La Ilusión de la Sociedad Secular

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I. Religión, espiritualidad y materialismo


Hoy en día, nos parece normal hablar de la separación del estado y la religión, pues es bastante obvio para cualquiera que los ve, que son cosas separadas. Sin embargo, no siempre fue así, y no porque estuvieran arbitrariamente unidos de una manera inadecuada, pero porque hubo un tiempo en que los líderes de grupos humanos fungían como un centro racional y moral, que no eran sacerdotes per se, pero idealmente si ejemplos de rectitud y fortaleza unitaria. Con el paso del tiempo, migraciones y mezclas culturales ocurrieron, cambios de vista, todo fue cambiando. En cierto momento se percibió una separación de las cualidades y se admitió que algunos eran más aptos para la acción y otros más sensibles y receptivos a la contemplación. Así comenzó la disolución del hombre completo.

Una vez que tenemos un compartimiento separado para algo llamado “religión”, a la cual nombramos como una parte de nuestras vidas nada más y no como la vida misma, ésta se vuelve sujeta a cambios caprichosos de opinión y excusas. Se le puede poner a un lado pues es solamente un tipo de código que existe ahí para hacerte sentir mejor o darle un centro a la vida de la manera que a uno se le antoje. La llamada espiritualidad tipo New Age no es muy distinta, aunque quienes se adhieran a ella pregonen algo muy distinto. Los que luchan por llevar una vida honestamente apegada a sus creencias “religiosas” son llamados “fundamentalistas” con un aire de disgusto. Pero quienes los llaman de esta manera mientras conservan sus propias ideas “moderadas” no son sino acólitos del templo del materialismo.

El ser materialista hoy en día es fácilmente confundido con ser “realista”. Siendo éstas son dos cosas muy distintas, es difícil hacer que el vulgo lo entienda, o que el que quiera entender otra cosa, preste atención. Al final solamente aprendemos cuando queremos y con mucho esfuerzo. Somos maestros del arte de engañarnos a nosotros mismos.

Al estar separada la religión de la vida moderna y de preferirse una vida libre de moralidad, o de una moralidad basada en sentimientos superfluos, surge una sociedad secular. El engaño está en que no es posible para el humano no creer en algo, aunque esto no sea llamado “supernatural”. La confianza siempre ha de ser puesta en algo, aun si esto fuese nada más, por ejemplo, una fé personal en la bondad humana. Se ha creído firmemente que al barrer símbolos y demás tradiciones nos hemos desecho asimismo de supersticiones y de el lado obscuro de la humanidad. La única diferencia es que se cambian un tipo de supersticiones clásicas y supernaturales por nuevas basadas en propaganda política, indoctrinación escolar y pseudo ciencia (aún cuando viene de entidades “oficiales”).


II. Daemonus ex machina


Es importante aclarar que el presente artículo no es una apología de la religión, sino más bien una observación de la ilusión y el engaño escondido detrás de la creencia que al cambiar las palabras que usamos o ignorar las sombras de la mente individual y colectiva estamos de alguna manera corrigiendo un problema. El tornar ojos ciegos a los problemas que el lado sensible y espiritual considera no hace que estos se retiren, pues no fueron causados por los sistemas que hablan de ellos.

Si bien es cierto que ciertas religiones se desarrollaron de manera militante y promueven un desarrollo torcido dados sus orígenes artificiales (El Judaísmo y sus descendientes en el Cristianismo y el Islam), hay muchas de las llamadas “religiones antiguas” que no eran sino nacidas de las interacciones de poblaciones con su entorno y los demás humanos en la localidad. El desarrollo de lo segundo contrasta con lo primero pues al ser formado naturalmente, van quedando atrás las prácticas que no dan resultado positivo simbiótico con la naturaleza circundante y los cambios psicológicos individuales y sociales.

Ahora bien, establecido que creencias y tradiciones desarrolladas de manera natural son una respuesta a percepciones psicológicas y estructuras sociales, podemos ver claramente que al removerlas no se solucionaría nada sino que se pondría algo en su lugar. El demonio sigue moviéndose bajo las aguas, solamente que ahora no tiene otro nombre más que “problemas”. La sociedad industrial, al verse deshecha de estas “supersticiones”, se lanzó a tratar al hombre como una máquina de producción, y a responder a sus problemas mentales con drogas (ilegales o “médicas”), cubriendo así una esclavitud en una escala sin precedentes.

Sobre esto, se recomienda al lector dirigir su atención a Jung como guía de desarrollo, y dejar a Freud como un ejemplo de la mente del humano más podrido reflejándose a sí mismo.


