Cabeza de Buitre Herrero de Brujas


La confluencia de música electrónica de tipo ambiental, las palabras elegantes más que pretenciosas y una imagen naturalista y clara, nos dan a conocer una personalidad especialmente aristocrática, y una actitud particularmente madura hacia los nebulosos temas centrales de la obra. Al hacerlo de esta manera hay un distanciamiento y a la vez un entendimiento respetuoso del tema. La experiencia en carne propia de cada forma de vida, de cada evento, o de una realidad necesitaría que esta claridad y entendimiento racional se perdiese, ya que en el actuar el agente se volvería parte del evento, y no un observador. No podemos saber con seguridad cual es el caso aquí, sin embargo, podríamos así mismo postular que Herrero de Brujas es la cristalización después del hecho, de momentos y vivencias místicas de manera que se logran transmitir a quien se abre a ellas. La música que, por otro lado, pretende comunicar el caos que la persona experimenta de manera única en ciertos momentos, falla a cada nivel, como arte y comunicación, y se vuelve poco más que un accidente exterior de un estado trastornado.

Donde muchos otros pretenden tocar estos temas querrán evocar atmósferas oscuras a través de métodos obvios, Cabeza de Buitre pasa de ligera curiosidad y fascinación con lo incomprendido, a un temblor corporal, un catarsis de posesión —una coincidencia significativa, sostenida y que abre una ventana hacia un espacio ortogonal a los que entendemos en estados mentales comunes. Es por esta misma razón que lo comunicado aquí, lo cual es todo lo que podemos juzgar ya que es imposible acceso a la experiencia interna del autor, lleva más allá y de manera más efectiva, que la mayoría de obras contemporáneas electrónicas que pretende acercarse a lo oculto. Vale la pena aclarar que la obra más sincera y despierta no se impondrá abstracciones innecesarias como satánica u oculta: la vida como tal, como una, ya es un evento intrínsecamente oscuro para nosotros los humanos. El terror existe como parte del todo, es nuestra reacción a la grandiosidad del cosmos y lo efímero de nuestras existencias conscientes; el estar vivo y acercarse a la vida como tal de manera desafiante, el indagar en carne propia, el experimentar; en todo esto ya está implícito el contacto con lo oscuro —con lo siniestro— lo cual da contraste y da valor a esos momentos verdaderamente Apolíneos de numinosidad pura y libre de la imposición mental humana que eventualmente pierde significado y se vuelve una cáscara vacía sin nada más que apariencia que ofrecer.

Aunque los materiales sintéticos se asemejan a los que usaría un Tangerine Dream, y que también avistamos algo de ese espaciamiento pensativo propio de Biosphere en su Substrata, a lo largo de sus propios procedimientos, Cabeza de Buitre parece tener en su centro algo que se asemeja aún más a esa paz y constancia druídica que transmite el ambient repetitivo de Varg Vikernes. Sin embargo, la calidad de la música del noruego depende en el poder individual de sus momentos para otorgarle a la audiencia un espacio meditativo, y es por eso que sus composiciones, aunque sencillas, esconden potencialidades en semillas, que emergen en el ser que las recibe. Cabeza de Buitre vuelve a tomar algo de esto, pero siguiendo su propio destino, adopta una ruta más clásica, de exposición más explícita, proveyendo más curvas dentro de piezas más monolíticas que compuestas de episodios. Fluyen estas como agua, diría alguien, más una asociaría algo más de una energía etérea pero tangible con lo que fluye explícitamente a través de ellas.

Como una obra de profundidad trascendental, pareciese esconder capas tras capas de contenido y significado, construidas en el despertar de momentos a la vez únicos mas que encajan en un tren de pensamiento absorto. Esto también viene a causa del manejar y dominar natural de las formas básica de la música, lo cual permite que en lugar de seguir maquetas de acuerdo a reglas genéricas establecidas, el autor logre dejarse ir de acuerdo a su propio sentido. De alguna manera, esto hace al ambient uno de los géneros más libres y reveladores respecto a la capacidad y naturaleza del autor: todo vale, todo cuenta en este cosmos de colores, tempos, y niveles casi infinitos. No es la sencillez, lo revuelto o lo extraño de una obra lo que le da mérito, ni tampoco lo es la reputación o las palabras del compositor per se, si bien estas cosas también puedan servir como pistas e indicadores de las posibilidades que un tipo de mente pueda producir de acuerdo a nuestro propio juicio. Pero, por lo general, la sencillez expuesta a raíz de claridad lleva a la complejidad inteligente y a la belleza de proporción, que también se podrá alcanzar por su aparente violación.

El mensaje final, encapsulado en una impresión suspendida sobre el total de la obra, es tal vez uno eterno y recurrente; hay algo de una alegoría del pasar de seres individuales a otros estados en esta música que evoca la grandiosidad de la vida en su continuo flujo de creación y destrucción. La forma en que se afirma esta totalidad es en su acercamiento puro hacia lo que el humano común llama sombras, realmente un area donde la existencia verdadera y fuera de moralidad y abstracciones toma lugar. El mundo como lo conocemos cae, y en su lugar el deleite y el horror surgen entremezclados, posibilidades infinitas se abren y a la vez uno es puesto en su lugar. La existencia es lucha, guerra, destrucción, y el revivir del alma perseverante.

Hoarfrost Anima Mundi

hoarfrost-anima-mundiUpon hearing Anima Mundi, several things might come to mind depending on the level of attunement with it is possessed at that moment.  If one is thinking of the technical side of craft of music making itself, the origin of the different artifacts and tropes within the structures of organised sound will come to mind. On the emotional and psychological sides of the experience, this is the kind of music that must needs be voluntarily sought, not rationally but in an opening of the senses to it.  Such a description may sounds sketchy and vague. What it entails is a mental working through the two basic dimensions of music: the horizontal and vertical, the momentary whole and the narrative development.  It will need several trials, especially for those unaccustomed to letting go, but Anima Mundi will reveal a very interesting path in and out.

