Prognosis de un Elitismo Personal — Parte II: Más Allá del Gusto Personal


§ Más Allá del Gusto Personal


 En su libro más personal, Nietzsche toca el tema del gusto personal, tanto para las artes como para cualquier otra cosa. Dice, en la octava sección del segundo capítulo de Ecce homo, que lo que este “gusto” realmente es, es un instinto de autodefensa. Procede después el ilustre filósofo a detallar como utilizar las energías propias de manera eficiente, a través de un buen gusto, para no diluirse a uno mismo. Aquí interrumpimos la idea de esta autodefensa y llevamos la conversación a otro plano: si además de proteger quienes somos y lo que es cercano a nuestras convicciones, osamos, a través de nuestra exposición selectiva, abrir puertas y ahondar nuestro ser, ¿cómo habría de ser nuestro proceder?

 Si en lugar de una constante indulgencia de caprichos, utilizáramos nuestras capacidades de atención selectiva y discernimiento para encontrar una dirección, el gusto personal dejaría de ser mera autodefensa y se tornaría en herramienta de nuestra evolución consciente, por así llamarle. Dicho discernimiento no abandona ni deja de lado, sin embargo, la intuición; más bien se entabla una conversación entre las distintas facultades de la mente, y se vuelve la intuición en un puente entre lo consciente y lo inconsciente, pero ya no como la brújula que nos guiaba ciegos en pos de emociones dictadas por el inframundo personal.

Las implicaciones son claras: el tiempo que le damos a cada cosa, y la energía que substrae la interacción en esa actividad, se evalúa en base a como se alinea con un enriquecimiento de lo que algunos llamarían nuestra alma; de manera más precisa, representa un paso hacia adelante y en una dirección en particular fuera de la ilusión. Para hacer esto es también necesario saber que es lo que se quiere ser o, inclusive, que es lo que no se quiere ser. La excelencia fuera de la ilusión social, por ejemplo, no tiene cabida para cualquier cosa que represente la mediocridad espiritual de todo lo que yace dentro de ella, ya sean libros de ficción barata, o música de carácter banal (en cuanto a su pura expresión musical, que se expresa sin necesidad de letras o explicaciones).

Es necesaria la honestidad para consigo mismo, de manera que la fuerza del ego se contrarresta y se desafianzan los fetiches, especialmente cuando éstos se resguardan bajo el manto del gusto personal. Asimismo hace falta el querer progresar, lo cual implica no solamente el reconocimiento de la condición precaria, si no también la fuerza, el deseo y la voluntad para moverse. Mediante esta dinámica también ha de perder el individuo el miedo a dejar de ser quien uno cree que es —el dejar ir del ego, llamado así popularmente, y volverse el que busca, y transformarse en todo lo que se puede ser.

En el sentido aquí planteado, ir más allá del gusto personal no quiere decir volverse más abierto o más tolerante en ningún sentido, si no el dejar atrás la auto indulgencia ciega por una indulgencia del camino solitario aparte de los demás y de ninguna manera para o por ellos; el dejar de ser dominado por el inconsciente y las fuerzas de las grandes corrientes psicológicas a las cuales están sujetas las masas, para convertirse en su propio amo, su propia ancla, su propia luz, así como su propia obscuridad —y lo que allá más allá de esas divisiones en el más sencillo pero difícil encuentro con la propia esencia.

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