 III. El espíritu hebreo como pauta de una modernidad destructiva


Habiendo entonces distinguido la futilidad del huir de nuestros fantasmas internos y de la compleja relación sensorial que el humano tiene con la naturaleza más allá de lo que la “ciencia moderna” puede hacer por nosotros (técnicas de terapia psicológica solamente se vuelven un remplazo de lo que anteriormente eran medios llamados espirituales), es importante mencionar la raíz podrida del llamado humanismo que enferma de manera sigilosa la mentalidad humana y destruye al mundo.

El humanismo y el secularismo se jactan de ser separados e independientes de la religión. Poco se dan cuenta que sus valores morales están basados en los siglos de cambios sociales e indoctrinación del cristianismo. Ahora se cree que el “derecho a la vida” es una invención moderna a causa de una mayor evolución social. Pero la verdad es que ese concepto ya estaba en existencia anteriormente, pero no existía la fuerza para controlar a poblaciones inmensas de manera que eso se pudiera hacer realidad. Además de que, pensado de una manera lógica y racional, no hay ninguna razón para otorgarle un sentido de santidad a la vida —esto solamente tiene bases teológicas y dogmáticas. La única base que tiene la sociedad secular es una basada en cobardía y egoísmo: “prometo no matarte si tu no me matas”.

Llegamos al siguiente punto, y es que estas creencias derivadas del Cristianismo se encuentran en su forma original en el Judaísmo, excepto que en esa versión más vieja la única vida santificada es la del judío, el resto son poco mejores que animales y por ende sujetos al uso y disposición de los elegidos. Cabe decir que esta forma de pensar tuvo su origen en una casta de sacerdotes que luchó por mucho tiempo con una población étnica mixta, llamada ahora “semita”, sobre la cual impusieron esta religión de control extremo basada en la culpabilidad eterna, sentimientos de pasivo agresividad y la dependencia psicológica en un padre autoritario. Vemos a través de la Biblia como los hebreos vuelven una y otra vez a las prácticas ritualísticas naturales de la región en su tiempo.

En esta imposición artificial vemos una religión eminentemente fabricada y de una intelectualismo profundísimo que codifica mitos y formas antiguas mientras intenta esconder los viejos arquetipos en favor de una nueva forma de pensar monoteísta. Al surgir la mutación cristiana, esta conquista por una razón muy sencilla: se ofrecía inclusión y salvación a todo el mundo con sólo tener a cambio una promesa de lealtad verbal. Con el tiempo esto cambió y vemos a Saulo de Tarso creando reglas para un Cristianismo sin forma y fuera de control. Es curioso que este perseguidor e inquisidor del Cristianismo haya, convenientemente, tenido una visión que lo transformara de un día para otro en un fiel seguidor. Vemos como se transforma y se controla el renunciamiento, sacrificio y ascetismo extremo del mensaje original en algo muy parecido a un mitraísmo pacífico.

El Cristianismo se convirtió, entonces, en un Judaísmo-Lite y purgado de las doctrinas más agresivas y llenas de vitriol de su religión padre. Fue una mutación del memeplex en una forma más inclusiva y dócil, con una tipo de iniciación bastante más rápida y sin requerimientos reales (tradicionalmente, de acuerdo al Talmud, uno no es realmente judío sino hasta después de unas diez generaciones de la conversión del antepasado y el gradual acoplamiento de cultura y sangre que ocurre desde entonces). Encima de esto, se le da precedencia al humano ante todo. En el caso del Judaísmo, al judío ante todo y todos, en el caso del Cristianismo, al humano frente a cualquier otro ser o sistema. Esto siembre una semilla terrible sobre la cual se basa el modern uso y abuso de animales, recursos y todo lo que está en vista. Obviamente no todos los religiosos se comportan de esta manera, pero es independiente de su religión y no a causa de ella.

El Cristianismo, como el Judaísmo, comparte una rebeldía en contra de todo y todos porque solamente se reconoce a la figura del Dios omnipotente, produciendo un espíritu de constante sublevación y una falta de centro aparte de la ilusión de una vida después de la muerte. El dualismo que el Cristianismo tomó del Judaísmo, y este de sus antecesores en Mesopotamia, permite a la sociedad cristiana y a la secular que hereda sus valores, continuar con una vida visiblemente materialista mientras, en teoría, vive una vida espiritual interior que parece tener poco efecto sobre su actuar diario. El único centro del cristianismo es su ego humillado en frente de su dios. El caso de Judaísmo es más complicado, pues el que entiende sus enseñanzas logra ver que el pueblo elegido es, esencialmente, el cuerpo del llamado dios supremo.

