  El ingenio se ve forzado a encontrar con tesón un camino; nace así un nuevo estilo que despliega sus colores en el pecho y no se puede falsificar.

Éstas preservan el tono crudo y la expresión que con ceño fruncido despliega el folclórico metal de perro callejero endémico de Centroamérica.

El heavy metal que se nos presenta en Delirium se mueve en líneas rectas y secas, pero despliega mucha creatividad y formalidad en su énfasis en la frase y la melodía como bases para el desarrollo de las canciones.  El resto consiste de simples técnicas de ejecución de guitarra básica del heavy-speed de los ochenta como el de Mercyful Fate, y patrones de percusión funcionales y económicos.  Con estas simples herramientas la mente creativa puede traer a la mesa composiciones sobrias que si bien son austeras también son increíblemente penetrantes.  La clave se encuentra en la textura que crea la repartición de roles entre los instrumentos que da espacio a cada uno de ellos en la manera tradicional mas los vuelve indispensables en su contribución completamente sometida al todo de la composición.

La siguiente selección de canciones hace la más pura muestra del estilo musical pertinente a nuestra discusión.  Éstas preservan el tono crudo y la expresión que con ceño fruncido despliega el folclórico metal de perro callejero endémico de Centroamérica.  Cargan canciones de este tipo el alma y espíritu inconsciente de los cerros y calles ensangrentados por decenas de décadas de violencia indiferente.

Se han escogido como muestras exclusivamente ‘Años de Cizaña’ y ‘Privados de Rostro’ por considerárseles superiores al resto del álbum.

2. Años de cizaña

3. Privados de rostro 


Horgkomostropus Lúgubre Resurrección

horgk1995

Año de publicación: 1995

Horgkomostropus es quizás la expresión más auténtica del death metal en Honduras y Centroamérica.  Consiste su estilo en una derivación minimalista del sonido que superficialmente caracteriza a bandas como Incantation, aunque el parecido realmente es sólo superficial ya que la estrategia de desarrollo estructural es muy distinta, no sólo en su realización específica, sino también en su especie.

La superioridad de sobria composición y paciente estructuración sobre fuegos artificiales de arpeggios y ensaladas emocionales.

Horgkomostropus no sacó, lamentablemente, más que dos “demos”, siendo el segundo de estos realmente un álbum por virtud del peso y seriedad de su contenido.  Lúgubre resurrección se ha de tomar nada más como una premonición de lo que le sigue.  Es su segundo ofrecimiento, Oda al crepúsculo Iscariote, el cual merece la atención y respeto del mundo del metal underground.  Supera esa obra secretamente coronada inclusive a los mexicanos Cenotaph en su Riding our black oceans, aunque pocos sean los que puedan comprender la superioridad de la sobria composición y paciente estructuración del primero sobre los fuegos artificiales de arpeggios y ensaladas emocionales del segundo.

Lúgubre resurrección refleja todavía dependencias sobre las expresiones más burdas del speed metal, progresiones más estándares, así como el abuso de aspavientos de cavernícola más propios del grindcore.

Incantation en Onward to Golgotha (su único álbum que realmente vale la pena, el resto es en su mayoría juego de niños) utiliza el deslice cromático de posiciones sobre el cuello de la guitarra para formar secciones, y luego avanzar de manera sensible y experta sobre una variedad de expresiones muchas veces basadas sobre la misma relación interválica.  El Horgkomostropus maduro del segundo demo tiende a usar una relación interválica especialmente escogida como un motivo musical el cual forma la base de la pieza.  Incantation se desarrolla más sin embargo, aunque el lenguaje de Horgkomostropus pertenezca a una esfera superior de acuerdo a estándares clásicos.

Compartimos a continuación solamente la primera canción de Lúgubre resurrección, ‘Aborto espiritual’, pues el resto de la obra refleja todavía dependencias sobre las expresiones más burdas del speed metal, progresiones más estándares, así como el abuso de aspavientos de cavernícola más propios del grindcore.  En este ejemplo, sin embargo, se deja ver el estilo desarrollado en Oda al crepúsculo Iscariote, sin duda una obra maestra del metal Latinoamericano.  En un tercer paso, la evolución de la música de la banda solamente hubiese sido satisfactoria con la completa adopción de la composición de tipo pseudo sinfónica aplicada a la instrumentación y contexto death metal que se vislumbra en el estilo singular del Horgkomostropus de “Oda”.

