φύσις κρύπτεσθαι φιλεῖ


En alguna cálida vereda cundinamarquesa
por Antonio Espinosa Holguín

Se van en nubes rosas
los mejores de mis días.
En bochornos delicados,
en la fiesta de las ranas,

tú sentada entre cadillos
junto al lino de las matas.
Sosiegan mi aspereza
las auroras de cebada,

silban límpidas abejas
que ennoblecen la mirada.
Aquí, en esta tarde,

el Edén se va, nos sobra.
Tú serena, junto al lago,
yo dormido en una sombra.

Nigromante Centuries of Sacrifice


Tal como su nombre revela, el canal de inspiración que alimenta a Nigromante es una conexión mística con energías a los que solamente algunos pueden ser lo suficientemente sensibles como para cristalizar una sensación concreta o un fugaz concepto forastero a la mente que lo alberga. Las obras de este proyecto se desarrollan completamente con teclados, usando de manera moderada nada más el ocasional efecto estirado o distorsionado entre las capacidades más alienantes del sintetizador. Esto último hace que la música de Nigromante, a pesar del tema y de la cantidad de ideas que presenta, siempre se mantenga sobrio en lugar de ser devorado por el ansia de llevar al oyente a un lugar extraño. En lugar de esto, un mundo se crea a través del uso de estructuras musicales claras, y la experiencia se desarrollo en una serie de episodios sutilmente introducidos que presentan material nuevo sin resultar totalmente inesperados; es decir, la música siempre procede de manera natural aunque claramente dirigida por una voluntad que crea secuencias únicas.

La metodología de composición usada en el periodo medio de Nigromante es una que, a diferencia de futuras obras, establece claramente voces principales y acompañantes. Esta división de labores hace que las texturas tengan una tendencia a la homofonía, aunque sin en realidad seguir la elección de una textura como una regla. Una de las características de Nigromante es precisamente ese control en exploración que le permite elaborarse de manera clara y articulada al usar formas, melodías y relaciones directamente aprehensibles dentro de marcos que reflejan trenes de pensamiento, transposiciones de idea y giros en la dirección emocional de la música que llevan al oyente en una aventura sumergida en vastas ruinas y restos descompuestos hace ya mucho tiempo. Este carácter fúnebre-melancólico es muy propio de esta etapa de Nigromante, y sus laberintos aparentemente interminables e insondables los hace distintos de las meditaciones mortuarias constantes que les precedieron y las nebulosas sinfonías polifónicas medievalescas que llegarían varios años después, sin que esta comparación le reste mérito a cualquiera de las etapas.

Compuesto de melodías predominantemente consonantes y enfatizando ciertas curvas dentro de harmonías menores, Centuries of Sacrifice crea estructuras complejas que se asemejan a una historia mítica rescatada o arrancada de sueños proféticos, o quizás ventanas a lo que fue en algún plano —memorias genéticas perdidas, energías residuales cargadas de trozos de la existencia de algún ser caído en el olvido. El sutil comienzo de la obra no otorga al oyente una pista de la operación mágica que es, en esencia, una forma de explorar el mundo de los muertos, aunque uno no se logra dar cuenta si es un pensamiento suscitado o si estamos nosotros cruzando el umbral de la puerta hacia el reino de lo no-muerto, trazos de lo que no está de un lado ni de otro pero que posee consciencia de cierta manera inhumana.

La música de Nigromante aquí es una vía entreabierta fácilmente ignorada; es una antorcha que anda frente a nosotros en ese confuso mundo de sombras, y si la mente del oyente no se encuentra correctamente alineada, los sonidos se perciben sordos, como protegidos por una invisible pared que los sofoca. Es decir, no son llaves per se las que se necesitan para este lugar, mas una disposición e inteligencia que han de interactuar a nivel químico con el espíritu detrás de la música. Quien realmente ha logrado beber de la fuente aparentemente interminable de inspiración de Nigromante sabe que al realizarse la conexión una invasión toma lugar, ese espíritu crea una atmósfera helada y soporífera a la vez, distante y cercana, ajena y nuestra.

Hay un cierto aire medieval en la sencillez, consonancia y forma de las melodías individuales, un factor no poco importante para los desenlaces antes mencionados. Lo que se hilvana engañosamente a partir de ellos viene a crear el aura total de la obra, que es una de muerte, pero una muerte eterna que no es sencillamente el vacío de la concepción mundana, sino la vía que nos une al pasado y al futuro. Es en muerte que la llamarada efímera de una vida hace cientos de años aguarda al Nigromante que hoy liberará el dolor extenuante y las sordas frustraciones que magnéticamente quedan atrapadas entre el olvido y la vida.

