Reading ‘Ubils’ Into ‘Evil’


Knowledge from books is only as good as what we read into them and choose to later (attempt to) apply in action. Not long ago, I as encouraged by a certain individual to try and read texts for what they have to offer me, even going beyond what I could properly understand at the time of such reading, instead of engaging in a critical exercise. This was advised in the context of occult-minded works, and at the time the simple concept worked pretty well at opening up a hubristic mind in search of liberation from its own, self-imposed shackles. At the time, as well, the teaching also revealed that the human mind can grasp and make use of concepts beyond its normal apprehension capabilities if one is willing to consider things deeply and with some empathy. That is, it is not only the reading of something, but the act of changing positions, going to the point of embracing unknown or differing concepts, that can truly teach one something. The epitome of such an extended exercise comes in the form of true Insight Roles such as those stipulated by the Order of Nine Angles, which require one not just to change perspectives and even habits and routines, but to engage from these newly attained vantage points in extremis.

“One essential aspect of an Insight Role is that it requires the novice to change their life-style and usually their place of residence. Another, is that it tends to isolate them from non-Satanists. Third, it often brings them into conflict and confrontation – with others, and themselves. Fourth, it tests them – forcing them to find inner strengths and reserves. Or, of course, it destroys them – or makes them renounce their Satanic quest and vows. All these are necessary.” —Hostia, Vol. I, ‘Insight Roles – A Guide’

The philosophical corpus that surrounds these practices is deemed, though supplementary in the sense that action and experience are the essence of learning and change, necessary for the rational development and understanding of the person treading this sinister path. Furthermore, a different way of looking at the world, at people, beings, and information itself can have a drastic effect on the finding of meaning, motivation and inspiration in the amoral struggle for total personal excellence and thence transformation towards and beyond the Self. Energy, both mental and physical, is managed differently then: saved, gathered and focused from what is vain or passing in the context of our paths and towards the attainment of goals.

One of the most interesting and useful insights shared through Order MSS is a short etymological discussion on a few words that our society, based as it is on a Nazarene ideological grain, associates with negative and fantastical concepts that find their origin in Judeo-Christian distortions which have been preserved by both the ignorance and conceited fear of human simians. Among the listed terms is evil, traced etymologically to the Gothic ubils which, like diabolic, has in its origins a meaning that aligns itself with the going beyond or over limits; that is, to cross and reach across laid out demarcations even, perhaps.

With this in mind, we can try to replace the word ‘evil’, for which we have been trained to respond in a certain way, with ‘ubils’. Soon enough, this should have become an automatic equivalence, and so the word ‘evil’ should represent transgression; that is, both a Bataillean transgression of the mystical kind, and that of arete and exeat in the way that the order has come to rediscover them. So, rather than misunderstanding the path of sinister adepthood to mean that one should indulge in every perversion because that is what the Nazarene ideology conflates all transgression with, one can understand ubils, and thus go beyond the mere act in a purposeful and magickal Tantric act. Vastly numerous texts containing the term ‘evil’ may be found, and the insights garnered by the new understanding of replacing that loaded term with ‘ubils’ will start to spread marvelously like a flower of infinite colors, dizzying at first, and ending in pitch-black nothingness.

Lastly, this requires a movement towards the pure ‘pagan’ traditions and thought modes akin to those of Ancient Greece and India1, and away from the especially sickly and handicapped Jewish dualistic principles that results in illusion-based system such as the idea of the Qliphoth. One would then understand murder, sacrifice, extreme self-discipline, purposeful abandonment, etc. as ascetic acts towards the Abyss (and beyond? always beyond?), and not as ridiculous caricature demon impersonations, and the empty idea of being evil for the sake of being seen as special, an outsider, and attaining a free ride from duties and a status within the ‘bad boys club’. The sinister quest should not be about escapism, but an escape from the illusions of a sickly humanity and an ever more raw engagement with reality.


1 Gwendolyn Taunton has written a knowledgeable article or two about the origins of sorcery in ancient paganism that were later distorted and civilized by Judeo-Christian thought.