Dado esto, encontramos una sociedad secular heredando este sentido de megalomanía disfrazada y pasivo agresiva debajo de complejos de inferioridad. Culpabilidad perpetua y la conciencia de ser débil o inadecuado combinado con un sentimiento de tener derecho a todo a costa de todo. En el pensar moderno, dejaremos de sacrificar y abusar de otros seres y destruir el medio ambiente si y solamente si eso no nos quita nuestros juguetes y nuestras conveniencias. El egoísmo de esta forma de pensar los lleva a pensar en sí mismos como un elemento separado que requiere satisfacción y protección a costa de todo, en esto vemos la semilla del Comunismo. Al entender las religiones anteriores al Judaísmo del cual tomó algunos de sus patrones, vemos que el Judaísmo y el Cristianismo representan versiones “liberadas” o desenfrenadas de aspectos egocentristas y fijados sobre el humano común, que luego en ciclos de constante rebelión muta hacia tendencias “humanistas” que toman varias formas abominables, unas más obvias que otras.


 IV. Un retorno a la unidad de percepción


Antaño, y en un tipo de tradición que sobrevive en algunas areas rurales y entre ciertas personas más despiertas, se creía que la naturaleza y sus fuerzas habían de percibirse en el vivir, sin necesidad de nombres o formalizaciones. Una reverencia en balance y silencio que se acopla a lo que se observa y se percibe de las leyes y ritmos naturales. El interés puramente especulativo y el formalismo ritualista que no es más que una pantomima, es una marca clara de la decadencia y vacío del presente. Mientras los rituales no sean más que rituales, mientras el interés en el estudio y comprensión no lleven una intención viva con transformación en mente, todo es sólo distracción y un juego peligroso en el que no se sabe con que se juega (como prueba el “progreso” científico e industrialista, carentes de escrúpulos y de visión muy corta).

Una visión en el horizonte tampoco tiene cabida para el engaño de la democracia y en cambio pide que surjan héroes con visiones y capacidad para tomar decisiones que pongan el bienestar holístico y total de la humanidad y su comunión con el entorno de primero, y no el capricho o miedo de millones de personas con opiniones contradictorias. Los consensos por lo general son compromisos que medio satisfacen a los humanos pero que usualmente no solucionan nada en la realidad ni detienen acciones nocivas (véase el tema de la caza de ballenas, por ejemplo).

Comprende esta forma de pensar también que hemos de apreciar esta vida como potencialmente lo máximo y lo total. No en el sentido moderno en el cual cada persona solamente quiere pensar en sí misma, sino también en el comprender que al trabajar por algo más grande y hermoso que nosotros solos, como ser el futuro sano y fuerte de la humanidad, la vida propia se enriquece. Dentro de esto cabe también el fomentar el desarrollo de fuerza y maduración de las personas en lugar de la auto humillación, culpabilidad perpetua y sometimiento al padre invisible altamente nocivos del Judeo-Cristianismo.

Ya que el materialismo no puede proveer de ninguna manera nada más que egoísmo, sentimentalidad superficial y fatalismo, lo que necesitamos es una comprensión trascendental, por medio de el cual no se admite lo que no se ha encontrado (como ser dioses antropomórficos), mas tampoco se cierra la mente en la dirección contraria pidiendo que todo se acople a una forma limitada y cuantificable de inmediato. No se implica con esto una clase de panteísmo, lo cual es poco mejor que un espejismo y variación de un materialismo bañado con manto de eufemismos espirituales, poco mejor que el Catolicismo moderno. Se ha de tener en mente la posibilidad de la existencia de canales de causa y efecto mucho más complejos de lo que imaginamos, llevándonos así a un actuar cauteloso y respetuoso sin necesidad de “pruebas”.

Se ha de dejar atrás esa forma de pensar “meramente humana” por medio de la cual se excusan nuestras faltas y se reclama todo a favor del individuo como si el respirar lo hiciera merecedor. El sentimentalismo en sí no ha de guiar las decisiones, sino un sentir por más que solamente nosotros o aquellos, más que por sólo el ahora, mas el ahora y el nosotros en función del todo y el porvenir. En esto hay algo de lo verdaderamente heroico, que no se ha de confundir con la idea trastornada del héroe moderno que no es más que una forma del mártir cristiano que se vuelve grande por virtud del sufrimiento o muerte en sí. El héroe va a por resultados y excelencia donde cuentan, y donde la vida se encuentra realmente, no en la ilusión de las palabras, los títulos o los “logros” simbólicos.

Por último, el vivir esta vida como parte lo que somos, una parte de nuestra comunidad, un momento en nuestra línea de herencia, un segundo en la vida de la vida terrestre. No somos ni poseemos vida, solamente tenemos la dicha de un momento de conciencia en el que presenciamos La Vida.

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