 

Cabeza de Buitre Herrero de Brujas


La confluencia de música electrónica de tipo ambiental, las palabras elegantes más que pretenciosas y una imagen naturalista y clara, nos dan a conocer una personalidad especialmente aristocrática, y una actitud particularmente madura hacia los nebulosos temas centrales de la obra. Al hacerlo de esta manera hay un distanciamiento y a la vez un entendimiento respetuoso del tema. La experiencia en carne propia de cada forma de vida, de cada evento, o de una realidad necesitaría que esta claridad y entendimiento racional se perdiese, ya que en el actuar el agente se volvería parte del evento, y no un observador. No podemos saber con seguridad cual es el caso aquí, sin embargo, podríamos así mismo postular que Herrero de Brujas es la cristalización después del hecho, de momentos y vivencias místicas de manera que se logran transmitir a quien se abre a ellas. La música que, por otro lado, pretende comunicar el caos que la persona experimenta de manera única en ciertos momentos, falla a cada nivel, como arte y comunicación, y se vuelve poco más que un accidente exterior de un estado trastornado.

Donde muchos otros pretenden tocar estos temas querrán evocar atmósferas oscuras a través de métodos obvios, Cabeza de Buitre pasa de ligera curiosidad y fascinación con lo incomprendido, a un temblor corporal, un catarsis de posesión —una coincidencia significativa, sostenida y que abre una ventana hacia un espacio ortogonal a los que entendemos en estados mentales comunes. Es por esta misma razón que lo comunicado aquí, lo cual es todo lo que podemos juzgar ya que es imposible acceso a la experiencia interna del autor, lleva más allá y de manera más efectiva, que la mayoría de obras contemporáneas electrónicas que pretende acercarse a lo oculto. Vale la pena aclarar que la obra más sincera y despierta no se impondrá abstracciones innecesarias como satánica u oculta: la vida como tal, como una, ya es un evento intrínsecamente oscuro para nosotros los humanos. El terror existe como parte del todo, es nuestra reacción a la grandiosidad del cosmos y lo efímero de nuestras existencias conscientes; el estar vivo y acercarse a la vida como tal de manera desafiante, el indagar en carne propia, el experimentar; en todo esto ya está implícito el contacto con lo oscuro —con lo siniestro— lo cual da contraste y da valor a esos momentos verdaderamente Apolíneos de numinosidad pura y libre de la imposición mental humana que eventualmente pierde significado y se vuelve una cáscara vacía sin nada más que apariencia que ofrecer.

Aunque los materiales sintéticos se asemejan a los que usaría un Tangerine Dream, y que también avistamos algo de ese espaciamiento pensativo propio de Biosphere en su Substrata, a lo largo de sus propios procedimientos, Cabeza de Buitre parece tener en su centro algo que se asemeja aún más a esa paz y constancia druídica que transmite el ambient repetitivo de Varg Vikernes. Sin embargo, la calidad de la música del noruego depende en el poder individual de sus momentos para otorgarle a la audiencia un espacio meditativo, y es por eso que sus composiciones, aunque sencillas, esconden potencialidades en semillas, que emergen en el ser que las recibe. Cabeza de Buitre vuelve a tomar algo de esto, pero siguiendo su propio destino, adopta una ruta más clásica, de exposición más explícita, proveyendo más curvas dentro de piezas más monolíticas que compuestas de episodios. Fluyen estas como agua, diría alguien, más una asociaría algo más de una energía etérea pero tangible con lo que fluye explícitamente a través de ellas.

Como una obra de profundidad trascendental, pareciese esconder capas tras capas de contenido y significado, construidas en el despertar de momentos a la vez únicos mas que encajan en un tren de pensamiento absorto. Esto también viene a causa del manejar y dominar natural de las formas básica de la música, lo cual permite que en lugar de seguir maquetas de acuerdo a reglas genéricas establecidas, el autor logre dejarse ir de acuerdo a su propio sentido. De alguna manera, esto hace al ambient uno de los géneros más libres y reveladores respecto a la capacidad y naturaleza del autor: todo vale, todo cuenta en este cosmos de colores, tempos, y niveles casi infinitos. No es la sencillez, lo revuelto o lo extraño de una obra lo que le da mérito, ni tampoco lo es la reputación o las palabras del compositor per se, si bien estas cosas también puedan servir como pistas e indicadores de las posibilidades que un tipo de mente pueda producir de acuerdo a nuestro propio juicio. Pero, por lo general, la sencillez expuesta a raíz de claridad lleva a la complejidad inteligente y a la belleza de proporción, que también se podrá alcanzar por su aparente violación.