  1. Aborto espiritual 

Abyssum Thy Call

abyssum thy callAño de publicación: 1998

Indudablemente una leyenda del underground guatemalteco, Abyssum presenta su álbum debut más de cuatro años después de la composición básica de varias de sus piezas.  Thy Call no es solamente una obra de black metal maduro sino que también depurado.  La música de Abyssum es además, en general, incomparable a la de cualquier otra banda que haya existido en lo que concierne a su metodología musical específica, así como los conceptos metafísicos que yacen en la fuente de su energía.

Se ha de escuchar esta ars musica, esta obra holística, en completa absorción interna, con los oídos atentos, y los ojos tragando luz y sombras.  Escuchándola mientras se mira el bosque hace que el espectador logre ver al bosque respirar, sentírsele expandir y contraer como el todo vivo que es y del cual somos parte.  Contemplando los cielos nocturnos dejamos de verlo como un paisaje, y percibiendo como nunca antes la curvatura de la bóveda celeste, sentimos a través de las capas atmosféricas y tocamos con los ojos el espacio fuera de ella.  Abyssum nos trae consciencia viva del universo más allá de nuestras vidas mundanas, y de todo lo oculto dentro y fuera de él que desconocemos.

Thy Call debe ser escuchado, como toda obra musical digna de respeto, en su totalidad y en el estado mental correcto que no sólo deje abierto el espacio que permita que la comunicación fluya, pero también que logre aventurarse hacia adelante por su cuenta.  Se muestra aquí nada más una pista, ‘Thy call beyond the stars’, pues reúne en ella las distintas caras de Abyssum.

1. Thy call beyond the stars 

Abyssum – Thy Call

Cuando decimos que el metal llegó a su cúspide en 1994, después de una breve época dorada, y que lo que siguió no fue sino un declive clarísimo, esto no significa que no hubo absolutamente nada bueno. Por definición, lo que le sigue a una cúspide es un declive – aunque la decadencia sólo sea aparente debido a la perspectiva. Aún más importante es aclarar que cuando hablamos de esta manera, nos estamos refiriendo a un promedio a través del género, y no señalando a nadie específicamente. Después de todo, tenemos un Summoning publicando su clásico de clásicos en 1996 y más música grandiosa a finales del siglo. En Centroamérica, siempre un paso (o más bien diez o treinta pasos) atrás del resto del mundo como resultado de procesos históricos que podemos identificar, lo poco que su reducida población, recursos y cultura permitieron desarrollar al metal local, floreció entre los últimos cinco años del siglo pasado.

La proporción de completa bazofia a lo que consideraríamos música auténtica es, en mi experiencia, realmente alarmante. Tratar de encontrar algo que no sólo sea auténtico sino que también tenga un nivel de calidad sobresaliente es una labor todavía más extenuante, bordeando en lo imposible. Dadas estas estadísticas desesperanzadoras, no es de sorprenderse que se pueda contar con los dedos de la mano el número de álbumes duraderos provenientes de Centroamérica. Curiosamente, la cuenta exacta de bandas que merezcan algo de atención, cuando organizadas por país, no parece variar con respecto al total. Esto parecería ir en contra del sentido común ya que cualquiera podría esperar que si la probabilidad de que un proyecto prometedor aparezca esté dentro de cierto rango fijo, una cantidad mayor de bandas en total debería asimismo indicar un incremento en la cantidad de música de calidad. Sin embargo, las cifras de Guatemala, Honduras y El Salvador, no parecen ser muy distintas. Aun la escena colosal con recursos muchas veces superiores de Costa Rica parece no poder producir una mayor cantidad de proyectos musicales en el metal, o en la música underground en general. Hasta donde conoce el autor, las únicas dos bandas centroamericanas que merecen ser mencionadas para la posteridad, y no solamente por nostalgia, son los death metaleros Horgkomostropus, de Honduras, y el proyecto black metal Abyssum, de Guatemala.

Constituido entonces por Diatharma Thoron en la percusión y Rex Ebvleb, al mando de las guitarras, voces, sintetizadores y demás, Abyssum publicó dos demos entre 1995 y 1996 que llevaron finalmente a un álbum completo en 1998 bajo el nombre de Thy Call. Aquí, la banda se muestra una fiel seguidora del black metal maduro, que tiene una inclinación fuerte hacia lo que se denomina como ambient, mas no deja atrás sus raíces del metal negro. No se percibe ni un trazo de rock’n roll. De hecho, una vibra oscura muy familiar, característica del ambient tipo “dungeon” o “medieval”, emana de su instrumentación y coloración. En esto constituye la música purificada cuando es llevada a los límites del black metal, pero Abyssum se detiene antes de llegar al punto de dejar el metal, y voluntariamente permanece dentro del círculo de invocación para poder continuar el ritual eterno.