The title that Hoarfroast has chosen for this album is indicative of the nature of a music that asks for the correct method of experience in a connection with what some would call our primitive self.  But there is no such thing as a primitive side, but the metaphor itself is useful and has a certain meaning.  In truth, where we come from, that is, our past, and what we are now, simply constitute our whole at this present moment.  Hence, in answering the call of the soul of the world and the hidden part of ourselves, which answers to the motions of the spheres more than we would like to admit, we are engaging in some retrograde motion or ritual but rather understanding a different aspect of our nature through our relation to Nature.

A prominent element in Hoarfrost’s Anima Mundi is the female voice that haunts the mind and chills the ear, sending a cold finger sliding down the back of our spines.  The noise structures produced through programming sometimes remind of a more varied and elaborate take on the compelling work of Endvra in Black Eden. Hoarfrost demonstrates a patience shared by that dark ambient, but it also provides an incredible amount of variety masterfully fused into their overarching concept.  It therefore boasts of the strengths of both worlds, the deep ambient rooted in repetition and the classical-like experimentation of sounds.  Hoarfroast’s greatest triumph in Anima Mundi is its successful channeling of all these into one great purpose that extends far beyond the conceptual and that is shown in the direction of the manifold aspects of its music.  From her soft whispers to its terrifying and painful screech in ‘Mimesis’, from the cello that smells of tree wounds and tastes of bark to the chiming which alludes to the music of the spheres and the flow of what some call living energy.  These are not, like in most other places, to be taken as enticing distractions, but as meaningful and completely functional parts of a flowing and evolving idea.

Anima Mundi appears non-threatening yet hides danger, however unbeknownst it may be to its own creator.  To that, only it can and will answer to inner questioning. Such a work will be “enjoyed” by some, entirely ungraspable to the majority, perceived by those who happen to be in tune with its particular intention through unconscious realisation, understood by a few, but travelled through in full awareness by only a handful. This writing has not the intention of deterring the listener, but of signaling what have now become unconventional ways to those who would brave lonely mountains and old forests both within and without.  To venture down the path guided by Hoarfrost is to walk under the moon.


Nigromante Profundidades

profundidadesReceding light and surrounding darkness encroaching, a stench of death and the beginning of lamentations beyond the veil of mortality; this is the picture presented to us by NIGROMANTE. These images cannot come from elsewhere but the deepest wellspring of human sorrow immortalized through its own seal of power, a searing symbol that brands pain and agony unto souls — that they may be thus imprisoned and chained.

“Usar un sigilo sin saber…. ¡Se maldicen a ellos mismos!”

— A. Valentina
(trans.: “To use a seal without knowing… They curse themselves!”)

NIGROMANTE creates layers of long synth-produced loops, while leading melodies come in and out of the picture without discernible anticipation or fanfare. These, however, are not introduced abruptly nor do they fall out of place. The subtle techniques of transition can be better described as combinations of different types of overlappings which includes fades and motific linkages. These correspondences and seemingly incidental recurrences bestow upon Profundidades a mechanical center and fulcrum. NIGROMANTE does not allow this to become a hindrance to structural evolution or textural variety. Neither do these constitute the driving force or sole end of the artwork, and instead share with the whole of Rex Ebvleb’s musical creations, be they metal or ambient in manifested form, an impetuous will that drives their sense ever forward. It is that daemon always lurking under the rational and conscious which we here witness.

“While there is no end rhyme in these verses, there is a recurrence of consonants which forms a rhyme in the body of the verse; this repetition of initial sounds is called alliteration.”

— W.E. Simmons, ‘A Student’s History of English Literature’

Profundidades is a study in intuitively produced structures as the keys which open the floodgates, allowing fire from above and the earth below to participate in the stormy evocation of living creations. This sheds light on our understanding that Beethoven’s motivations went beyond the mere breaking of convention, and did not find their origin in the same mundane machinations that would later propel Maller and Schönberg to equal technical heights devoid of the divine outreach of the earlier master. They lacked the organic fecundity whence the perfectly circular motions of an airy entity could sprout from.

“Spinoza seems to mean by intuition the comprehensive understanding of the truth of a proposition that is granted to the person who grasps it, together with a valid proof of it from self-evident premises, in a single mental act.”

— Roger Scrutton, ‘A Short History of Modern Philosophy: From Descartes to Wittgenstein’

Compensating for a missing high-level finesse in composition in the traditional European sense, an intuitive sense that is clear, sturdy and consistent steps in to obviate any such complaints. It is, like the rest of the music by this artist, an entity invested with the savage and dark personality of its creator. Shortcomings can accurately be considered more like sharp relieves and rough curvatures. These can be summarized as a lack of instrumental balance in the densest parts, or a clash of voices when they are presented as independent lines that reveal a disavowal of counterpoint along with its baroque techniques of balance and spacing.

NIGROMANTE‘s ambient is more metallic than properly orchestral, despite the instrumentation. It is also, therefore, closer to the melodies of simple beauty of ancient Greece, Persia and India, with a take on arrangements that would remind one of an electronic-loop Perotin, and farther away from the formalities that start developing after the renaissance. On the other hand, this is music of the 21st century, and it inevitably borrows from all mentioned influences , being postmodern in that sense. It seems to me, however, that it is atemporal in spirit, transcendent in its intention, and ancient in expression.

David Rosales
July 2016

[Originally published in Death Metal Underground.]

You can listen to the album here.