El mensaje final, encapsulado en una impresión suspendida sobre el total de la obra, es tal vez uno eterno y recurrente; hay algo de una alegoría del pasar de seres individuales a otros estados en esta música que evoca la grandiosidad de la vida en su continuo flujo de creación y destrucción. La forma en que se afirma esta totalidad es en su acercamiento puro hacia lo que el humano común llama sombras, realmente un area donde la existencia verdadera y fuera de moralidad y abstracciones toma lugar. El mundo como lo conocemos cae, y en su lugar el deleite y el horror surgen entremezclados, posibilidades infinitas se abren y a la vez uno es puesto en su lugar. La existencia es lucha, guerra, destrucción, y el revivir del alma perseverante.

Malicia Demo IV


Malicia es una banda de thrash-speed metal proveniente de Guatemala de vieja escuela y de metodología primitivista en lo que respecta a la aplicación de técnicas, riffs y demás formas de expresión en los instrumentos. La banda complemente este voluntario barbarismo con formas de presentación totales y yuxtaposiciones idiosincráticas las cuales llaman la atención a la obra como un todo, y a las piezas como seres vivientes que se encuentran en un constante devenir, en lugar de ser máquinas ensambladas por piezas que han de encajar como engranajes, o como planos muertos. La obra de Malicia puede, por ende, resultar también algo confusa y chocante por su sencilla plenitud y su falta de excusas y razones, necesitando que el oyente tenga que “conocer” al espíritu elemental detrás de ellas.

Las tres canciones en este cuarto demo hacen uso de una maqueta particular que las divide en dos secciones: la primera es una composición de piano de dos (en ciertos momentos tres) voces, seguida del trío instrumental thrash más las voz aserpentada que nos da el alma metal del conjunto. Tomando las partes de piano sencillamente como intros solamente puede resultar en una sensación de discrepancia que nos hace preguntar porque preceder obras de una violencia tan directa y singular con estas composiciones un tanto extrañas y personales para el piano. Sin embargo, al tomarlas no en el sentido convencional de una intro a una obra metal, sino como el otro lado de la moneda del mismo pensamiento que engendra asimismo al lado metal, comenzamos a vislumbrar esa bestia muy viva que sonríe hambrientamente detrás del nombre de Malicia.

La temática de las letras de Malicia es, por encima, de crítica social, pero una percepción un poco más penetrante podrá otorgarle a su poseedor una visión de la obra que se asemeja más a un desprecio por la mediocridad y estupidez humana en general. Con esto en mente, la música en sí cobra aún más sentido en un propósito unificado, ya que su sencillez y enfoque en impacto crudo está moldeado a propósito para ser un martillo de destrucción misantrópica. Entendido por una persona inteligente y madura, además, se entiende esta misantropía no como la moda “black metal” que está en voga en estos días de escupir odio en todas direcciones como niños resentidos y estúpidos (de esos hay muchos) , sino más bien en el entendimiento de que para traer a una humanidad superior, de espiritualidad y mente evolucionada, para que herede este mundo, es también preciso el señalar, apuntar y acabar con las masas de monos y sus líderes payasos.

El Demo IV de Malicia es la obra de ascetas infundiendo al mundo profano con desprecio trascendental y visiones de la podredumbre mundana a través de una exposición exotérica de tan desvergonzada presentación que se vuelve un filtro enfocado que naturalmente llama a aquellos despiertos que viven en un mundo de violencia y pobreza. Para aquellos otros que no conectamos directamente con ello es una dura prueba de nuestra capacidad para ver su contenido holístico y de profundidades en lugar de sólo su primera cara. Nada de lo que se ha mencionado resta mérito a lo que si ponen sobre la mesa los músicos, y dentro de ambas caras, la del piano y el trío metal, Malicia se muestra firme y de una coherencia que muchos deberían de envidiar, si bien la banda se aleja de cualquier intento de embellecer y adornar. Visto entonces tal y como es, por lo que es, la maqueta esquelética de hierro pelado funciona y lleva a su cometido, siendo su forma meramente musical una sobria y firme plataforma desde la cual podremos empujar esa puerta carcomida que nos llevará a visiones de inmundicia y desprecio por el humano común.