“Cruzaban mil relámpagos el cielo
como rojas culebras deslumbrantes;
todos los vientos en tropel rugían
como las fieras cuando tienen hambre.

Las negras cataratas de los cielos
dieron suelta a sus líquidos raudales,
y los profundos y espumosos ríos
se desbordaron por las anchas márgenes.”

– Juan Ramón Molina, de ‘A un pino’

Como si entrásemos en los dominios del bosque de un antiguo dios de la montaña, el comienzo del álbum nos sitúa entre dos voces de teclados y un par de notas en el piano que llaman nuestra atención a la vibrante simbiosis de vidas entrelazadas, cada una de ellas insignificantes pero, en conjunto, tan majestuosas e infundidas de significado. Luego una simple guitarra acústica nos trae al oído acordes punteados, arpegios que reflejan las armonías de los sintetizadores y melodías en ciclos seguidas de episodios nacidos a través de ellas. Algunos de estos pasajes sirven como puntos de partida para caminos que atraviesan este yermo. No son completos por propia cuenta pero sin ellos la magia de los distintos momentos que les siguen carecería de significación ya que harían falta toda clase de puntos de referencia.

El perfecto balance de mundos paralelos, uno físico, el otro energético y espiritual, se encuentra retratado en Thy Call. La música es llevada al extremo de lo que un metal respetable permitiría en cuanto a repetición, mientras el contenido se mantiene relevante no sólo con respecto al contexto de cada momento y la obra en su totalidad, pero también por medio de una armonía activa, aunque minimalista, que siempre está presente y es guiada por la melodía principal. Ésta es la vida misma manifiesta en la MUSICA indivisible. Su naturaleza no es rítmica, tampoco se basa en el sostener de una sola armonía, y definitivamente no es equivalente a la indulgencia del pop sobre una línea melódica que no tiene más mérito. No es ninguna de estas cosas, mas es todas. La negación de una de ellas implicaría la destrucción inminente del todo. Este es el balance perfecto, el balance de los tres dentro en una sagrada, indivisible, aunque discernible, trinidad de elementos que no podrían ser uno sin los demás.

“Tú eres la catedral de la pesadumbre, donde dioses desconocidos hablan a media voz, en el idioma de los murmullos, prometiendo longevidad a los árboles imponentes, contemporáneos del paraíso, que eran ya decanos cuando las primeras tribus aparecieron y esperan impasibles el hundimiento de los siglos venturosos. Tus vegetales forman sobre la tierra la poderosa familia que no se traiciona nunca. El abrazo que no pueden darse tus ramazones lo llevan las enredaderas y los bejucos, y eres solidaria hasta en el dolor de la hoja que cae. Tus multísonas voces forman un solo eco al llorar por los troncos que se desploman, y en cada brecha los nuevos gérmenes apresuran sus gestaciones. Tú tienes las adustez de la fuerza cósmica y encarnas un misterio de la creación.”

–José Eustacio Rivera, La Vorágine

Penetrando este mundo de ensueño al que se llega atravesando un portal erigido por ésta entidad musical, descubrimos escenas repletas de exuberante vegetación entre pigmentos otoñales que desbordan con melancolía. Aquí y allá vemos animales correr en una dirección u otra – una guitarra eléctrica acompañada de percusión irrumpe la calma, declamando en alaridos que resquebrajan el correr del viento silbante. Adentrándonos en el recorrido, finalmente nos encontramos de frente con el señor reinante: una criatura antigua y poderosa, coronada con hoja, musgo y flor. Gritos punzantes sobrevuelan entre pasajes de presurosas melodías que se complementan con arreglos de percusión inspirados en el estilo magistral de Emperor.

Esta atmósfera envuelve a quien se descubre frente a su presencia, estremeciéndolo bajo su mirar. Después de un instante cuando la muerte parece inevitable y vistas del infinito innombrable se develan, la calma vuelve, dejando pasar toda noción de peligro fuera del recuerdo. Asimismo se retira el anfitrión, penetrando la densa flora circundante. De guitarras eléctricas a guitarras acústicas, de patrones espesos de percusión a silencio, de armonías plenas al silbido del viento, todos llegan a restaurar la paz en singular impermanencia, creando una existencia ininterrumpida mientras mueren y reencarnan.

