Froylán Turcios El Vampiro

froylanturcios1Los autores centroamericanos no son demasiado conocidos fuera de los círculos de quienes estudian literatura latinoamericana o hispana directamente.  La razones son azarosas y fuera del control humano en la mayoría de los casos.  En el caso de Froylán Turcios, lo poco que llega de él a oídos de quienes no hablan español pasa por un filtro de propaganda gringa que lo pinta como un escritor de literatura cruel y sangrienta con una implicación tácita de que es un individuo indeseable básicamente por haberse opuesto a los intereses imperialistas de los tiranos del norte.  Aún dentro de Honduras misma, escuchamos su nombre ser mencionado, pero su obra no forma parte de ningún pensum obligatorio.  En lugar de leer a un grande centroamericano se nos hace pasar por la pocilga del colombiano Gabriel García Márquez y su vulgar discípula, la chilena Isabel Allende.

La prosa de Froylán Turcios es un vaivén como de marea entre vuelos poéticos exaltados y una sobriedad elegante que marcan el estilo Latinoamericano de una manera que el autor mismo no ha visto manifestada de la misma forma en la española o la inglesa, por ejemplo.  Quizás una excepción sea la obra del genio Joseph Conrad, quien asumo, debe mucho de su idiosincrasia a su herencia polaca.  Todo esto, sin embargo, es sólo especulación. Muestra la misma dinámica José Eustasio Rivera en La Vorágine de una manera más extrema en ambas direcciones, siendo ambos más dramático por un lado y más seco por el otro que Froylán Turcios, quien se mantiene más uniforme y sutil.

Corren a través de El Vampiro tres líneas centrales separadas.  La primera y la más obvia es la supernatural o acaso super psíquica subrayada por el título mismo.  La segunda es la relación amorosa que se desarrolla una manera un poco empalagosa pero tolerable entre el personaje principal y su querida.  La tercera es el tema que se discute de manera más abstracta y menos ilustrativa y el cual atañe al arte clásico y al arte como una elevación del espíritu humano.  Junto con su gran amigo, el poeta Juan Ramón Molina, Froylán Turcios es en esencia un romántico batallando contra la marea de la esterilidad del modernismo1.

Lleva sobre sus hombros el peso y labor de llevarnos a lo largo de una cronología, el tema del crecimiento del personaje principal, su transformación en un adulto joven de familia aristocrática y el amor que nace y crece entre el y la bella Luz.  Esta es la más detallada y sólo se vuelve un poco redundante después de la mitad del libro cuando el clímax del amor trascendental en la consumación y entrega espiritual se lleva a cabo y se verbaliza entre los amantes.  Después de esto la historia deambula y esperamos en vano a que la alusión más grande en el título se materialize de una manera u otra.  Lo peor de todo es que entre más se espera, más se espera, pues la elegancia de Froylán Turcios y el misterio que siempre parece guardar parece prometer mucho.

Le habla al idealista y al romántico clasicista las menciones ocasionales pero largas y enfáticas que hace Froylán Turcios a la importancia y naturaleza del arte, el artista y la ciudad de arte clásico a través de la voz del personaje principal.  Exalta la belleza de La Antigua (uno descifra con el tiempo que se refiere a La Antigua Ciudad de Guatemala), y lamenta su desahucio a manos de agentes de la industrialización, la cual llega varias décadas retrasada a Centroamérica (afortunadamente).  Emprende vuelos en los que la historia misma se vuelve solamente un fondo sin importancia y se habla de la trascendencia del arte, del poder casi divino sobre la realidad que maneja el artista verdadero.

La decepción más grande de El Vampiro es que el hilo que debería ser el preponderante no es solamente marginal a lo largo del transcurso de la historia, sino que jamás amonta a más que una referencia superficial poética.  Donde por momentos vemos vagas referencias a una familiaridad con símbolos masónicos (particularmente en un episodio donde el personaje principal en su infancia espía los contenidos de un cuarto secreto a través del ojo de la llave), se nos deja, a quienes tenemos un interés más enfático por estos temas etéreos, deseando que se hubiera ahondado más en el tema.  ¿Será que, acaso, decidió mejor no revelar más de lo que debía?

Visto de una manera simbólica, los tres niveles o regiones de la historia pueden representar, como un todo, la experiencia humana misma.  El más obvio es el de el crecimiento del personaje principal, el desarrollo de sus relaciones personales y sus opiniones acerca del mundo.  En un plano intelectual idealista tenemos las discusiones acerca de arte y significado.  La sombra de lo oculto, del lado de la naturaleza que jamás entenderemos de manera racional y analítica del todo, en la coquetería con lo supernatural de El Vampiro.


1 Es curioso que se haya dicho entonces de Molina que de no haber muerto tan joven hubiera sido nombrado el padre de modernismo en lugar del nicaragüense Ruben Darío.

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