Horgkomostropus Oda al Crepúsculo Iscariote

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horgko-oda-mmxviPara quien escucha esta obra por primera vez puede resultarle su carácter y sonido como diabólico y cavernoso.  Ambas palabras son representantes de ideas que en cierto aspecto son complementarias.  Tienen raíz en la intención de las mentes creadoras, si, pero también se les puede encontrar plasmadas en el mármol de las frecuencias que sirven de materia prima al tallador etéreo.  Están atenuadas las cualidades de las guitarras y percusión que podrían resultar punzantes, realzando así las frecuencias anchas y ondulantes más cercanas al precipicio que al cielo.  Dicho énfasis se da tanto en la cuidadosa manipulación de la producción y captura de sonidos en el estudio, como en la composición misma que ya de por sí muestra preferencia por las posiciones en los primeros trastes de la guitarra.

La interpretación vocal invoca a dos distintas personalidades. La dominante trae a la mente la imagen de una entidad monstruosa, y cuyo sonido aseméjase al retumbar de las cuevas laberínticas que ha de habitar ese ser.  La otra es un grito de angustia y desesperación de alguien que pudo haber sido humano en algún pasado olvidado, pero de quien queda sólo un alma corroída y leprosa.  Como voces comparten la misma reserva sobria las poderosas guitarras que se sitúan al centro de la obra.  Cada una tiene su lugar y aparecen como aspectos musicales cuando es necesario y propicio para el todo, convirtiéndose así en discípulos infernales inadvertidos de la musicalidad celestial de Johann Sebastian Bach.

La cualidad que resalta en la composición de Oda al Crepúsculo Iscariote es la paciencia.  Una paciencia que da espacio al crecimiento, a una elaboración narrativa, y asegura el desarrollo de un organismo proporcionado.  Tómase su tiempo HORGKOMOSTROPUS como hiedra que crece y hace su habitación sobre edificaciones robustas que otros han olvidado o que pasan sin reparo alguno.  Se muestra también en el espaciamiento que se le permite a las voces y a la percusión, enfatizando melodías sencillas y de largas notas, permitiéndoseles adquirir el aspecto de vociferaciones arrancadas en su travesía por espeluncas malditas.  Mas tórnase jamás su paso dignificado en letárgico arrastrar, y la presurosa sensación que infunde no se aleja del corazón testigo aun en los tempos más pausados.

Avanzan estas composiciones por medio de un desarrollo estructural en el sentido clásico.  Hacen uso de las fortalezas endémicas al death metal como género, de manera que no se sobrecargan de tecnicismos floreados ninguna de las partes, dejando que la riqueza del lenguaje y la forma hablen por sí mismos.  Los arreglos de percusión son merecedores asimismo de alabanza por demostrar que la batería de los géneros obscuros puede ser elevada a una herramienta consagrada al arte holístico.  No llenan estos solamente delineaciones y medidas que son base y contraparte de los instrumentos de cuerda, sino que además de cumplir la labor importantísima de la percusión en un death metal refinado de modular la intensidad en una dimensión distinta al tempo y al volumen, contribuye detalles en variaciones que extienden la composición coherentemente y sin divagaciones.

Oda al Crepúsculo Iscariote es encarnada blasfemia dentro del contexto de las tradiciones Judeo-Cristianas, pero en lugar de ser mera burla y disfraz, muéstrase como espiritualidad en rebelión abierta.  Su belleza literaria radica en la implementación de vocablos y conceptos claramente inspirados en las escrituras sagradas correspondientes, resultando en deliciosa inversión que las arrastra por el fango y las mancilla con las heces de bestias.  Le otorga esto a la obra una autoridad ecuménica que ensancha y alimenta la potencia de su promulgación.  Mas no constituye ya en nuestros tiempos plagados de ateísmo y apatía espiritual una blasfemia real esta clase de afronta, y su valor es más bien el de un esoterismo alimentado por la obscuridad que requiere del candidato una disposición singular.  Es quien posee la fe de un alma leprosa, es decir, el voluntarioso ser transmutado fuera de todo posible reconocimiento por los profanos como humano, quien es el ser único digno de acceso a los sombríos misterios internos.


 

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