A Recount of Transmutations – SEPTEMBER MMXVI entry

hv-ojo-rutilanteDifferent people listen to music , watch movies or look at paintings with different attitudes, perceiving different things based on a variety of conditions and outlooks.  Some specialize in or are drawn towards one more than the others, and approach the message codified therein either through sentiment or technical study, and in some rare cases, using both in a unified method.  This is usually termed an appreciation of art, and most people who consider themselves serious in such an endeavour see each distinct art form as a separate medium.  Each of them expresses human concerns over situations in what is believed to be fantastic depictions that seek to relieve one from the burden of reality by escapism or a direct confrontation of the crisis-causing affair.  This is the overruling view upheld by the school of thought that confuses its materialism and underhand cynicism for “rationalism”.

The esoterist extends the previous approach to everything he can and may perceive, not only works of art.  And rather than limiting his interpretation to a consequence of homo sapien’s “imperfections”, chooses to follow the path deeper and further by taking perceptions as flashes of cosmic truths through the filter of our senses.  In doing so, the aforementioned limitations of our species  are not ignored or overlooked, and instead, there is a conscious choice of looking at the proverbial glass as half-full.  This is simply the choosing of the path that maximizes the raw power latent in sensations and the mind over the self-pity of those mentally tormented by what they cannot comprehend.  It consists of hurling oneself onto the arms of the mystery, leaving behind the fear that makes hearts cling to the thin thread of what they can know for certain.

“knowing almost everything about almost nothing”

The intention of the writer is to bear testimony to the transmuting effect transcendental works of the ars musica can have over the soul.  That said influence cannot have taken place over a period of time long enough to perform radical changes in the psyche is something the author is willing to admit as a possibility given the incontestably recent publication dates of the works in question.  What he will not yield, however, is his knowledge of the inner transformations to which these works have been incontrovertible, though perhaps not indispensable, accessories, no matter how limiting the reader deems the relatively short exposition period to be for possible developments.

These were holistic works of art of the highest order, and no manner of reduction was here possible without entirely losing sight of their identity.

None of these works belonged, at the time of their initial reception, to the sphere of styles at the very center of the author’s heart.  And so, there was little emotional enticing in the way of an outright hook, and instead, it was the perceived mystery of musics which appeared to contain much more than was at first apparent which lured him in.  It was, in a most confusing manner, at once obvious and elusive.  Technical analysis revealed much, indeed, and yet too little.  For where in most cases a detailed and sensitive application of theory that gives aural effects in context their due in a station of great import may tell us what is incumbent upon us to know in order to contemplate them as they are, the works under discussion eluded all such attempts and little information came from them that accounted for anything reasonably.

These were holistic works of art of the highest order, and no manner of reduction was here possible without entirely losing sight of their identity.  The only possible answer, then, seemed to be to open the doors of intuition ajar, allowing the senses to be flooded and the imagination run amok, so that the music itself would take one wherever it would.  As this is a testament to their influence over the author, the reader is advised to take all remarks regarding these works with a pinch of salt, understanding that while the comment bears a strong relation to its object, much of it may be the unique growth in the writer’s mind of a seed planted by the artist.


Cóndor’s Nadia
Condor NadiaYear: 2013

In Nadia we find a melancholic romanticist aura uniting with the decisive purposefulness of the classic heavy metal riff applied through death metal technique.  It unites the European day-dreaming of the 19th century with the rugged realism that the American colonizer faced decades after the independence still.  Cóndor shows us one possible take on the Latin-American foundation story in which some may see themselves as heirs to Conquistadors and early European settlers.

The music is a slow enchantment, the picture is dark yet hopeful, the author’s personal experience with the work is one of slowly falling in love, and doing so time and again in different ways when the music is caught again in a different angle.  Nadia is a tale of will cutting across desperation and confusion as an immense and unknown land is braved.  A wondrous and strange land in which the initial search for glory turns to inner search and the eventual definition of a different weltanschauung, as a foreign race and its original culture react with a new land and conditions to give birth to a new people: the grandchildren of Latin Europe.

The intent of Cóndor’s Nadia is to recognize in European heritage transformed by the vicissitudes of America the real ethnic foundation for modern Latin-American individuals of predominantly Iberian ethnic origin.

