Prognosis de un Elitismo Personal — Parte II: Más Allá del Gusto Personal


§ Más Allá del Gusto Personal


 En su libro más personal, Nietzsche toca el tema del gusto personal, tanto para las artes como para cualquier otra cosa. Dice, en la octava sección del segundo capítulo de Ecce homo, que lo que este “gusto” realmente es, es un instinto de autodefensa. Procede después el ilustre filósofo a detallar como utilizar las energías propias de manera eficiente, a través de un buen gusto, para no diluirse a uno mismo. Aquí interrumpimos la idea de esta autodefensa y llevamos la conversación a otro plano: si además de proteger quienes somos y lo que es cercano a nuestras convicciones, osamos, a través de nuestra exposición selectiva, abrir puertas y ahondar nuestro ser, ¿cómo habría de ser nuestro proceder?

 Si en lugar de una constante indulgencia de caprichos, utilizáramos nuestras capacidades de atención selectiva y discernimiento para encontrar una dirección, el gusto personal dejaría de ser mera autodefensa y se tornaría en herramienta de nuestra evolución consciente, por así llamarle. Dicho discernimiento no abandona ni deja de lado, sin embargo, la intuición; más bien se entabla una conversación entre las distintas facultades de la mente, y se vuelve la intuición en un puente entre lo consciente y lo inconsciente, pero ya no como la brújula que nos guiaba ciegos en pos de emociones dictadas por el inframundo personal.

Las implicaciones son claras: el tiempo que le damos a cada cosa, y la energía que substrae la interacción en esa actividad, se evalúa en base a como se alinea con un enriquecimiento de lo que algunos llamarían nuestra alma; de manera más precisa, representa un paso hacia adelante y en una dirección en particular fuera de la ilusión. Para hacer esto es también necesario saber que es lo que se quiere ser o, inclusive, que es lo que no se quiere ser. La excelencia fuera de la ilusión social, por ejemplo, no tiene cabida para cualquier cosa que represente la mediocridad espiritual de todo lo que yace dentro de ella, ya sean libros de ficción barata, o música de carácter banal (en cuanto a su pura expresión musical, que se expresa sin necesidad de letras o explicaciones).

Es necesaria la honestidad para consigo mismo, de manera que la fuerza del ego se contrarresta y se desafianzan los fetiches, especialmente cuando éstos se resguardan bajo el manto del gusto personal. Asimismo hace falta el querer progresar, lo cual implica no solamente el reconocimiento de la condición precaria, si no también la fuerza, el deseo y la voluntad para moverse. Mediante esta dinámica también ha de perder el individuo el miedo a dejar de ser quien uno cree que es —el dejar ir del ego, llamado así popularmente, y volverse el que busca, y transformarse en todo lo que se puede ser.

En el sentido aquí planteado, ir más allá del gusto personal no quiere decir volverse más abierto o más tolerante en ningún sentido, si no el dejar atrás la auto indulgencia ciega por una indulgencia del camino solitario aparte de los demás y de ninguna manera para o por ellos; el dejar de ser dominado por el inconsciente y las fuerzas de las grandes corrientes psicológicas a las cuales están sujetas las masas, para convertirse en su propio amo, su propia ancla, su propia luz, así como su propia obscuridad —y lo que allá más allá de esas divisiones en el más sencillo pero difícil encuentro con la propia esencia.

Prognosis de un Elitismo Personal – Parte I: Arte y Vida


§ Estética y Esencia


El arte, comprendido de manera acertada y cercana a su naturaleza verdadera, está frecuentemente vinculado a la vida humana como experiencia total —como una expresión de su esencia, y en la música en particular es el efecto total lo que cuenta, reflejando y comunicándose con el todo del oyente. Es por esto que la música puede ser una fuente rica para el análisis de la mente de un individuo, ya sea la del compositor de la misma como del individuo que elige una música sobre otra. Por sus características y efecto sobre el humano, la música también ha tenido una cercanía curiosa con la religión desde que tenemos memoria y según encontramos en la evidencia antropológica.

Dice Gwendolyn Taunton acerca de la evolución y cambio en el concepto Nietzscheano de lo Apolíneo y lo Dionisíaco:

To be complete and to derive ultimate mastery from the creative process, one must harness both the impulses represented by Apollo and Dionysus —the instinctual urge and the creative power of Dionysus, coupled with the skill and intellectualism of Apollo’s craftsmanship —in sum, both natural creative power from the will and the skills learned within a social grouping. This definition will hold true for all creative ventures and is not restricted to the artistic process; ‘will’ and ‘skill’ to act in harmony and concord.1

Es por eso que, si bien sería negligente juzgar la totalidad de un individuo a partir de una de sus obras, si podemos juzgar la totalidad de la obra por lo que ella presente por sí sola; lo que se puede entender y vislumbrar a partir de ella en el juego total y en su balance de lo Apolíneo y lo Dionisíaco. Dado que también existe una limitación en esto en la capacidad de la audiencia, hay que entrenar ambos y luego, en un juego de distanciamiento y acercamiento, objetividad y subjetividad, lograr una unión de opuestos en comprensión detallada y en experiencia familiarizada.

Así es que, mientras la infatuación (dígase, el amor y gusto ciego) y permisividad del capricho propio rijan, el componente de lo Apolíneo que rige la traducción de la esencia a la estética se hallará siempre sujeto a un auto engaño que favorecerá sentimientos y apegos antes que la realidad —lo que sencillamente es, más allá de nuestras percepciones cambiantes. Dado que lo primero funge como traductor entre dimensiones, si éste es distorcionado, la esencia detrás, el inmortal Dionisíaco también estará, por ley de correspondencia, sujeto a esto y de manera doble, por la indirección natural que la realidad ella misma nos presenta.

Dado, asimismo, que solamente podemos evaluar y percibir mediante las habilidades y conocimiento que poseemos en el presente, ésta es una lucha, una deleitable evolución personal que no debería tener fin, al menos no en nuestras vidas mortales. A medida que se afina y se comprende más acerca del arte de la traducción de esencia a estética, o sea, de lo Apolíneo como el medio hacia lo Dionisíaco, también se vuelve más fácil y práctico evaluar nuevas instancias del arte.


§ Evaluaciones acerca del black metal


Al haber profundizado en la estética del black metal, no hacen falta doce años de familiaridad con una obra en particular para interpretar las implicaciones aurales de la música, las cuales tienen vida propia y revelan más de lo que pueda excusar o dar por sentado el compositor o autor mismo. Es más, la evaluación podría ser llevada a cabo de manera penetrante en cuestión de días, si no es que momentos; todo se resume en la habilidad y discernimiento de quien se abre, escucha y juzga; ambos la habilidad y el discernimiento se basan sobre la experiencia, intensión y capacidad nata.

Creo que es por esto mismo que debemos darle más importancia a la música que a las letras u otras formas de recubrirse de símbolos; confirmada la música, la letra puede venir a dar una multitud de detalles explícitos que terminan y complementan a la música. Pues, en la música, uno encuentra comportamientos y pistas inconscientes, acaso filtradas a través de y no nacidas del artista mismo, y revelaciones del verdadero nivel al cual es comunicado el arte —diciéndonos todo lo que necesitamos saber acerca de la maestría, o la falta de esta, en el artista.

El artista como Adepto podría catalogarse de quien realmente pueda traer ambas juntas, de manera que no solamente su música por sí sola revela la profundidad de la esencia por medio de su estética, si no que él está en completa comprensión y consciencia de ésta relación: consciente de la canalización y su transformación. Esto requiere habilidad técnica, conocimiento del arte de la estética —o sea, de la composición como artesanía— así como de experiencia con las percepciones puras que producen los patrones; en fin, estar familiarizado y haber dominado las avenidas entre expresión y significado transcendentales.

El black metal, en sus tendencias explícitamente metafísicas y espirituales, es un campo de investigación particularmente rico para los intereses de nuestra presente discusión. Podemos, por un lado, tomar bandas que conscientemente y verbalmente se dan muchos aires de profundidad, pero cuya música no presenta una estética que dé a conocer la esencia que dicen canalizar. Por otro lado, podemos encontrar proyectos, en mucho menor número, los cuales no hacen ninguna clase de, o muy pocas, aclaraciones respecto a su música, pero cuya estética en sí revela el carácter realmente profundo y oscuro de alguna esencia desconocida.

Por lo general, los primeros son anti-tradicionales, y en su deconstrucción consciente presentan payasadas auditivas, y los segundos más bien presentan una elaboración muy personalizada de la tradición2. Consiguientemente, vemos en los primeros mucha pretensión3 dentro de la música misma, y en la segunda un método directo cuya elaboración habla por sí sola.

En la música de S.V.E.S.T., lo incógnito se encontraba en su capacidad de llevar al oyente a situaciones complejas y confusas mediante medios casi rudimentarios, y que, una vez analizados, se mostraban en total control y coherencia de sí mismos. El énfasis aquí se encontraba sobre el efecto total que tendrían relaciones dinámicas y vivas entre distintos aspectos musicales —una música de estética holística, no meramente acuñada en explicaciones intelectuales sin contraparte estético en la estructura musical, y por ende mejor equipada para transmitir la esencia de lo que es: como un puente de corrientes y energías no atadas a nuestro universo causal.