Carlos Castañeda Viaje a Ixtlán

Supe acerca de esta valiosa obra por medio del caballero A.N., quien tuvo la gracia de recomendarla como instrumental en un cambio severo de mentalidad. Afortunadamente, los cambios sugeridos y experiencias básicas no me eran ajenas, por lo cual la obra cayó en tierra fértil y saludable para una interpretación realista y sana, sin descartar o restar por esto las posibilidades más extremas…


§ Lo relevante


El Viaje a Ixtlán, de Carlos Castañeda, trata de un estudiante universitario quien llega a buscar a un viejo indio, con fama de brujo y vagabundo, para obtener más acerca de plantas con propiedades psicotrópicas. La historia se complica cuando la persona que encuentra no es la que esperaba, en más de un sentido. Sin embargo, Don Juan, el brujo, no es ni el borracho de mente débil que el pensaba, pero tampoco es una persona predecible en lo mínimo.

La forma intrigante en que el brujo le comunica pequeños datos al joven Carlos, al mismo tiempo que esquiva los intentos del estudiante por controlar la interacción o cualquiera de las situaciones, llevan a una serie de sesiones de aprendizaje interno y realización que confirman al joven como un aprendiz del viejo.

 A muchas personas les parece incomodar el no tener certeza de saber si el cuento relatado en Viaje a Ixtlán es verídico. Parecen querer aferrarse a una historia fascinante en lugar de leer entre líneas o, más difícil aún, seguir las directivas explícitas de Don Juan para hacer cambios reales y drásticos dentro de la vida de uno. La razón por esto quizás sea que la mayoría siempre esta buscando una ilusión más a través de la cual escapar de sus miserables vidas, y no la manera en la cual una acción decisiva.

Una nueva manera de ver y comportarse en la vida necesita una interrupción del flujo de lo usual y por medio de voluntad propia desatarse en una dirección totalmente distinta. Se puede así transformar la vida propia de tal manera en que la fantasía como tal se vuelve innecesaria, y las historias tienen todas un valor de moraleja e inspiración se conectan directamente con la realidad a través del entendimiento.


§ Lecciones


La mayor parte de la obra en cuestión contiene técnicas de enfoque, meditación, así como lecciones de conducta y formas de pensar; la efectividad de tales no tiene nada que ver con la veracidad del evento en el diario de Castañeda, pues las situaciones relatadas tienen como objeto ser nada más un marco accesible para la transmisión del conocimiento. Quienes no puedan ver más allá de este punto se cuentan a sí mismos como incapaces de recibir dichas lecciones, y así se auto proclaman no merecedores del contenido, atascándose en el primero de varios retos intrínsecos a toda enseñanza esotérica.

Las prácticas sugeridas podrán resultarles extrañas y hasta un poco cómicas al lector común, pero quien tiene a la acción y tiene una mente curiosa por naturaleza no dudara en prestarles atención con la intención de sacar algo de provecho. Además le enseña Don Juan a Carlos las que podríamos llamar técnicas de aprehensión: formas de alterar la percepción del mundo a distintos niveles del proceso cognitivo, y sin la necesidad de agentes alucinantes. En especial se estresa el poder dejar de lado las formas de percibir el mundo ya aprendidas (llamadas ‘esquemas’ en psicología cognitiva moderna), para comenzar a desatar areas de percepción que normalmente el individuo no utiliza, y de las que quizás ni siquiera esté al tanto.

Lo importante para quien entiende el valor de dichas técnicas no es la fascinación de la experiencia nada más, especialmente en lo que concierne a su carácter mágico, por así llamarlo. Más bien, en la contemplación y subsecuente absorción de los elementos de la experiencia alterada en sí. Don Juan enfatiza una forma de vida, cuya actitud y reglas personales el delinea bajo el arquetipo del guerrero, y que esencialmente se basa en el hacer cada cosa, por más pequeña que sea, con propósito e intención en mente, haciéndose responsable por el uso más pequeño de cada momento y movimiento en consciencia de que nuestras vidas mortales son cortas.

Finalmente, el primer y último concepto, el cual se verá como fundamento y asimismo como resultado de todo el esfuerzo, es lo que Castañeda llama parar el mundo. Algo demás extraño para quien no está acostumbrado a una concepción esotérica de lo místico —el aprendizaje esotérico tiene bases racionales y lógicas, haciendo uso de toda clase de prácticas y formas de expresión con el objetivo de ocasionar una experiencia interna que lleve a cierta comprensión. Al detener el flujo de imágenes del mundo que habitamos, en la manera en la que estamos acostumbrados a percibirlo, se nos facilita entonces la alteración de nuestros pensamientos con respecto a esta, efectivamente vislumbrando puertas a otros mundos…