What this unexpected Colombian masterpiece transmits is a sensing of the concrete possibility of achieving group identity as Latin-Americans with a certain ethnic background.  The importance of this message may be easily brushed aside given a predominant anti-colonial and nationalist1 indoctrination, which in unintended conflation with the subreptitious concepts of Cultural Marxism, leaves room only for extreme individualism and condemns one to entrapment within the animalistic cycle of survival and pleasure2.  We are taught we are “Latinamericans”3, as opposed to the Spaniards who butchered “us, innocent and pacifist peoples of America”.  It is easily ignored that many of us have more in common, by way of cultural and ethnic inheritance, with said conquerors than with most long-dead, or in the process of dying, aboriginal groups.

The intention is not to belittle the true American aboriginal groups that survive, and it is the belief of the writer that these have an ordained right (that is, not a legal right, but an inherent volition to be heeded) to self-sufficiency and actual free will.  It is, however, important to distinguish that multiculturalism is by no means a true identity, and that group identity is an important element for beings deeply rooted in social behavior, such as humans undoubtedly are.  So, while colonialism and imperialism are to blame for the resulting mess, each pocket should be quick to recognize its origin and nature as resulting from region-specific situations.

The realist who seeks answers to questions of origin in natural roots and our relation to the universe will understand that no manner of superficial social engineering can sever ages-old spiritual and genetic ties.

The present work is by and for those Latin-Americans that are precisely what the etymology of the compound term implies: Latin blood on American soil.  Where Latin refers to the European countries who speak languages directly descended from that of the Romans, and American refers to the true meaning of the word indicating the whole of the American continent.  The intent of Cóndor’s Nadia is not to tout those who fit the bill as Europeans, but to recognize in European heritage transformed by the vicissitudes of America the real ethnic foundation for modern Latin-American individuals of predominantly Iberian ethnic origin.

The answer to be found here is that countless ladinos who find no answer to the question of true belonging can look for one in their customs and traditions as they are, and not the folkloric fantasy concocted by post-independence oligarchs or the sorry remnants of leftist ideals.  Until now, most of them wallow in inner spiritual decadence patched up by inadequate monotheism, or crying with arms wide open for Utopian socialism to summon God the proverbial protestant father incarnate in Big Brother government to blame for their problems and magically provide immediate solutions.  The realist who seeks answers to questions of origin in natural roots and our relation to the universe will understand that no manner of superficial social engineering can sever ages-old spiritual and genetic ties.


1 “Nationalism” in its most materialist sense; that is, promoting allegiance to a government that does not seek the ultimate welfare of a people, and instead function as vampiric overlords of an alienated population.  In a particular Central American country the ruling class is predominantly of Arab and Jewish origin, identifying as such while finding their official status as “Latinamericans” as incidental though heart-warming.
2 The alternate is that which posits the divine and the transcendental as a center.  This is a path in which life is lived for more than its own sake. The individual can then see himself as part of a whole and something greater than himself, thereby reaching out and achieving true fulfillment that is beyond any materialist conception.
3 Which in formerly Anglo-Saxon America radically degenerates into an entirely fictitious (like most cultural and historical concepts at the center of their fancies) ethnic group called “Latinos”. To give the reader a hint of the degree of misrepresentation, an aboriginal tribe member from deep in the Amazon is as much a “Latino” as a pure descendant of African slaves born in Rio de Janeiro, or Italian immigrants born in Buenos Aires. In that sense, “Latinos” is even far more nonsensical than the self-appointed misnomer “Americans”, by which U.S. residents is meant.


Abyssum’s Cum Foeda Sanie Ex Ore cover

Year: 2014

The author’s personal, inner spiritual relation to the music of Abyssum specifically, and the work of Rex Ebvleb in general, is beyond any words which can be summoned up and impressed upon these characters.  Useless will be any attempt to transmit the intense sensation of simultaneous challenge in dread and contradictory empowerment in experiencing a first-hand emotional perception of a vast multi-dimensional universe entirely out of control and conception by common simian beings. Only a few are privy to this great vision.  The reason for this is that the core of it is an enigma at the base of humankind’s relation to the cosmos, which one either knows since birth, or one is completely unable to see even if told about it.

This is transcendental elitism in its purest sense.