§ El ser una luz hacia uno mismo


Importante es saber qué y como tomar las opiniones de aquellos a quienes respetamos y admiramos, pues, a menos que los adoremos como seres supremos y de poderes incuestionables, ellos también son seres finitos, no solamente con distintas capacidades de discernimiento pero también con su propia opinión que no cambia la realidad de las cosas. Para complicar aún más las percepciones de algunos, resulta que algunas de las bandas mencionadas anteriormente, específicamente Deathspell Omega y S.V.E.S.T., han colaborado en al menos una publicación de sus obras, lo cual casi siempre es una señal de mutuo respeto, aunque a veces es conveniencia y estrategia, si no es que apoyo de un superior a un inferior.

Hay que señalar primeramente que el respeto por alguien no es equivalente a ovación por cada una de sus obras; además de que un artista superior está en todo su derecho y libertad de explorar y encontrar cierto valor, cualquiera que este sea, en el trabajo de mentes menos capaces y otorgarles respeto por esto —el genio detrás de las meditaciones de Burzum, por ejemplo, tomaba como una influencia principal la música de la banda alemana de speed metal sólido mas poco impresionante de Destruction.

Esto abre aún más incógnitas, pues el sentido común nos diría que los mejores artistas seguramente han de saber que es lo mejor, y han de alimentarse de lo mejor. Lo más probable, sin embargo, es que el artista superior puede filtrar y adaptar, de manera mas eficiente y penetrante, elementos e impresiones que encuentra aun en lo inferior, de manera que los utiliza para sus propios fines y hacia resultados de mucho mayor alcance y calidad. Además de que el discernimiento enteramente consciente y el talento creativo son dos campos distintos, si bien están conectados y se entrelazan.

Lo que podemos aprender al respecto, es que cada uno de nosotros ha de tomar, primeramente, de donde nuestra tendencia natural, en cuanto a carácter espiritual y metafísico nos guíe, y en segundo lugar, hasta y como nuestras limitaciones de aprendizaje y natas nos lo permitan; siendo lo primero una brújula que constantemente se ha de redescubrir, y lo segundo una señal de lo que debemos mejorar para poder avanzar. Mientras todo esto se tome más allá del ego, y se utilize de manera constructiva y dinámica, siempre será un medio y una herramienta para la evolución personal.


1 Gwendolyn Taunton, Primordial Traditions, Vol. I, ‘THE BLACK SUN, Dionysus in the Philosophy of Friedrich Nietzsche & Greek Myth’.
2 Podríamos clasificar a Watain y Deathspell Omega en el primero de estos grupos, y a S.V.E.S.T. y Katharsis en el segundo. Cabe decir, además y como aclaración, que el autor de este artículo no favorece en predilección personal a Katharsis.
2 Se recuerda al lector, que contrario a la comprensión y uso burdo de las masas del metal que usan la palabra ‘pretensión’ para definir cualquier cosa que sea demasiado elaborada para ellos, aquí se le usa en su definición original: algo que pretende ser más de lo que realmente es, el proyectarse como algo superior a lo que se es.

Problems With Perennial Philosophy

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I. Admitting biases


Before starting this brief recount of reasons for rejecting some of the aspects of Perennial Philosophy (later ‘Primordial Tradition’), it would only be fair to admit to some of the own biases that affect this judgement. In so doing it will also be useful to point out how this background, and a particular take on them, results in a discrepancy with what I understand to be Perennial Philosophy and what seems apparent from a direct experience and pondering on the general subjects (rather than specific expertise in the contents of The Book of the Dead, for instance).

First of all, my first serious introduction to esoteric studies was through Blavatsky’s The Secret Doctrine, which I grew to respect a lot without necessarily believing everything it asserted —something the author of the work herself constantly stresses is relevant here: she admits to the fallibility of her writings and constantly reminds the reader she is interpreting and re-transmitting what she thought was an ancient set of teachings. This attitude and approach were more valuable to me in this area of intellectual inquiry than any claims to complete validity (which are only marginally supportable in the social sciences —including History).

Secondly, I received a rather brief but effective introduction to the premises of Perennial Philosophy by a scholarly friend who had spent some time studying them and adhered to them. Our conversation was especially effective because we quickly came to the points of contrast between what I had taken (and personally interpreted) from Blavatsky and the views of Perennial Philosophy behind which my friend stood in a more reasonable and conservative stance than my own burgeoning and militant attitude regarding what is and what can be.

Lastly, my foremost reference regarding the idea of a Tradition from the Golden Age and beyond comes from Julius Evola’s Revolt Against the Modern World. Evola is sometimes mentioned by those who adhere to Perennial Philosophy, but he was not himself an adherent in the same way that Alduous Huxley, for instance, was. The degree of compatibility extends to where all agree that there are teachings and practices from so-called pre-historical times that seek to connect human beings with the greater aspects (whether higher or lower) latent in themselves, and through them towards a greater occult reality. Evola himself, it must be said, was strictly discriminatory between what he found as ‘better’ and ‘worse’ approaches to transcendence; and his specific opinions on those matters I respectfully ponder on and pay attention to although I do not necessarily share.

Most recently, my on-going reading of Gwendolyn Taunton’s Primordial Traditions, Vol I. has brought me back to the subject. Taunton made it possible for me to very clearly see what things my own thought shares with Perennial Philosophy and where the great basic points of divergence are. More of a collection of essays in and around the Primordial Tradition (another, more organic, name for Perennial Philosophy), Primordial Traditions, Vol I. presents the reader with a good introduction to the modern form of a Tradition of and for transcendence.

In general, the greatest value of Perennial Philosophy is as a gateway for scholars into a greater reality, which enables us to also peruse their abilities as researchers, thus excavating and re-discovering much knowledge and teachings in a spreading area of subjects. While a subject remains stuck in the ideas of Perennial Philosophy, he will be tied down by civilized, and thus temporal, thought.


II. Blinded by inclusiveness 


The first thing one notices about Perennial Philosophy is that emphasizes the inclusion of all religious ideas, wishing to see beyond the gaping differences between them. The method followed is not difficult to see: cherry-pick the similarities, especially those that align with tolerance and love (because they are nice and marketable), interpret some aspects to match their vision, and simply dismiss discrepancies and the more violent aspects as temporal cultural distortions of the ‘truth’. Now, besides the obvious difference of opinion, I have no problem with the method itself so long as they acknowledge that theirs is a particular interpretation of traditions as per their own premises and even prejudices; but they do not and as good modern scholars, hide behind the facade of academic pretense to attain the closest thing one can get in the ‘modern age of science’ to a kind of supernatural authority.

Whatever Blavatsky did with Theosophy, I never cared much for; I rather followed the wise advice of an older person in holding on to my own ideas while openly exploring and considering new ones insofar as I could learn from them unbound. At the end of the day, the greatest ‘sins’ to modern eyes of both Blavatsky and Evola, are that they outright rejected Judaism as degenerate, though each in their very own and detailed way. When doing so, they both presented specific reasons that were logical and sound, but most would not accept them simply because today’s status quo demands inclusiveness and brainwashes the population into an emotional need for it.

In hindsight, I find Blavatsky’s approach in The Secret Doctrine to be of a more healthily skeptical and having a scientific mentality than the little I’ve read and heard from Perennial Philosophy. This statement may leave some flabbergasted because Perennial Philosophy is the academically accepted account, which to some of us implies something very different than to others; to the majority, the endorsing by at least a certain percentage of academia means there is a degree of ‘objective truth’ in whatever is being endorsed; to others of us, it only signifies that the ideas do not present a direct or drastic threat to the modes of thinking typical of academia grounded in intellectual discourse and tolerance. In other words, academic endorsement in the social sciences is more of a political and emotional marker than anything else.

The most important point of divergence for my own thinking lies in that while Perennial Philosophy asserts that the differences between religions represent the re-discovery of exact same eternal truths through the lenses of individuals in different historical and cultural contexts that distort those teachings, Blavatsky rather posited the idea of a “Secret Doctrine”, which stood since time immemorial and the knowledge of which sipped through the cracks of not-so-hermetic circles of keepers and adherents to take on interpretations and forms that were closer to the truth in different degrees. Basically, where Perennial Philosophy offers a picture of all religions singing Cumbaya in a circle of irrelevant and superficial differences (a similar dismissal of racial differences is advocated by Politically Correct scientists) that ultimately has no bearing upon the ‘inalienable truth that all of them connect to’, Blavatsky talks about religions that got it certain things right and other things wrong, religions that were simply degenerated beyond recognition, and those that maintained a semblance of the original teaching.

One acquainted with Evola’s Revolt Against the Modern World might notice the similarity in at least this admission of religions differing in terms of relations to the truth rather than simply being equally valid yet distinctly reflecting versions and interpretations of it. Where the one emphasizes reality and human fallibility, the other swims in a mystic pool of happy feelings that wishes to grant equal footing to the ‘subjective opinion’ of all religions.