Nigromante Centuries of Sacrifice


Tal como su nombre revela, el canal de inspiración que alimenta a Nigromante es una conexión mística con energías a los que solamente algunos pueden ser lo suficientemente sensibles como para cristalizar una sensación concreta o un fugaz concepto forastero a la mente que lo alberga. Las obras de este proyecto se desarrollan completamente con teclados, usando de manera moderada nada más el ocasional efecto estirado o distorsionado entre las capacidades más alienantes del sintetizador. Esto último hace que la música de Nigromante, a pesar del tema y de la cantidad de ideas que presenta, siempre se mantenga sobrio en lugar de ser devorado por el ansia de llevar al oyente a un lugar extraño. En lugar de esto, un mundo se crea a través del uso de estructuras musicales claras, y la experiencia se desarrollo en una serie de episodios sutilmente introducidos que presentan material nuevo sin resultar totalmente inesperados; es decir, la música siempre procede de manera natural aunque claramente dirigida por una voluntad que crea secuencias únicas.

La metodología de composición usada en el periodo medio de Nigromante es una que, a diferencia de futuras obras, establece claramente voces principales y acompañantes. Esta división de labores hace que las texturas tengan una tendencia a la homofonía, aunque sin en realidad seguir la elección de una textura como una regla. Una de las características de Nigromante es precisamente ese control en exploración que le permite elaborarse de manera clara y articulada al usar formas, melodías y relaciones directamente aprehensibles dentro de marcos que reflejan trenes de pensamiento, transposiciones de idea y giros en la dirección emocional de la música que llevan al oyente en una aventura sumergida en vastas ruinas y restos descompuestos hace ya mucho tiempo. Este carácter fúnebre-melancólico es muy propio de esta etapa de Nigromante, y sus laberintos aparentemente interminables e insondables los hace distintos de las meditaciones mortuarias constantes que les precedieron y las nebulosas sinfonías polifónicas medievalescas que llegarían varios años después, sin que esta comparación le reste mérito a cualquiera de las etapas.

Compuesto de melodías predominantemente consonantes y enfatizando ciertas curvas dentro de harmonías menores, Centuries of Sacrifice crea estructuras complejas que se asemejan a una historia mítica rescatada o arrancada de sueños proféticos, o quizás ventanas a lo que fue en algún plano —memorias genéticas perdidas, energías residuales cargadas de trozos de la existencia de algún ser caído en el olvido. El sutil comienzo de la obra no otorga al oyente una pista de la operación mágica que es, en esencia, una forma de explorar el mundo de los muertos, aunque uno no se logra dar cuenta si es un pensamiento suscitado o si estamos nosotros cruzando el umbral de la puerta hacia el reino de lo no-muerto, trazos de lo que no está de un lado ni de otro pero que posee consciencia de cierta manera inhumana.

La música de Nigromante aquí es una vía entreabierta fácilmente ignorada; es una antorcha que anda frente a nosotros en ese confuso mundo de sombras, y si la mente del oyente no se encuentra correctamente alineada, los sonidos se perciben sordos, como protegidos por una invisible pared que los sofoca. Es decir, no son llaves per se las que se necesitan para este lugar, mas una disposición e inteligencia que han de interactuar a nivel químico con el espíritu detrás de la música. Quien realmente ha logrado beber de la fuente aparentemente interminable de inspiración de Nigromante sabe que al realizarse la conexión una invasión toma lugar, ese espíritu crea una atmósfera helada y soporífera a la vez, distante y cercana, ajena y nuestra.

Hay un cierto aire medieval en la sencillez, consonancia y forma de las melodías individuales, un factor no poco importante para los desenlaces antes mencionados. Lo que se hilvana engañosamente a partir de ellos viene a crear el aura total de la obra, que es una de muerte, pero una muerte eterna que no es sencillamente el vacío de la concepción mundana, sino la vía que nos une al pasado y al futuro. Es en muerte que la llamarada efímera de una vida hace cientos de años aguarda al Nigromante que hoy liberará el dolor extenuante y las sordas frustraciones que magnéticamente quedan atrapadas entre el olvido y la vida.

 

Cabeza de Buitre Herrero de Brujas


La confluencia de música electrónica de tipo ambiental, las palabras elegantes más que pretenciosas y una imagen naturalista y clara, nos dan a conocer una personalidad especialmente aristocrática, y una actitud particularmente madura hacia los nebulosos temas centrales de la obra. Al hacerlo de esta manera hay un distanciamiento y a la vez un entendimiento respetuoso del tema. La experiencia en carne propia de cada forma de vida, de cada evento, o de una realidad necesitaría que esta claridad y entendimiento racional se perdiese, ya que en el actuar el agente se volvería parte del evento, y no un observador. No podemos saber con seguridad cual es el caso aquí, sin embargo, podríamos así mismo postular que Herrero de Brujas es la cristalización después del hecho, de momentos y vivencias místicas de manera que se logran transmitir a quien se abre a ellas. La música que, por otro lado, pretende comunicar el caos que la persona experimenta de manera única en ciertos momentos, falla a cada nivel, como arte y comunicación, y se vuelve poco más que un accidente exterior de un estado trastornado.