Although acquaintance with Cum Foeda Sanie Ex Ore extends only one year and a half into the past, the contours of the obscure ideas it depicts in wave and word were at the heart of the author’s suspicions, buried under layers of suppression and indoctrination which took decades of inner upheaval to peel off.  In hindsight, it must be realized that our crossing of paths with Abyssum when we did was not, nay, could not be, an incidental occurrence. The timing was too perfect, the coincidence of a necessity for a next hint and the matching teaching leading down the path towards herein found too fortuitous.  As if answering the summons of my eager mind at a time when a sense of a new direction was utterly needed, not from confused helplessness, but from a natural intimation following a final sundering of chains.

A first encounter with Abyssum happened through its only publicly available work on the Internet, Thy Call.  This was not a band I had been aware of for a long time which suddenly seemed to appeal to me.  Rather, it contained puzzling pictures of obscure vastness and depth that did not match the author’s standards but defied any sort of direct rational attack. This elicited special and focused attention, which found more yet grasped little.  It slowly became a source of healthy obsession, the kind that breathes new life into a seeking spirit battling through and against the mundane with no lighthouse or guiding star.  The only way to portray a semblance of the impressions of my overwhelmed senses became at once a personal exploration and meditation, and a misplaced duty to sing of its glory to those who did not know about it.

For it can be discovered that Abyssum’s music is unique, both in realization and in nature, though only a direct witnesses to its manifestation can prove that to himself.

The author’s calls were repeatedly answered and an unexpected helping hand appeared, which not only provided invaluable advise but also yielded information which led to the creator behind the music.  Responsive to worthy and responsive souls, the author would like to believe, a chance was was granted to delve into Cum Foeda Sanie Ex Ore.  The total work of Abyssum brings forth a vision of the cosmos as a dark and morally-neutral place that is fascinating for worthy minds willing to brave its dangerous confines beyond the limits of the illusion of mortality and petty social constructs.  This is transcendental elitism in its purest sense.

In this MMXIV edition of old compositions brought forth in new form, Abyssum is shown stronger than ever, ever evolving and heaving with a vibrant energy one usually sees only in the untamed genius of a few young projects.  A brief yet necessarily incomplete description of the music could be given as subtle layers of keyboard melodies, supported by tremolo-picked torrents of simple root-note-carrying distorted guitars, and underscored by destructive drum patterns.  If the author’s hand were forced to draw a musical comparison, he would, in this moment, say that Cum Foeda Sanie Ex Ore unites the technique of Emperor’s In the Nightside Eclipse with the progressive atmospheric buildup and overarching story-curve of Burzum’s Hvis Lyset Tar Oss.  The comment would be useful, but entirely mistaken and misleading.  For it can be discovered that Abyssum’s music is unique, both in realization and in nature, though only a direct witnesses to its manifestation can prove that to himself.

What makes Abyssum’s music difficult to handle for most people is that it allows for no middle ground and no half-measures, a full and holistic picture must be at least glimpsed, otherwise all is for naught, and this musica will pass by unnoticed as the dark shade it is. The answer to this is plain and simple, yet complex and beyond the grasp of most: this is not just music, it is the channeling of essences into sonic form.  Let him who hath understanding reckon the truth of these words.  Here lies not an argument for the changing of logical minds, but a recount of the existence of other worlds which can be seen through the eye of Darkness, a written testimony for other worthy and seeking spirits.

Graznar a Estigia The Brinepit of Eternity

The Brinepit of EternityAlza su rostro entre la penumbra Graznar a Estigia exponiendo facciones que delatan la herencia crepuscular de Burzum.  Mas aunque las notamos en rasgos particulares en este u otro ángulo, un momento de contemplación nos revela los marcos sobre las que están puestas.  Los largos trazos se extienden, definiendo los contornos decididamente distintos a sus precursores, si bien no se logra adquirir una personalidad única.  Así como en Hvis Lyset Tar Oss vemos la elaboración de una historia con narrativa clara y tangible desarrollarse a lo largo del álbum y a su manera dentro de cada canción como capítulos en él, y en Thy Call podemos apreciar un paisaje como tapiz de rico bordado que mágicamente  se desdobla al nosotros deslizar la vista sobre él, The Brinepit of Eternity (La Poza de Salmuera de la Eternidad) constituye una runa de poder vibrante que muestra una cara e idea de frente la cual encierra distintas experiencias relacionadas.