In holding on to a kind of democratic/humanist ideal in mind, the Perennial Philosophers argue for this dream of human-wide brotherhood, even if they do not themselves like democracy or humanism in themselves; the reason for this is that the disease behind them is the same: the unwillingness to see that there is better and worse, even though this leads to the danger of mass prejudices. Modern intellectual types, especially those involved in academia and recognized by society as authorities have a hard time discriminating against certain kinds of characteristics; in today’s world, you can discriminate against political ideas and such, but you should not make differences of race or belief a central subject in anything. Truth and reality in all this is utterly unimportant; thus we distinguish…


III. Not far enough in either direction


Typical of any idea on spirituality that is well-received among circles of academics and well-to-dos, the present ‘Perennial Philosophy’ / ‘Primordial Tradition’ is theoretically one of commitment but mainly one of moderation where the typical social norms of the time are left relatively respected; never mind the more extremist solutions placed forth by those who would act in the plane of the relevant; never mind even those crazy and (oh, the Horror!) of those  shady and less than acceptable connections of Evola.

The desire of Perennial Philosophers to be accepted leads them to put logic aside in place of rationalizations (these two are not the same, for those not paying enough attention). They talk about faith and the necessity of pragmatic asceticism, both of which I would agree in a way, it is not so in the extremist or wholly committed way that would break rightfully and inevitably break this society apart and bring the opportunity of reconstruction. What is more, because Perennial Philosophy is primarily academic and over-intellectual  it is at the same time in a constant fear of not being deemed reasonable enough.

At the end of the day, it is not logical and skeptical enough as to uphold reason completely, nor is it fanatic enough to attain the occult power of the true ascetic. It defends this mediocre stance by stating that art and religion escape logic and reason, and that it thus can only be apprehended but never understood. With this, I might generally agree, but again, they do not go far enough; they do not go far enough to understand that all such divergences in perceptions are the illusion, and that even if they acknowledge it in words they are not actively realizing that all reality is one.

If art and religion have a connection to human reality and emotion, there is also a logical (because structured) explanation to it that does not demean or decrease its power and truth. In reality, everything with an order should be explainable logically; that we cannot explain the next level only points out a present limitation in our capacity and understanding.

 

A Second Comment on Perceiving Music

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The present is a follow-up to a previous article on musical perception via a discussion of the nature of music and the unfortunately common misapprehensions and misapplications thereof. This time around, certain liberties will be taken with an esoteric bent in the words that reduces the needs for incomplete systematizations but places a greater burden on the reader. It requires more willingness to consider, exploration of new concepts and angles, and perhaps some meditation. May this lazy, but thoughtful, writing reach such worthy readership willing to indulge the writer’s indications, directions and point of view to reach an understanding through and beyond it. Furthermore, the contents should be taken on their own merit, for by stating this or that there is no presumption of infallibility or unearned status, although the writer has a degree of trust on the changing conceptualizations presented here.


§ The musical experience as a natural unveiling


From an esoteric point of view, the acts of bringing music into being and that of perceiving it and apprehending it are not only complimentary, but in many ways similar. This can only be understood when we see the art of musical composition as a discovery of something that is already in existence in a different plane of perception rather than a forceful and capricious construction of sounds. The difference between the former and the latter lie in the sensorial scope of each, for while the first uses the physical senses as doors that connect to an inner apparatus that derives, rather than associating, images and concepts with the full experience of music along its different dimensions 1, the second limits itself to the sensuality of the impressions while taking a leap of faith towards outwardly imposed (via lyrics, explanations or crude visual aid) abstractions.

To better understand how an artist might discover his own compositions rather than fabricate them, we may return to a discussion of how musical theory comes about and how it should be applied. In lieu of taking theory as an artificial set of rules, we must see it as arising as a posteriori classifications of a cumulative, recorded series of experiences throughout the lives of many composers both great and otherwise. The development of this system of observations was not achieved as an imposing standard at first, but as a series of attempts by generations within a certain group of related cultures (all under the banner of the Western European spirit affected by Christian ideas) to crystallize structures of sounds that gave certain impressions to the most learned and accomplished minds of their time.2

As an artist, the deeper act of composition is a tying together of an inner search for a unitary collection of mental impressions and logical ordering that through the physical laws of sound in nature approach a recreation of the first. The former’s goal is a scene or situation, a being or a force peering behind the foggy veil of night-time consciousness lets through to rational apprehension. This going to and fro depends on the one hand on the artist’s openness to ‘listen’ to the cosmos at its rawest through the depth of his own soul, and on the other hand to his conscious understanding, based on trial and error, of the workings of sound. Here is a three-way discussion in which the artist serves as mere mediator whose worth is decided by the depth of his vision and the quality of the articulation of what has been seen. Thus does music theory itself arise, by exploring the mutability, flexibility and confines of the physical properties of music in trying to reproduce what the human mind grasps, feels and perceives as transcendent.

The listener, on his side, has only one firm anchor: the theoretical body of knowledge on musical construction3, and the depth listener’s own general understanding thereof. The essence of the transcendent that was decanted into the musical work can only be reached insofar as the listener can emulate the bridge through which such transposition happened. That essence was filtered through the being, qualities and talent of the artist. Even though said emulation, moreover, will be of necessity always imperfect, the defining features of a landscape may be discerned by different onlookers even as they stand in different locations and experience something unique. Correctly apprehended, the music itself should be able to produce variations on a transcendent theme, as it were, without any external aid or dogmatizing.

Knowledge of the nature of sound and music that was mentioned before and which would serve as the only sure anchor to begin with for the listener does not mean that theoretical expertise of a standard nature is absolutely necessary, although it would certainly provide a useful tool in the right hands. Understanding of that nature of which we speak can be developed through time and practice by perceiving music as more than just its sensual effect or the abstract elaborations that some may want to tie to that sensation. The way towards proficiency as an artist or a listener is no different than that of other specific skills. It involves a constant self-honesty, a dedication to honing one’s vision and abilities, and an incessant challenging of oneself to further limits determined with judgement. This, the writer presumes, is also the way to a kind of ‘musical adeptship’.


1 A unified totality that includes different angles and ways of following the work. These different ways of exploring, seeing and sensing must ultimately come together under manifested reality.

2 Here we see a great contrast to modernity, where the masses rule, and the chthonic and unconscious spirit of demos takes art to its lowest levels of expression and significance. While perhaps then that judgement was affected by an unbalanced, cloistered and Aphrodistic devotion, the inner heart of the black metal spirit may provide a different pole that regresses in grandeur and expressive power but cuts away pretension and the dangers of the classical Western European tradition that slowly spiraled out of control after Beethoven’s time.

3 This should not be a reason to categorize the elements of the musical experience into the illusory ‘subjective’ and ‘objective’ classifications that allow the blind and the weak to get away with a denial of reality in the former case and an imposition of an abstraction over said reality in the latter case.

Remember that you’ll die

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On approaching the end of the year, many feel drawn towards either the superficial self-assurance, or a fatalism that is the result of mechanic lives guided by motivations completely divorced from a conscious “spiritual” goal (read as materialist; unconscious animal drives). For most people these seem to blend into one, and if they are religiously inclined, they fall into extreme opposites in the spectrum of balanced considerations. Whatever the delusion at hand, few actually make a real commitment that translates into action for the following cycle. Pure, materialist and utilitarian atheism, falls by its own weight. If you consider yourself merely a big-brained monkey, then you’ll probably act like one.

On the typical religious side of the current era, we are reminded by Christians that we must be thankful for the “birth of Jesus”, even though they do not understand half of what that means, reducing it to the dead-letter fairy tale they read in their holy book. Does repentance and resolution mean anything if there is no actual change? Conversely, pseudo-Satanists (also known as “spiritual” or “theistic” Satanists, indistinguishable from civil sheep except for a particular kind of speech and a unique kind of pretension) will further indulge in their (often misplaced) pride and revel in an infantile blindness that mirrors the Nazarene dogma in an inverted position. In truth, two sides of the same coin; equally self-indulging, equally self-excusing, and equally mediocre.

If you’ve made it this far, it may be that you are very well suited for nihilism. This should be, in short but not limited to, constantly reminding yourself that you will one day die (at least your physical part, and your ego probably as well, as far as we can tell for sure), and consequently reorganizing your life and its priorities to get the best out of it. Part of this includes not staying stuck in the sentimentality arising from the first step (the frequent remembrance of your mortality). The second is understanding how unsuited a materialist mindset is to experiencing life: money and possessions truly do not bring a lasting feeling of accomplishment or happiness. The third is throwing away systems of spirituality as ways to truth, for the key to the mystery lies not in a book or the words of a master, but in your experience of life and your mental digestion thereof. That is not to say that there is no value in following a system, for discipline is necessary to get anywhere, but to not confuse the tool for the work. Go out there and have some “fun” (cause problems)!

