Obskure Torture Spilling the Blood of the World

The present is a doom metal compilation consisting of a demo, an EP and an additional track written exclusively for the release, written and performed by one man and released in 2010. After this release, the individual behind it appears to have only released a two-track full length, whose actual length and specific development is not fully unknown to the writer; the project Obskure Torture was shortly shut down for reasons not publicly given, though one might, given the stated practice of Hebdomadry of the artist, surmise a number of possible interruptions along the Way that might have drawn him (?) away from the artistic effort. In any case, seven compositions of pensive doom metal for the solitary mind have been left as a testament of an evolving mind throughout the span of six years.

Despite the traditional adoption of a doom metal sound, an evaluation of the approach along the whole of the compilation displays a laudable attempt at fusing different interpretations of the subgenre under a single voice. We may hear an overarching tendency towards a deathly slow take on Black Sabbath’s most foreboding compositions in Paranoid, though reduced and compacted to power chords rather than the freer melodies used by Iommi, and then stretching the usage of sections into an almost Funeral Doom template. Now, despite some of the harmonic and rhythmic motions might echo a lamentable Stoner influence, these gestures are kept under control and never become a crutch, and rather remain a wink to the listener.

As a whole, we could call Obskure Torture a ritual doome metal, for its emphasis on deep-state repetition of long though simple sequences of a character aimed at entrancing and sinking. The ideas, and the lengths to which they are taken, may somewhat strain one’s patience, but the core of these is not deficient in themselves —quite the contrary, there is promise in the overall relation of parts especially when one considers the interplay between two different long sections, which seem to appropriately “speak to each other”1.

It is a pity not to have heard much more from this project, as in the last song written and published here, ‘A Gift for the Prince’, Obskure Torture showed a kind of adventurousness and creativity that had, however, yet to break completely so that it would venture not only vertically in layering and granularity, but also also in other dimensions: transitioning functionally and coherently into different harmonic spaces, which would have added a great sense of progression and elaborate narrative to the composition.

While not an impregnable masterpiece, such as Skepticism StormcrowfleetSpilling the Blood of the World gives us a patient collection of phrases which, though a bit strained, provide a passageway into a different dimension by the familiarity and closeness which its different ideas throughout different songs bear —thus a total experience seems to be had from the collection of pieces, rather than from singular ones, which are rather austere in strict content. As a whole, this is music for very specific mindsets, and its power lies in patience and the subtle versatility in the gathering of influences under a minimalist and personalised banner.


1 A first variation of this expression was most probably coined in the context of metal riff relations by Brett Stevens (www.amerika.org), and has served as a most efficacious turn of phrase that encapsulates a holistic understanding of music pattern as communication.

…And thus the Elixir of Recalling flows
And the Dark Gods become manifest…

Graznar a Estigia The Brinepit of Eternity

The Brinepit of EternityAlza su rostro entre la penumbra Graznar a Estigia exponiendo facciones que delatan la herencia crepuscular de Burzum.  Mas aunque las notamos en rasgos particulares en este u otro ángulo, un momento de contemplación nos revela los marcos sobre las que están puestas.  Los largos trazos se extienden, definiendo los contornos decididamente distintos a sus precursores, si bien no se logra adquirir una personalidad única.  Así como en Hvis Lyset Tar Oss vemos la elaboración de una historia con narrativa clara y tangible desarrollarse a lo largo del álbum y a su manera dentro de cada canción como capítulos en él, y en Thy Call podemos apreciar un paisaje como tapiz de rico bordado que mágicamente  se desdobla al nosotros deslizar la vista sobre él, The Brinepit of Eternity (La Poza de Salmuera de la Eternidad) constituye una runa de poder vibrante que muestra una cara e idea de frente la cual encierra distintas experiencias relacionadas.

Dicho signo esotérico se presenta al oyente cuidadosamente desdoblado de distintas maneras, como si el autor tuviese las distintas llaves que descubren sus capas y develan sus caras.  Las cuatro composiciones de The Brinepit of Eternity están basadas sobre motivos musicales cercanos, reflejando en lo musical el concepto.  Las primeras dos exponen las primeras visiones exeáticas como premoniciones del final de una ronda mortal, y se muestran más cercanas entre sí que a las demás.  Sus músicas, la primera una tormenta que conmociona al cielo entero siendo contemplada a través de apacibles ojos, la segunda una fundición y transformación de la imagen natural en sus aspectos ocultos, encaminan a la mente sobre la senda.

El clímax del álbum llega en su tercera pista, la cual musicalmente expresa el desbordar de la tensión de las anteriores dos.  Su ritmo mece, y su movimiento melódico es sencillo, relajándose sobre acordes de los cuales forma parte como nota soprano, mientras su bajo es pausado y potente, emulando así  su conjunción la voz1 del maestro Vikernes.  Entre pausas en la percusión y apagados alaridos sin palabras, se crean espacios que traen, pasada su mitad, un reencauce ligeramente acelerado hacia un breve promontorio.  Emparejando las observaciones con su proyección literaria, comprendemos esto como el nefasto fluir de los negros torrentes que delimitan la burda existencia.  Es este arrullador y acogedor, sin más destino que la desintegración de almas sin despertar, cuyas individualidades pasajeras caerán en el olvido eterno.

Por último tenemos un epílogo cósmico y espiritual en un exhausto pero decidido arrastrar y empujar que en ciertos momentos, como el primer riff principal, recuerda al Graveland de Fudali en sus mejores momentos.  Tanto la palabra como el sonido se vuelve aquí más difícil de racionalizar, y elusivo de presentir, pues recuenta de espacios inmortales de los cuales ecos distorsionados son las únicas pistas recibidas aquí.  Interpretamos esto, entonces, como la razón de  elaborar la composición de una manera más tradicional, volviendo a lo más inteligible, lo más potente, por ende lo más pleno y rico para la mente humana.  El tronar de percusión parecida a los tímpanos de una orquesta clásica le agrega un carácter decisivo y propio de un final elegante como imponente.

La organización en cuatro pistas de mediano tamaño resulta apropiado, satisfactorio y simbólico.  La textura musical permanece uniforme, así como el estilo de sus expresiones que solamente adoptan esta u otra particularidad como requiere la situación.  Los énfasis y cambios son delicados así como sensibles, sin permitir que ningún aspecto se salga fuera de control, mas sin embargo tampoco amarrando al sentimiento y a la expresión.  La presente obra es mínima por elección, y en su austeridad logra una efectividad increíble, sin desperdicio alguno, elaborando el pequeño material básico hasta su límite en arreglos creativos.  No se esparce como neblina delgada sobre una vasta extensión como lo hace Abyssum, ni produce motivos2 que en matemática permutación desenrollen los simplificados planos de laberintos subterráneos bajo una catedral a manos de Horgkomostropus, mas constituye The Brinepit of Eternity una lección en composición metal con una atención al detalle y su significación que es, hasta el momento, única y sin rival en su realización en Centroamérica.

MMXVI Anno Bastardii


1Voz musical, no la voz literal de una persona.

2Motivo musical, “una breve figura melódica o rítmica, de diseño característico, que ocurre una y otra vez en una composición o sección, como elemento unificador.”