Dicho signo esotérico se presenta al oyente cuidadosamente desdoblado de distintas maneras, como si el autor tuviese las distintas llaves que descubren sus capas y develan sus caras.  Las cuatro composiciones de The Brinepit of Eternity están basadas sobre motivos musicales cercanos, reflejando en lo musical el concepto.  Las primeras dos exponen las primeras visiones exeáticas como premoniciones del final de una ronda mortal, y se muestran más cercanas entre sí que a las demás.  Sus músicas, la primera una tormenta que conmociona al cielo entero siendo contemplada a través de apacibles ojos, la segunda una fundición y transformación de la imagen natural en sus aspectos ocultos, encaminan a la mente sobre la senda.

El clímax del álbum llega en su tercera pista, la cual musicalmente expresa el desbordar de la tensión de las anteriores dos.  Su ritmo mece, y su movimiento melódico es sencillo, relajándose sobre acordes de los cuales forma parte como nota soprano, mientras su bajo es pausado y potente, emulando así  su conjunción la voz1 del maestro Vikernes.  Entre pausas en la percusión y apagados alaridos sin palabras, se crean espacios que traen, pasada su mitad, un reencauce ligeramente acelerado hacia un breve promontorio.  Emparejando las observaciones con su proyección literaria, comprendemos esto como el nefasto fluir de los negros torrentes que delimitan la burda existencia.  Es este arrullador y acogedor, sin más destino que la desintegración de almas sin despertar, cuyas individualidades pasajeras caerán en el olvido eterno.

Por último tenemos un epílogo cósmico y espiritual en un exhausto pero decidido arrastrar y empujar que en ciertos momentos, como el primer riff principal, recuerda al Graveland de Fudali en sus mejores momentos.  Tanto la palabra como el sonido se vuelve aquí más difícil de racionalizar, y elusivo de presentir, pues recuenta de espacios inmortales de los cuales ecos distorsionados son las únicas pistas recibidas aquí.  Interpretamos esto, entonces, como la razón de  elaborar la composición de una manera más tradicional, volviendo a lo más inteligible, lo más potente, por ende lo más pleno y rico para la mente humana.  El tronar de percusión parecida a los tímpanos de una orquesta clásica le agrega un carácter decisivo y propio de un final elegante como imponente.

La organización en cuatro pistas de mediano tamaño resulta apropiado, satisfactorio y simbólico.  La textura musical permanece uniforme, así como el estilo de sus expresiones que solamente adoptan esta u otra particularidad como requiere la situación.  Los énfasis y cambios son delicados así como sensibles, sin permitir que ningún aspecto se salga fuera de control, mas sin embargo tampoco amarrando al sentimiento y a la expresión.  La presente obra es mínima por elección, y en su austeridad logra una efectividad increíble, sin desperdicio alguno, elaborando el pequeño material básico hasta su límite en arreglos creativos.  No se esparce como neblina delgada sobre una vasta extensión como lo hace Abyssum, ni produce motivos2 que en matemática permutación desenrollen los simplificados planos de laberintos subterráneos bajo una catedral a manos de Horgkomostropus, mas constituye The Brinepit of Eternity una lección en composición metal con una atención al detalle y su significación que es, hasta el momento, única y sin rival en su realización en Centroamérica.

MMXVI Anno Bastardii


1Voz musical, no la voz literal de una persona.

2Motivo musical, “una breve figura melódica o rítmica, de diseño característico, que ocurre una y otra vez en una composición o sección, como elemento unificador.”

Cóndor Sangreal

sangreal1

Nos sorprende CÓNDOR en su última obra, Sangreal, no con una, sino múltiples direcciones musicales.  Constituyendo Duin una clara formalización del hallazgo que fue Nadia, se podía esperar que los siguientes pasos debían realizar una extensión y exploración a partir de esa personalidad musical que recién se volvía consciente de sí misma.  A pesar de la apariencia tradicional que proyectaba su música, el resultado final ha sido único tanto en su definido carácter dictado por predilecciones consistentes melódicas como en la metodología por medio de la cual verdaderas composiciones han tomado forma a partir de potentes riffs y embriagantes tonadas.

Sangreal rompe con los esquemas anteriores sin dejar de ser CÓNDOR del todo, aunque se perciba una cierta alienación que va un poco más allá de los límites que se deben preservar en un sondeo cauteloso de las posibilidades de avance.  Dicho entusiasmo tiene su origen práctico en la creciente contribución de material por parte de más miembros de la banda y la inclusión de un tercer guitarrista.  Esto tiene como implicación inmediata que el centro se vuelva más difuso que cuando había un control más dictatorial y unánime.  El efecto descrito podía apreciarse ya en Duin, en donde las últimas dos pistas evidentemente marcan un desvío de la senda que suele andar CÓNDOR.