In this spirit, here is a list of records to finish the current year with a soul-cleansing, ego-dissolving albums.


possessed seven churches

Possessed Seven Churches

A classic and a perfect example of what underground metal is, in musical terms, Possessed brought something in this album which was simultaneously more than some could handle, and yet too little pretension for those who wanted “the real deal”. That is to say, Seven Churches does not take its own concept completely “seriously” as to indulge in it, but it does take its treatment of it as a representation of something within reality, seriously. The result is an unstoppable barrage of massive riffs that do not properly spell out “evil”, but rather the physical, raw side of violence and affront which knows no descriptions or appellations. Seven Churches should always stand under Bathory’s The Return, as a backdrop to it, providing the shadow of something more mundane perhaps, but also as a reminder that symbols are symbols, that names are names, and experience and action are everything.


profanatica collection 2001

Profanatica Collection 2001

This is a wonderful series of re-recordings by Paul Ledney’s Profanatica, the evolution of Havohej. We see some new versions of Havohej songs as well as songs in the developed style of Profanatica. Profanatica later would reach the peak of their outer style with Disgusting Blasphemies Against God, only to be followed by the kind of great work that clearly goes beyond all of the project’s limits and signals the end of it all: Thy Kingdom Cum. In this Collection from back in 2001, we hear a delicious balance between the raw, blasphemous torrent of Dethrone the Son of God and the refined aesthetic that Profanatica channeled it into a few albums later. Interestingly enough, the first album is not as good as this first official(?) recording. The sound is particularly damp, but clear. Its murkiness emphasizes overtones and provides it with an atmospheric depth that the clearer recordings in the official albums, which make them sound a little thin as the distorted guitar cuts through open space, lack. Profanatica embodies blasphemy as a pathway, a cleansing in itself. Not the embrace of an inverted religion for its own sake or the satisfaction of the ego, but the destruction of pretension and the questioning of one’s own limits. Take from it what you will, the burden is, after all, on you.


Don’t forget to listen to lots of Hellhammer, lots of Bathory, and definitely lots of Burzum.

P. S. Some awesome recommendations picked up elsewhere during this year; some of them seem to be on the more real side of what could approach an actual Satanism without pretensions and more action, but who knows? The music, however, speaks tons:

  • S.V.E.S.T. Veritas Diaboli Manet in Aeternum [GOLD, an application of actual progressive-symphonic composition to satanic black metal.]
  • Riddle of Meander End of All Life and Creation [Perfect, dark atmosphere; maintained through quiet but well-developed aesthetic. Something is hidden under these seemingly still waters.]
  • Katharsis 666 [Pure destructive onslaught; nondescript, yet driven, highly concordant and dense in content. Painfully delightful!]
  • Uruk Hai Archi Catedra Nigra Diaboli [Standard, but good. Nothing new per se, an aesthetic channeling from early Darkthrone and Graveland that coalesces into a very atmospheric story-telling affair of its own.]
  • Desolation Chorus from the Ruins [Bloody, obscure and unique ambient.]
  • Kaeck Stormkult [Simply, one of the most solid black metal albums in recent years. Classy, elegant minimalist and focused raw channeling.]

And don’t get lost in the labyrinth! 😉

ONLY DEATH IS REAL

It happens more frequently, as has been implied, that a scientific head is placed on an ape’s body, a subtle exceptional brain above a common soul—an occurrence by no means rare, especially among doctors and physiologists of morality. And whenever anyone speaks without bitterness, quite innocently, of man as a belly with two different requirements, and a head with one; whenever anyone sees, seeks, and wants to see only hunger, sexual desire, and vanity as the real and only motives of human actions; in short, when anyone speaks “badly” about man—and not even wickedly—, the lover of knowledge should listen subtly and diligently, he should altogether have an open ear wherever people talk without indignation. For the indignant and whoever, with his own teeth, perpetually tears and lacerates himself (or as a substitute, the world, or God, or society) may indeed, morally speaking, stand higher than the laughing and self-satisfied satyr, but in every other sense they are a more ordinary, more trivial, more uninstructive case. And no one lies as much as the indignant do.

—F. Nietzsche, Beyond Good and Evil, ‘The Free Spirit’


Record / Release of the Year:

ABYSSVM OBSCURE ERA

 

La Ilusión de la Sociedad Secular

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I. Religión, espiritualidad y materialismo


Hoy en día, nos parece normal hablar de la separación del estado y la religión, pues es bastante obvio para cualquiera que los ve, que son cosas separadas. Sin embargo, no siempre fue así, y no porque estuvieran arbitrariamente unidos de una manera inadecuada, pero porque hubo un tiempo en que los líderes de grupos humanos fungían como un centro racional y moral, que no eran sacerdotes per se, pero idealmente si ejemplos de rectitud y fortaleza unitaria. Con el paso del tiempo, migraciones y mezclas culturales ocurrieron, cambios de vista, todo fue cambiando. En cierto momento se percibió una separación de las cualidades y se admitió que algunos eran más aptos para la acción y otros más sensibles y receptivos a la contemplación. Así comenzó la disolución del hombre completo.

Una vez que tenemos un compartimiento separado para algo llamado “religión”, a la cual nombramos como una parte de nuestras vidas nada más y no como la vida misma, ésta se vuelve sujeta a cambios caprichosos de opinión y excusas. Se le puede poner a un lado pues es solamente un tipo de código que existe ahí para hacerte sentir mejor o darle un centro a la vida de la manera que a uno se le antoje. La llamada espiritualidad tipo New Age no es muy distinta, aunque quienes se adhieran a ella pregonen algo muy distinto. Los que luchan por llevar una vida honestamente apegada a sus creencias “religiosas” son llamados “fundamentalistas” con un aire de disgusto. Pero quienes los llaman de esta manera mientras conservan sus propias ideas “moderadas” no son sino acólitos del templo del materialismo.

El ser materialista hoy en día es fácilmente confundido con ser “realista”. Siendo éstas son dos cosas muy distintas, es difícil hacer que el vulgo lo entienda, o que el que quiera entender otra cosa, preste atención. Al final solamente aprendemos cuando queremos y con mucho esfuerzo. Somos maestros del arte de engañarnos a nosotros mismos.

Al estar separada la religión de la vida moderna y de preferirse una vida libre de moralidad, o de una moralidad basada en sentimientos superfluos, surge una sociedad secular. El engaño está en que no es posible para el humano no creer en algo, aunque esto no sea llamado “supernatural”. La confianza siempre ha de ser puesta en algo, aun si esto fuese nada más, por ejemplo, una fé personal en la bondad humana. Se ha creído firmemente que al barrer símbolos y demás tradiciones nos hemos desecho asimismo de supersticiones y de el lado obscuro de la humanidad. La única diferencia es que se cambian un tipo de supersticiones clásicas y supernaturales por nuevas basadas en propaganda política, indoctrinación escolar y pseudo ciencia (aún cuando viene de entidades “oficiales”).


II. Daemonus ex machina


Es importante aclarar que el presente artículo no es una apología de la religión, sino más bien una observación de la ilusión y el engaño escondido detrás de la creencia que al cambiar las palabras que usamos o ignorar las sombras de la mente individual y colectiva estamos de alguna manera corrigiendo un problema. El tornar ojos ciegos a los problemas que el lado sensible y espiritual considera no hace que estos se retiren, pues no fueron causados por los sistemas que hablan de ellos.

Si bien es cierto que ciertas religiones se desarrollaron de manera militante y promueven un desarrollo torcido dados sus orígenes artificiales (El Judaísmo y sus descendientes en el Cristianismo y el Islam), hay muchas de las llamadas “religiones antiguas” que no eran sino nacidas de las interacciones de poblaciones con su entorno y los demás humanos en la localidad. El desarrollo de lo segundo contrasta con lo primero pues al ser formado naturalmente, van quedando atrás las prácticas que no dan resultado positivo simbiótico con la naturaleza circundante y los cambios psicológicos individuales y sociales.

Ahora bien, establecido que creencias y tradiciones desarrolladas de manera natural son una respuesta a percepciones psicológicas y estructuras sociales, podemos ver claramente que al removerlas no se solucionaría nada sino que se pondría algo en su lugar. El demonio sigue moviéndose bajo las aguas, solamente que ahora no tiene otro nombre más que “problemas”. La sociedad industrial, al verse deshecha de estas “supersticiones”, se lanzó a tratar al hombre como una máquina de producción, y a responder a sus problemas mentales con drogas (ilegales o “médicas”), cubriendo así una esclavitud en una escala sin precedentes.

Sobre esto, se recomienda al lector dirigir su atención a Jung como guía de desarrollo, y dejar a Freud como un ejemplo de la mente del humano más podrido reflejándose a sí mismo.


 III. El espíritu hebreo como pauta de una modernidad destructiva


Habiendo entonces distinguido la futilidad del huir de nuestros fantasmas internos y de la compleja relación sensorial que el humano tiene con la naturaleza más allá de lo que la “ciencia moderna” puede hacer por nosotros (técnicas de terapia psicológica solamente se vuelven un remplazo de lo que anteriormente eran medios llamados espirituales), es importante mencionar la raíz podrida del llamado humanismo que enferma de manera sigilosa la mentalidad humana y destruye al mundo.

El humanismo y el secularismo se jactan de ser separados e independientes de la religión. Poco se dan cuenta que sus valores morales están basados en los siglos de cambios sociales e indoctrinación del cristianismo. Ahora se cree que el “derecho a la vida” es una invención moderna a causa de una mayor evolución social. Pero la verdad es que ese concepto ya estaba en existencia anteriormente, pero no existía la fuerza para controlar a poblaciones inmensas de manera que eso se pudiera hacer realidad. Además de que, pensado de una manera lógica y racional, no hay ninguna razón para otorgarle un sentido de santidad a la vida —esto solamente tiene bases teológicas y dogmáticas. La única base que tiene la sociedad secular es una basada en cobardía y egoísmo: “prometo no matarte si tu no me matas”.