Donde muchos otros pretenden tocar estos temas querrán evocar atmósferas oscuras a través de métodos obvios, Cabeza de Buitre pasa de ligera curiosidad y fascinación con lo incomprendido, a un temblor corporal, un catarsis de posesión —una coincidencia significativa, sostenida y que abre una ventana hacia un espacio ortogonal a los que entendemos en estados mentales comunes. Es por esta misma razón que lo comunicado aquí, lo cual es todo lo que podemos juzgar ya que es imposible acceso a la experiencia interna del autor, lleva más allá y de manera más efectiva, que la mayoría de obras contemporáneas electrónicas que pretende acercarse a lo oculto. Vale la pena aclarar que la obra más sincera y despierta no se impondrá abstracciones innecesarias como satánica u oculta: la vida como tal, como una, ya es un evento intrínsecamente oscuro para nosotros los humanos. El terror existe como parte del todo, es nuestra reacción a la grandiosidad del cosmos y lo efímero de nuestras existencias conscientes; el estar vivo y acercarse a la vida como tal de manera desafiante, el indagar en carne propia, el experimentar; en todo esto ya está implícito el contacto con lo oscuro —con lo siniestro— lo cual da contraste y da valor a esos momentos verdaderamente Apolíneos de numinosidad pura y libre de la imposición mental humana que eventualmente pierde significado y se vuelve una cáscara vacía sin nada más que apariencia que ofrecer.

Aunque los materiales sintéticos se asemejan a los que usaría un Tangerine Dream, y que también avistamos algo de ese espaciamiento pensativo propio de Biosphere en su Substrata, a lo largo de sus propios procedimientos, Cabeza de Buitre parece tener en su centro algo que se asemeja aún más a esa paz y constancia druídica que transmite el ambient repetitivo de Varg Vikernes. Sin embargo, la calidad de la música del noruego depende en el poder individual de sus momentos para otorgarle a la audiencia un espacio meditativo, y es por eso que sus composiciones, aunque sencillas, esconden potencialidades en semillas, que emergen en el ser que las recibe. Cabeza de Buitre vuelve a tomar algo de esto, pero siguiendo su propio destino, adopta una ruta más clásica, de exposición más explícita, proveyendo más curvas dentro de piezas más monolíticas que compuestas de episodios. Fluyen estas como agua, diría alguien, más una asociaría algo más de una energía etérea pero tangible con lo que fluye explícitamente a través de ellas.

Como una obra de profundidad trascendental, pareciese esconder capas tras capas de contenido y significado, construidas en el despertar de momentos a la vez únicos mas que encajan en un tren de pensamiento absorto. Esto también viene a causa del manejar y dominar natural de las formas básica de la música, lo cual permite que en lugar de seguir maquetas de acuerdo a reglas genéricas establecidas, el autor logre dejarse ir de acuerdo a su propio sentido. De alguna manera, esto hace al ambient uno de los géneros más libres y reveladores respecto a la capacidad y naturaleza del autor: todo vale, todo cuenta en este cosmos de colores, tempos, y niveles casi infinitos. No es la sencillez, lo revuelto o lo extraño de una obra lo que le da mérito, ni tampoco lo es la reputación o las palabras del compositor per se, si bien estas cosas también puedan servir como pistas e indicadores de las posibilidades que un tipo de mente pueda producir de acuerdo a nuestro propio juicio. Pero, por lo general, la sencillez expuesta a raíz de claridad lleva a la complejidad inteligente y a la belleza de proporción, que también se podrá alcanzar por su aparente violación.

El mensaje final, encapsulado en una impresión suspendida sobre el total de la obra, es tal vez uno eterno y recurrente; hay algo de una alegoría del pasar de seres individuales a otros estados en esta música que evoca la grandiosidad de la vida en su continuo flujo de creación y destrucción. La forma en que se afirma esta totalidad es en su acercamiento puro hacia lo que el humano común llama sombras, realmente un area donde la existencia verdadera y fuera de moralidad y abstracciones toma lugar. El mundo como lo conocemos cae, y en su lugar el deleite y el horror surgen entremezclados, posibilidades infinitas se abren y a la vez uno es puesto en su lugar. La existencia es lucha, guerra, destrucción, y el revivir del alma perseverante.