Para quienes teníamos las más optimistas expectativas en Sangreal, se esperaba una convergencia de la totalidad del trabajo anterior de una banda en crecimiento hacia un punto singular, y de ahí su elaboración que definiera el carácter del nuevo álbum.  La evolución debía en el tercer paso dar con el azufre alquímico, habiendo acaecido ya la sucesión de sal a mercurio.  La primer pista del álbum logra exactamente el aguardado desenlace, haciendo uso natural de los sonidos dulcemente estructurados en la obra orgánica que es Nadia y filtrándolos a través del rigor analítico de Duin.

Sin embargo, no encontramos aquí una amalgama barata que encapsule partes que suenen como el uno y como el otro, dejándonos sencillamente  con crudas yuxtaposiciones.  Es más bien precisamente la voz pura y madura de CÓNDOR la que finalmente se asoma, reduciendo las incursiones anteriores a vocablos que se manejan ahora con elocuente entereza, resultando en una magnífica composición de dimensiones y detalles verdaderamente sinfónicos.  Adquiere Sangreal, la pieza, fácilmente su justo lugar en el pináculo del legado de CÓNDOR como su propia Close to the Edge.

No es difícil imaginarse la posición en la que se encontraron los jóvenes al haber logrado semejante hazaña.  ¿Deberían seguir aplicando el mismo método para desplegar y llevar hasta sus límites de aplicabilidad su recién desarrollada voz? O, ¿sería mejor, acaso, dedicarle al resto del álbum todas las ideas nuevas que la banda tenía sobre posibles manifestaciones de su espíritu romántico y campestre?  Para bien o para mal, fue la segunda de las dos opciones la que resultó en una paquete que contiene ambos, la composición más excelente grabada por CÓNDOR hasta la fecha, así como el material más extraño, ajeno a la voz de la banda e indulgente al borde del desastre.

Mas en medio de estos dos extremos se encuentran las obras más únicas de la banda, ejemplares encantadores aportando una liviana frescura que se encarga de distraer nuestras mentes de los deslizes más lamentables de Sangreal.  Son tales bendiciones Se Extienden las Sombras y Outremer, las cuales hacen un uso de las voces de las guitarras que se asemeja en ciertas partes a ligeros arreglos corales, para luego progresar, melodioso y cambiante, aunque seguro, típico del CÓNDOR en su aspecto más soñador, ardiente y determinado.  Culmina este flujo dichoso en la maravillosa canción para guitarras acústicas y coro de hombres titulada Sainte Terre,  en donde escuchamos el inconfundible timbre de Sudamérica.  Viejo Jabalí contrasta un poco con sus alrededores, y podría decirse que no estaría fuera de lugar en Duin.  De hecho, este autor se aventura a decir que en esta pista escuchamos el refinamiento del estilo de ese segundo álbum.

Es posible que los mismos miembros de la banda estén al menos inconscientemente al tanto de todo esto, pues el orden de las pistas en el álbum refleja cercanamente las observaciones que se han hecho aquí.  Nos dan la canción titular, Sangreal, justo al principio, seguida por la intercalación del CÓNDOR dulce con el Duin mejorado.  Luego se amortigua el golpe que invisible se aproxima con el encantamiento de la canción casi folclórica.  El Árbol de la Muerte se muestra como una banda queriendo ser CÓNDOR, tratando de aplicar modos melódicos más propicios para un metal alternativo que para el doom death suspirante en un momento, y luego aspirante al siguiente.  Se compensa este elemento extraño con el ímpetu eminentemente progresivo del presente álbum.  Culminan estos momentos agridulces con Roncesvalles, una pieza con altos interesantes y bajos dolorosos, y casi redimida por una estructuración indudablemente exquisita.


Maldije que tanta belleza se olvidara
entre las canciones de los hombres.
Teníamos que taparnos los oídos,
como quien cierra una herida.

¡Qué ingeniosos y hábiles tuvieron que ser los dioses para engañarnos!
Rápidos, estrepitosos y furtivos,
hablando siempre en su lengua extraña.
¡Qué incierta era su música, qué incierto su desconsuelo!
¿Cómo fue que nos engañaron y olvidaron su presencia?