Llegamos al siguiente punto, y es que estas creencias derivadas del Cristianismo se encuentran en su forma original en el Judaísmo, excepto que en esa versión más vieja la única vida santificada es la del judío, el resto son poco mejores que animales y por ende sujetos al uso y disposición de los elegidos. Cabe decir que esta forma de pensar tuvo su origen en una casta de sacerdotes que luchó por mucho tiempo con una población étnica mixta, llamada ahora “semita”, sobre la cual impusieron esta religión de control extremo basada en la culpabilidad eterna, sentimientos de pasivo agresividad y la dependencia psicológica en un padre autoritario. Vemos a través de la Biblia como los hebreos vuelven una y otra vez a las prácticas ritualísticas naturales de la región en su tiempo.

En esta imposición artificial vemos una religión eminentemente fabricada y de una intelectualismo profundísimo que codifica mitos y formas antiguas mientras intenta esconder los viejos arquetipos en favor de una nueva forma de pensar monoteísta. Al surgir la mutación cristiana, esta conquista por una razón muy sencilla: se ofrecía inclusión y salvación a todo el mundo con sólo tener a cambio una promesa de lealtad verbal. Con el tiempo esto cambió y vemos a Saulo de Tarso creando reglas para un Cristianismo sin forma y fuera de control. Es curioso que este perseguidor e inquisidor del Cristianismo haya, convenientemente, tenido una visión que lo transformara de un día para otro en un fiel seguidor. Vemos como se transforma y se controla el renunciamiento, sacrificio y ascetismo extremo del mensaje original en algo muy parecido a un mitraísmo pacífico.

El Cristianismo se convirtió, entonces, en un Judaísmo-Lite y purgado de las doctrinas más agresivas y llenas de vitriol de su religión padre. Fue una mutación del memeplex en una forma más inclusiva y dócil, con una tipo de iniciación bastante más rápida y sin requerimientos reales (tradicionalmente, de acuerdo al Talmud, uno no es realmente judío sino hasta después de unas diez generaciones de la conversión del antepasado y el gradual acoplamiento de cultura y sangre que ocurre desde entonces). Encima de esto, se le da precedencia al humano ante todo. En el caso del Judaísmo, al judío ante todo y todos, en el caso del Cristianismo, al humano frente a cualquier otro ser o sistema. Esto siembre una semilla terrible sobre la cual se basa el modern uso y abuso de animales, recursos y todo lo que está en vista. Obviamente no todos los religiosos se comportan de esta manera, pero es independiente de su religión y no a causa de ella.

El Cristianismo, como el Judaísmo, comparte una rebeldía en contra de todo y todos porque solamente se reconoce a la figura del Dios omnipotente, produciendo un espíritu de constante sublevación y una falta de centro aparte de la ilusión de una vida después de la muerte. El dualismo que el Cristianismo tomó del Judaísmo, y este de sus antecesores en Mesopotamia, permite a la sociedad cristiana y a la secular que hereda sus valores, continuar con una vida visiblemente materialista mientras, en teoría, vive una vida espiritual interior que parece tener poco efecto sobre su actuar diario. El único centro del cristianismo es su ego humillado en frente de su dios. El caso de Judaísmo es más complicado, pues el que entiende sus enseñanzas logra ver que el pueblo elegido es, esencialmente, el cuerpo del llamado dios supremo.

Dado esto, encontramos una sociedad secular heredando este sentido de megalomanía disfrazada y pasivo agresiva debajo de complejos de inferioridad. Culpabilidad perpetua y la conciencia de ser débil o inadecuado combinado con un sentimiento de tener derecho a todo a costa de todo. En el pensar moderno, dejaremos de sacrificar y abusar de otros seres y destruir el medio ambiente si y solamente si eso no nos quita nuestros juguetes y nuestras conveniencias. El egoísmo de esta forma de pensar los lleva a pensar en sí mismos como un elemento separado que requiere satisfacción y protección a costa de todo, en esto vemos la semilla del Comunismo. Al entender las religiones anteriores al Judaísmo del cual tomó algunos de sus patrones, vemos que el Judaísmo y el Cristianismo representan versiones “liberadas” o desenfrenadas de aspectos egocentristas y fijados sobre el humano común, que luego en ciclos de constante rebelión muta hacia tendencias “humanistas” que toman varias formas abominables, unas más obvias que otras.


 IV. Un retorno a la unidad de percepción


Antaño, y en un tipo de tradición que sobrevive en algunas areas rurales y entre ciertas personas más despiertas, se creía que la naturaleza y sus fuerzas habían de percibirse en el vivir, sin necesidad de nombres o formalizaciones. Una reverencia en balance y silencio que se acopla a lo que se observa y se percibe de las leyes y ritmos naturales. El interés puramente especulativo y el formalismo ritualista que no es más que una pantomima, es una marca clara de la decadencia y vacío del presente. Mientras los rituales no sean más que rituales, mientras el interés en el estudio y comprensión no lleven una intención viva con transformación en mente, todo es sólo distracción y un juego peligroso en el que no se sabe con que se juega (como prueba el “progreso” científico e industrialista, carentes de escrúpulos y de visión muy corta).

Una visión en el horizonte tampoco tiene cabida para el engaño de la democracia y en cambio pide que surjan héroes con visiones y capacidad para tomar decisiones que pongan el bienestar holístico y total de la humanidad y su comunión con el entorno de primero, y no el capricho o miedo de millones de personas con opiniones contradictorias. Los consensos por lo general son compromisos que medio satisfacen a los humanos pero que usualmente no solucionan nada en la realidad ni detienen acciones nocivas (véase el tema de la caza de ballenas, por ejemplo).

Comprende esta forma de pensar también que hemos de apreciar esta vida como potencialmente lo máximo y lo total. No en el sentido moderno en el cual cada persona solamente quiere pensar en sí misma, sino también en el comprender que al trabajar por algo más grande y hermoso que nosotros solos, como ser el futuro sano y fuerte de la humanidad, la vida propia se enriquece. Dentro de esto cabe también el fomentar el desarrollo de fuerza y maduración de las personas en lugar de la auto humillación, culpabilidad perpetua y sometimiento al padre invisible altamente nocivos del Judeo-Cristianismo.

Ya que el materialismo no puede proveer de ninguna manera nada más que egoísmo, sentimentalidad superficial y fatalismo, lo que necesitamos es una comprensión trascendental, por medio de el cual no se admite lo que no se ha encontrado (como ser dioses antropomórficos), mas tampoco se cierra la mente en la dirección contraria pidiendo que todo se acople a una forma limitada y cuantificable de inmediato. No se implica con esto una clase de panteísmo, lo cual es poco mejor que un espejismo y variación de un materialismo bañado con manto de eufemismos espirituales, poco mejor que el Catolicismo moderno. Se ha de tener en mente la posibilidad de la existencia de canales de causa y efecto mucho más complejos de lo que imaginamos, llevándonos así a un actuar cauteloso y respetuoso sin necesidad de “pruebas”.

Se ha de dejar atrás esa forma de pensar “meramente humana” por medio de la cual se excusan nuestras faltas y se reclama todo a favor del individuo como si el respirar lo hiciera merecedor. El sentimentalismo en sí no ha de guiar las decisiones, sino un sentir por más que solamente nosotros o aquellos, más que por sólo el ahora, mas el ahora y el nosotros en función del todo y el porvenir. En esto hay algo de lo verdaderamente heroico, que no se ha de confundir con la idea trastornada del héroe moderno que no es más que una forma del mártir cristiano que se vuelve grande por virtud del sufrimiento o muerte en sí. El héroe va a por resultados y excelencia donde cuentan, y donde la vida se encuentra realmente, no en la ilusión de las palabras, los títulos o los “logros” simbólicos.

Por último, el vivir esta vida como parte lo que somos, una parte de nuestra comunidad, un momento en nuestra línea de herencia, un segundo en la vida de la vida terrestre. No somos ni poseemos vida, solamente tenemos la dicha de un momento de conciencia en el que presenciamos La Vida.

Selecciones de Fin de Año MMXVI

"Volvimos con afán a nuestras lecturas, y repasamos, una vez más, las historias y leyendas de La Antigua, que tan vagamente arrullaron nuestra infancia. Amábamos intensamente aquella ciudad como a una madre misteriosa que nos alimentara de fábulas y de fantasías; imaginándonos que ella transmitió a nuestras almas ese cálido anhelo de lo ignoto y esa irresistible pasión por el pasado que nos embriagaban de ilusión y de dolor. Por ella, sin duda, por haber nacido en su seno fecundo en quimeras, éramos tan vibrantes, tan sensitivos y tan torturados por el implacable torcedor del pensamiento. Por ella nos amábamos con un amor tan intenso y tan dulce, sobre el que sentíamos pasar un soplo trágico, aún en nuestras horas más puras y deliciosas. La amábamos quizá con más dolor que placer, comprendiendo que todo lo que en nosotros se agitaba de extraordinario y de triste, lo debíamos— fuera de nuestro singular organismo, en que se marcara, tal vez, algún maléfico sello ancestral— a su ambiente propicio a las abstractas soñaciones, a su antaño que nos saturó de su fúnebre poesía y a la melancólica belleza de su paisaje, que semeja una florida necrópolis, digna de acoger para siempre en su recinto a las mujeres más espirituales y a los soñadores más ilustres." --Froylán Turcios

“Volvimos con afán a nuestras lecturas, y repasamos, una vez más, las historias y leyendas de La Antigua, que tan vagamente arrullaron nuestra infancia. Amábamos intensamente aquella ciudad como a una madre misteriosa que nos alimentara de fábulas y de fantasías; imaginándonos que ella transmitió a nuestras almas ese cálido anhelo de lo ignoto y esa irresistible pasión por el pasado que nos embriagaban de ilusión y de dolor. Por ella, sin duda, por haber nacido en su seno fecundo en quimeras, éramos tan vibrantes, tan sensitivos y tan torturados por el implacable torcedor del pensamiento. Por ella nos amábamos con un amor tan intenso y tan dulce, sobre el que sentíamos pasar un soplo trágico, aún en nuestras horas más puras y deliciosas. La amábamos quizá con más dolor que placer, comprendiendo que todo lo que en nosotros se agitaba de extraordinario y de triste, lo debíamos— fuera de nuestro singular organismo, en que se marcara, tal vez, algún maléfico sello ancestral— a su ambiente propicio a las abstractas soñaciones, a su antaño que nos saturó de su fúnebre poesía y a la melancólica belleza de su paisaje, que semeja una florida necrópolis, digna de acoger para siempre en su recinto a las mujeres más espirituales y a los soñadores más ilustres.”
–Froylán Turcios


§ Algunas palabras


Se ha decidido aquí seguir el espíritu que se adjudica esta empresa de arte y su curación: sub specie aeternitatis. No pondremos aquí ningún trabajo que no creamos digno de ser recordado para la posteridad como un trabajo total, no solamente satisfactorio sino como una obra sin reproches, total, holística, coherente y contenida dentro de sí misma.

En esto sigo mi propio sentido, el cual es falible, además de que estoy seguro de no poder estar al tanto de todas las publicaciones del mundo. Hay tanto ruido y estorbo que es muy difícil tener el tiempo para encontrar lo que realmente vale. De cierta manera, los álbumes que resaltaré son meramente el reflejo de mi gusto y criterio en este momento. Le dejo la labor más dura y objetiva de seleccionar el “mejor metal del año” en distintos grados a individuos que tradicionalmente lo hacen muy bien. Me tomo la libertad también de incluir algunos álbumes que no se publicaron en este mismo año pero que descubrí o redescubrí en los últimos meses, tomando inspiración del método de otros.

Dicho esto, cabe mencionar que aunque la música usualmente muestra su valía real después de muchos años, es posible, con algo de experiencia, juicio e intuición, discernir a que le falta una chispa de talento o inspiración original a nivel musical de primeras a primeras, y a lo que podemos dejar en un tal vez. Contra esto habrá mucha vociferación impertinente e ignorante “igualitaria”, pero eso tiene poca importancia.

Para cerrar, es pertinente aclarar que si bien aquí nos concentramos sobre música metal de un tipo y orientación bastante específico, este no es un sitio acerca de metal per se, pero si sobre metal y otras clases de formatos como canales y medios hacia ciertos sitios y estados mentales. Queda como tarea de cada lector y oyente descubrir cual es la dirección y espíritu mencionados.


§ Fantasmas del pasado


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Abyssum — Obscure Ages

 Esta es una serie de demos grabados en un ambiente crudo los cuales fueron luego editados, agregándoseles capas de sintetizadores y efectos. Las grabaciones originales se hicieron entre los años de 1996 y 1998. Su compositor las guardó todos estos años hasta que llegó el momento, hace unos meses, en el cual le pareció propicio sacarlos a la luz.  Se imprimieron copias limitadas y se han distribuido localmente adentro de Guatemala nada más, aunque habemos algunos que tenemos los dedos cruzados por tener la oportunidad de tener una copia en nuestras manos.

El autor tiene la fortuna de estar, todavía, en las buenas gracias del artista detrás de este proyecto tan enigmático como obscuramente cautivador. Dicha situación ha hecho posible que se pueda escribir aquí un comentario corto después de haber experimentado la que es posiblemente la obra más obscura de Abyssum hasta la fecha. Cada una de las grabaciones de Abyssum son evoluciones de temas cuyos esqueletos e ideas principales fueron compuestas a mediados de los años noventa. Sin embargo, en las Edades Obscuras hay mucho material que no se escucha ni en grabaciones anteriores ni posteriores.

En general, hay algo tenebrosamente fino acerca de la música de Abyssum, pero entre la locura minimalista de los arreglos y los efectos muy bien planeados se suscita aquí una atmósfera incomparablemente terrorífica que ha hecho correr escalofríos por mi espina cuando capturo sus momentos y detalles con atención y en el estado mental correcto. Mientras que en Thy Call lo que encontramos es un adentramiento en la imagen astral de los bosques y montañas, y en Poizon of god algo como una emanación e influjo de los ritmos celestiales a través del vacío infinito, en las Edades Obscuras la palabra que más se asoma en mi mente es específicamente BRUJERÍA. Suave, sutil, aterradora, desgarradora, fatal y sensual brujería. La brujería como el poder humano en comunión con el subsuelo, el agua, la sangre y la luna.


Graveland — Carpathian Wolves – Rehearsal 1993

 Podría parecer excesivo el traer un demo de Graveland a colación en el año 2016 si las publicaciones oficiales de la banda en aquellos años, incluyendo el Carpathian Wolves original de 1994, ya eran poseedoras de ese famoso necro-sonido en las dosis perfectas, que permitía que se escucharan los instrumentos claramente mientras atacaba al oyente como lobo que escupe un aullido en su cara. Sin embargo, habemos quienes encontramos el valor en demos y ensayos siempre y cuando el contenido musical se encuentre allí, los cuales dejan ver cierto grado des espontaneidad y creatividad momentánea que generalmente se neutraliza durante la grabación oficial para obtener un producto más formal y firme. Siendo así, es posible que lo que encontremos aquí no sea para todos; quizás demasiado acuoso o lodoso, lo cual es mucho decir considerando el suculento sonido del álbum oficial.

No hay vocales ni sintetizadores en las seis de las grabaciones del ensayo principal, permitiéndonos así apreciar la música en detalle. Se muestra, en mi opinión, notablemente más flexible y viva que la meditación constante y repetitiva que notamos en el Thousand Swords que le sigue a este álbum. Son, definitivamente, experimentos muy distintos que muestran a un Robert Fudali de mente exploradora e inquisitiva respecto a las dimensiones y límites de su sonido único. El ramaje frondoso de su estilo ha sido plagiado sin obtener los mismos resultados, por estar este tan fuertemente arraigado en la personalidad del artista que sirve como suelo invisible mas rico en nutrientes.

Carece quizás, este ensayo, del tono más militante que vemos nacer en el álbum oficial, mas por los espacios naturales creados en un ambiente vivo y situación menos controlada o editada, sentimos el culebreo de la energía cruzar la obscuridad y el rayo que parte de la tierra que pisamos surgir en torcida columna atravesando nuestro cuerpo hasta tocar cielos y nubes sobre nuestra cabeza. La sensación que podemos capturar es acaso menos compacta, pero por ende más liberada, más expansiva y no menos clara. Las curvas se describen más claramente, el respirar del músico es palpable y el contraste entre los parajes visitados más pronunciado sin causar un choque que le reste a la naturalidad enfática del desempeño.


§ Redescubrimiento y coronación


Burzum — Filosofem

 Aquellos quienes aman la música de Burzum siempre están en constante debate en cuanto a cual sería el álbum definitivo del proyecto. La inquisitiva nunca ha tenido, ni por cerca, una respuesta definitiva. Entre más cercano se es a la música de Burzum, el individuo mismo tendrá épocas en las que se acerca más a una de sus obras y otras en las que pareciese migrar hacia el sentimiento de alguna posterior o anterior. Al ser comparado la presente obra con las anteriores se puede vislumbrar un sentimiento de opacamiento, maduración y finalidad.

En aquella época éste fue el último álbum de metal que se publicó bajo el nombre del proyecto; la mano escribiente estando tras las rejas por crímenes cometidos y no cometidos haciéndolas de chivo expiatorio, tornó su atención entonces hacia la música sencilla de sintetizadores. Se ven en Filosofem, antes de ese cambio, una colección de influencias que ya han sido refinadas y destiladas al punto que su forma manifestada es innegablemente Burzum, tanto en su formato black metal “atmosférico” como se le conoció después, como en las pistas de guitarra eléctrica ambient tanto como en su extraña y muy repetitiva pista a lo dungeon synth cuyas sutilezas pocos saben apreciar y mucho menos utilizar.

Es un hecho casi indiscutido que Burzum representa una influencia inmensa para todo el género, pero pocos entienden la relevancia musical y ultra musical que emana mucha de su música. Muchos son los que se ven confundidos por la aparente simplicidad de la música de Burzum, pues su complejidad no se encuentra en el exterior, en la rapidez de dedos o en el amontonamiento de arpegios, sino en la evolución perceptiva y natural de pistas y obra entera. Sus álbumes son monumentos vivos a la creación orgánica y unitaria del universo, especialmente en su expresión de vida terrestre.

Filosofem, cuarto álbum de una serie de clásicos irrefutables del género, fue grabado cuando su autor, Varg Vikernes, acababa de cumplir los 20 años de edad. Arrogante individuo, sin lugar a dudas y con mucha razón, mas de inmensa valía.

burzum filosofem lp inside


§ Susurros de la Serpiente


S.V.E.S.T. — Veritas Diaboli Manet in Aeternum

Fácil es confundir este monstruo de obra con la bazofia que compartió un espacio con ella cuando se le lanzó en un split con los charlatanes de Deathspell Omega. Mas cuando se le inspecciona en detalle, tanto de manera técnica en cuanto a su composición así como en la percepción intuitiva de su flujo y proporciones, descubrimos en la mitad de S.V.E.S.T. una articulación musical coherente, aunque algo alocada, en una sucesión de momentos atados de manera suelta pero temática, con varios riffs aparentemente creciendo a partir de raíces motíficas similares. La curva narrativa se mira afectada por distorsión compositiva y la necesidad de expresar lo diabólico que ha de ser, por necesidad interna, confuso y arrebatador.

Podríamos delinear similitudes de aura e intensidad entre esta obra de S.V.E.S.T. y el Channeling the Quintessence of Satan de Abigor la cual, al menos en mi mente, intenta traer a nuestra esfera la misma clase y calidad de energías. Pero donde los franceses pisan cuidadosamente cada frase de invocación, los austriacos parecieran tomar la ruta de un caos más literal, como en un ritual de frenesí. En aquel punto no había Abigor abandonado todavía toda metodología respetable de música y logró así crear una metáfora de ese desorden y energía desenfrenada en una creación plasmada en detalles rococós. S.V.E.S.T. se muestra más sabedor de su arte y encaja metáfora, propiedad musical y trascendencia holística en una obra de black metal que se aproxima a la metodología del rock progresivo original de la década de los setenta.


El peligro uiene en ſuaves ſilbidos,
cortos e non tan prolongados, quebrando
la ſerenidad del qve lleua, ſu ignorancia
con paciencia, qve a la precaución enajena.

¡Criatvra de mis fatales paſiones,
indolente ante el deſcuidado qve tvrba,
tvs dominios alçados por tvs intentos
de preuenir, el pie qve pueda mancillar tv ondulante forma!

E en la negrura de la naturaleza,
qve deſprende ſus formas, temible e miſterioſas,
ſobreſales uictorioſa, con tv hechizante cola,
qve ſe agita, commo campana caſcada de vna ygleſia oluidada.

E en tv ira pendiente, mueſtras, patrona de las tragedias;
la curuidad ſutil de tvs marfilados colmillos,
donde la mverte ordeña con paſión e eſmero,
tvs tan conocidos e temidos venenos.

E eb el uiejo edén, donde los amantes de las primeras luxurias,
enſayaban nuevos placeres, para extaſiar, en completo delirio,
a ſus fiel eſpectador, de naturaleza mórbida,
qve obſerva en las alturas, ſu reino lleno de arrepentimiento,

diſte, a los tendidos amantes, luego de vn gozo prolongado,
la tentación inmenſa de vn ardor curioſo, mas tentador,
qve el ardor qve deſtilan dos cuerpos diſpueſtos a vencerſe con paſión.

—’La Serpiente’ de Adamas Noctum, El Fuego del Shalhebiron


§ Ecos de un tiempo mejor, acaso olvidado


vindalv

Vindalv — Æptir Pushende Ar

Un mágico viaje se nos presenta en un formato conocido por algunos como Dungeon Synth, lo cual de por sí define ya el tono sombrío e impersonal característico de este genero. Algunos describirían esto como melancólico, pero ésta no es precisamente la palabra adecuada. El tono y la atmósfera no se limita al sentimiento de un ser, y parece más bien envolverlo todo y encarnar el flujo de energías en dimensiones espaciales y temporales eónicas. Vindalv, sin embargo, nos cuenta más ayudados por una fineza técnica en la composición que les permite modular más y también hablar de algo más cercano a la perspectiva humana, al menos cuando ésta dirigía su atención a sus alrededores naturales y no había sido entorpecida por la tecnología.

Hay mucho que explorar, experimentar y absorber en Æptir Pushende Ar, aunque parezca este haber sido olvidado en las mareas del tiempo. El tipo de obra musical merece ser olvidada por todos menos quienes la puedan apreciar. No vendría a nada distribuirla entre más personas que seguramente no comenzarían a poder apreciarla. El curar música oculta que nunca fue producida a nivel comercial o masivo es la protección de tesoros escondidos. Joyas de mucho valor espiritual e introspectivo se han de encontrar por nosotros y por generaciones en el futuro para inspirarlos en vida y obra propia.


Knut Hamsun — La Bendición de la Tierra

La historia de este libro trata de la llegada de Isak a una región de bosque apartada de Noruega cuya habitación más cercana es un pequeñísimo pueblo que yace una distancia considerable. Seguimos su vida, su esfuerzo, sus pesares y sus triunfos a través de décadas. Mas no es este una historia sobre dramatizada o afectada, más bien notamos que el énfasis del autor está en el valor del sobrellevar obstáculos, sin negar ni aminorar en su narración la gravedad de las circunstancias. Es también La Bendición de la Tierra una alabanza del trabajo duro y juicioso del colono y granjero, sin dejar de mostrar las trampas en las que caen y las desventajas en las que se ven usualmente cuando viene algún pícaro o señor de negocios de las ciudades.

Esta obra del autor noruego Knut Hamsun llega a nuestras manos traducida a un español sobrio, austero y con mucha clase. Las oraciones sencillas y el experto juego de perspectivas, tiempo y tono engañan, y hasta pueden pasar desapercibidas al comienzo. A medida que transcurre el libro uno se va dando cuenta de los dotes del escritor tanto en su técnica como en su sensibilidad y empatía para con personajes de toda clase. Encontramos también una ligereza entre lo jovial y lo turbio, entre lo suave y lo abrupto. Knut Hamsun logra una union magistral de opuestos al punto que estos se disuelven, dándonos una imagen clara y pura de la vida tal y como es para quienes pueden entender dicha disolución.

About Ravana and Empathy

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One of the most remarkable aspects of the most ancient Aryan philosophies is the way in which antagonists and enemies are recognized as eminent and respectable in their very own way. Such a mentality contrasts in no small manner with the modern tendency to propagate a false conception of the adversary. in what translates as a reflection of an unconscious awareness of the unworthiness of the war at hand. For to fight a great and admirable foe with his demise in mind, the reasons to engage in battle must be urgent; the situation deemed irredeemable through other means.

Where the ancients showed honor and invest their own struggle with a higher meaning by acknowledging the enemy for who they truly were, thereby reaffirming the pressing nature of the military enterprise against them in light of deep-seated incongruences between the parties, what we witness in our era is a disgusting arrogance devoid of self-awareness and a projection of inner complexes to those considered enemies. The schism is a clear contrast between the Aryan spirit on the one hand, and the spirit of the Kali Yuga on the other which imbues the monotheistic desert religions.

A clear picture of the realist and holistic mentality of Aryan philosophy can be found in the classic epic of the Ramayana, where Ravana, the king of raksasas who seeks to bring down and submit the devas to his will, is said to have come into great power through discipline, self-sacrifice and devotion. The struggle against him, then, is not one against a petty and inept coward who came to exert great influence through deceit and sheer luck, but a formidable opponent who is only faced in arms to preserve the honor of both parties, thus exalting the spirit of the whole race in an eternal ideal.

Nihilistic Learning

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§ Nihilism


It is important that we start out distinguishing nihilism from what this term commonly refers to in popular lingo, which is fatalism. Fatalism is an outright negative posture, and is conducive to extreme individualism by assuming the worst out of situations. This is not nihilism. Nihilism is the belief that nothing in the universe has inherent meaning or value. Note that ‘no inherent meaning or value’ is not the same as ‘no possible meaning or value’.

The term nihilism is used here in the way Brett Stevens explains it in his book, Nihilism: A Philosophy Based in Nothing and Eternity. There is no doubt that the book will be criticised as much as Brett Steven’s work in the past has been criticised; namely, by decrying a certain lack of academic formality on the one hand and a complete refusal to conform to the ‘common sense’ notions of the average well-to-do citizen of the modern world.

The aforementioned lack of academic formality refers to a lack of philosophic backbone; perhaps even a lack of total consistency. For instance, the book at once makes a call towards an ideal of ‘beauty’, while at the same time naming ‘pragmatism’ as the key. So, which one is it? It seems that there is a contradiction at the most basic of levels here. If the premises are contradictory, what is this supposed to lead to?

To answer the first of these doubts it should be pointed out that philosophical inquiry, although useful in exploring ideas and systems made up of them, exists wholly within the mind and are not reality. However, according to Brett Stevens, reality must be perceived or understood as having an underlying logic. But like the ancients and their esoteric holistic fusion of science, philosophy and religion, and unlike most post-Descartes and Aristotelian philosophy, it recognises that reality is inefable.

This recognition may explain why so many different coherent explanations have cropped up in modern philosophy, without one or another possessing an objective superiority. This ineffability of reality leads to the esoteric method and the recognition of occult properties: those which we may never perceive directly; not even through scientific instruments, for physical science can only study effects. The apparent incoherence of esotericism, including the way Brett Stevens approaches nihilism, can only be resolved through direct experience in what is termed as a ‘coincidence of opposites’.

“Like Zen Buddhism, it is a form of mental clearing and sharpening of focus more than a set of beliefs in and of itself; this is why nihilism is a belief in nothing, being both a belief in nothing (no inherent belie outside of reality) and a belief in nothingness (applying nothingness to useless thoughts, in an eternal cycle that like our own thinking, balances a consumptive emptiness against a progressive growth and proliferation of idea). It is a freedom, in a way that ‘freedom’ cannot be applied in a modern society, from the views that others (specifically, the Crowd) apply out of fear, and a desire to use this freedom to create a new and more honest human who can view life as it is and still produce from it heroic ideals.”

—Brett Stevens, Nihilism: A Philosophy Based in Nothingness and Eternity, p. 124

Lie Yukou

列御寇


§ Unchained Learning


I chose to start by aligning the prerequisite basic concept from that of nihilism as explained by Brett Stevens, not because it is his creation but because he explains it so clearly and concisely. More than a few individuals have been able to find this voluntary emptying through their lives only to then recreate meaning from within. From the ashes one may crawl out of a barren gorge, aided by synchronistic elements or individuals finally come to a portal.

By destroying all illusion of human-given value one comes to a direct and plain experiencing of reality. Thereby the plain, consistent workings of an immanent reality become apparent, or the emanations and manifestations thereof. This is the Godhead of the semi-esoteric Western Christian, which in the Tree of Life consists of the Supernal Triangle containing the higher Trinity (the “Father”, for all intents and purposes) that defines the abstract ‘mechanics’, relations and polarities of reality at every level.

Be that as it may, such conceptualisations may serve a further conscious study, but an attentive and self-directed mind will perceive and attain these notions unaided by theoretical systems, mystical or otherwise. The individual may thus be lead, in his search for value, to consciously selected methods and systems by the way they address reality itself rather than by external imposition. This attainment of power is exciting and decisive in the future of the individual.

Most college-educated people nowadays think they have that liberty, but never having engaged in the actual mental and spiritual self-immolation that this requires, only fool themselves. Until you have not burned your faith (not only of the religious type, but also the secular, such as humanism) to the ground so that nothing is left of it, you will never know how much of it is just illusion. The assessment of if it actually corresponds to reality can only become apparent as one rediscovers its value rationally, logically and honestly.

Once a complete liberation from abstractions is achieved, one can start to try and perceive the world as it is, or more precisely, as we are equiped to. The fact of the matter is that although the mathematics and the science of it all allows us to gain a quantitative knowledge of very specific aspects of reality, they can tell us very little of the whole. But we, as total beings, exist not for isolated influences, but as a result of and one more element in the organic mesh that is the universe.

“A form lay on the ground
So full of pain that the flowers around her
withered
A dark soul lay on the ground
So cold that all water turned into ice
A shadow then fell over the forest
As the form’s soul wilted
For the soul was a shadow
A shadow of the forces of evil.”

—’The Death of Jesus’, by V. Vikernes

'Op under Fjeld et toner en Lur', by Theodor Kittelsen

‘Op under Fjeld et toner en Lur’, by Theodor Kittelsen


§ Judgement


With an anchor and reference point secured in the immanence of reality itself, one may take theories and systems for what they really are: attempts at understanding reality with different degrees of validity and varying relationships to the reality they describe. In this day, for one, we have forgotten to doubt science, and all becomes positivism; even worse, given the illusion that data is infallible, interpretations of data by authorities are taken as plausible so long as they do not go against the humanist grain. Thus everything is interpreted in favor of certain secular beliefs while anything unsavoury is brushed under the carpet or discarded off hand.

The free and inquisitive mind, however, will not only reject such baseless bias, but will also venture forth and try to immerse itself in particular ways of thinking that allow it to develop further. This can only occur in a constructive manner if the individual is possessed of a certain judgement that arises from an intuitive connection between self-knowing and a strong grasp on logic. Furthermore, as with anything else that requires initiative, without developing will, nothing can be achieved. One must first have the ability to assess one’s being not only for strengths and weaknesses, but also for inherent tendencies that allow for a prudent and natural path selection; also, in order that this process does not degenerate into self-indulgence, one must be able to evaluate and sense the probability a certain path  has of bringing to fruition personal goals.

It is no wonder that those who reach this point turn either to stoicism or esotericism of one kind or another. These are selected paths that one usually chooses depending on temperament and goal. The two usually intermix at one point or another, and the stoic man usually harbors an idealist mystic, while the esoteric-minded hides a frugal and pragmatic realist. But it must be remembered that to call or consider oneself a stoic or esotericist is no proof that one actually follows and embodies what those paths can give. Words and names help us direct and organise, but actions and being in actuality (rather than in intention or self-deception) are the only things that are real.

What one can learn from such a state, is that one can try and learn from any source, book, author, culture, political system, et cetera; without rejecting it based on belief and rather learning to give each a clean slate in the manner of a virtual machine environment within an already working operating system. The self-righteous humanist, whether religious, agnostic or atheist, believes himself to be in this position, and so the fallacy of the superiority of human beings and the sanctity of every life is upheld as a dogma beyond contestation because the sheep believes that the bases for its delusion have been proven beyond doubt. Such is the nature of every belief, whether religious, pseudo-scientific or historical. The scientific mind understands otherwise.

The strong and honest mind will also veer towards ultimate consequences and holistic evaluations. What does it matter if we recycle everything today if this does not stop the destruction of natural habitats? What does it matter if each human life is saved if we are on a death march towards self-annihilation by overpopulation? What does it matter if religions make people feel happy and distracted if they act like materialist in a consumerist culture and are no different from their atheist counterparts when the total result of their actions are measured? What does it matter if you are not fooled by religion but you simply exchange a set of beliefs in the supernatural for a different set of dogmas? What does it matter if you had good intentions and worked on yourself if you allowed the decadence around you to grow and take a hold? The answer is: nothing.

It only matters to those who want to care and only those who take action will get a chance (not the assurance) of making a difference. What matters in real terms are ultimate consequences; the bringing of what is willed to actual manifestation. We either achieve this goal or we do not. Life and reality advance through states of what is, and not what could be. Potential is a possibility, but it needs energy and will to become manifest.

“Human behavior flows from three main sources: desire, emotion, and knowledge. ”
― Plato

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§ Freedom


What do people actually know about freedom? Are they sure that what they want is freedom? True and complete freedom without boundaries implies complete chaos. Only in chaos is every decision possible. Actual chaos is the non-existence of any organisation, thus the nullification of any meaning, communication or being itself. In short, total freedom is total oblivion, which in turn implies infinite uniformity through complete unpredictability at each state. Those who want to strike a balance between that and what must be paid have to decide where and how they wish that bit of freedom they can have to be placed.

Modern society loves to go on and on about what they like to call ‘freedom’. What they are actually referring to is to having freedom to build an illusory world around them and in their heads through tighter and tighter constraints enforced by an increasingly totalitarian system.  It is a kind of freedom to live in a world of beliefs where action is neutralised and all that matters is appearance —the correct appearance at that. This appearance is often called ‘intention’. Results seem to matter very little in this world of appearances, and while people work hard at pretending to be doing something worthwhile, no one else is supposed to be able to complain. Pointing out the problem is looked down upon and an admonishment usually comes in the form of a request for the person who complains to go do something about the supposed problem so long as he or she does not bother or affect anyone else.

The highest freedom available to human beings is that of mind. In fact, this is possibly the only freedom possible to him, for the constant laws hold his physicality in a constriction through time. Thus, while horizontal movement is fixed, it is in vertical exploration that we may find that parallelism that Brett Stevens talks about. In accessing these higher layers and evaluating through them, the single existence at the grossest level can be directed for the benefit of that higher plane. Thus, freedom to think means nothing without freedom to act —no matter what these actions are, for in restraining the possible actions, you restrain the effective freedom of thought.

The walls that separate mental control within the illusory bubble of safe spaces, from actual freedom of thought outside in the world of harsh consequences, are more readily broken down by exploring heresies  from within to the point of embracing them as an experiment. By experiment we do not mean that they are not taken seriously or taken to heart, but that we always recognise that form and essence are not the same and that we may use forms as tools to achieve transformation and gain new insights. In a religious society, atheism is one of the strongest forms of heresy. For a secular society, something else that strikes at the very heart of its ideological bases will constitute this heresy; for instance, extreme Jihadism and National Socialism.

Thus, functional freedom is not a rejection of our nature or origin; it does not consist in ignoring or dulling our emotions and sensations. It is in the clear separation of raw, a-moral reality and human constructs that we may have the first key that allows us to traverse the seas of possibilities unbounded. This is not to be lost, but to be in control. Read the heresies of your time and place. Embrace the mentality of whom you are told is The Enemy, to then realise who your enemy actually is. Likewise, reject or demolish the foundational myths and other stories that form the pillars of the “truth” as presented to you by others. We do not all need to conclude the same thing, for part of this freedom lies in recognising that each person has a unique path and a singular potential. Those who will not do this are deciding to accept their chains in illusion; those who simply cannot were born to serve and obey.

“Man is born violent but is kept in check by the people around him. If he nevertheless manages to throw off his fetters, he can count on applause, for everyone recognizes himself in him. Deeply ingrained, nay, buried dreams come true. The unlimited radiates its magic even upon crime, which, not coincidentally, is the main source of entertainment in Eumeswil. I, as an anarch, not uninterested but disinterested, can understand that. Freedom has a wide range and more facets than a diamond.”
― Ernst Jünger, Eumeswil