Abyssum Todo en Tinieblas

Todo en Tinieblas es el demo de 2015 de Abyssum que nos trae el refinamiento final de una obra cuyas ideas y partes fundamentales habían sido ya construidas para mediados de los años noventa; le vemos entre las piezas en vivo publicadas en el año 2008 bajo el título The Prophecy Is My Name, I’ll Be Here Eternally, en donde la pieza que figura este demo lleva el nombre ‘I am He’; de la transformación de “Yo soy Él” a “Todo en Tinieblas”, mucho se puede meditar y estudiar. La nueva versión de esta pieza se ve envuelta por arreglos de sintetizadores que le suman mucho y le traen más cerca de la cobijante aura cósmica que caracteriza a Abyssum.

No solamente tiene una introducción de tres minutos en una pista separada, lo cual nos permite prepararnos mejor, pero también un outro de otros tres minutos que crece y extiende la nota y sensación en la que queda la música una vez callan guitarras y batería. La estructura del cuerpo principal de la pieza ha cambiado asimismo, con variaciones hechas a partes que anteriormente eran idénticas entre ellas, además de elaboraciones en los teclados antes inexistentes, y una considerable introducción de conexiones y sutilezas en la percusión donde antes figuraban más que todo patrones uniformes rudimentarios del underground metal en contexto black metal.

La nueva producción es bienvenida, así como la claridad de los instrumentos, pues Abyssum mantiene en mente la necesidad de que se preserve un aura de obscuridad y agresión que un sonido demasiado sintético suavizaría, restándole de manera irreparable al todo; confiamos en que ésta sea una muestra de algo todavía mejor para un próximo álbum completo de Abyssum para el cual algunos habrán esperado casi una década.

Lo cual nos trae a la mención de ciertos puntos importantes respecto a la forma en que Abyssum opera, con la visión sobre la Eternidad, con una visión como Arte de Inmortalidad; este es un arte viviente, las piezas nunca se petrifican, y cada uno de las grabaciones es una de sus develamientos o manifestaciones a lo largo de una evolución perpetua. Si bien se han hecho álbumes como Thy CallPoizon of god, las piezas dentro de ellas han seguido tomando formas varias y únicas a lo largo de los años, siendo su maestro un experimentador de las fuerzas ocultas que dentro de ellas se mueven y las animan.

Abyssum nos da un ejemplo de música creada por un ser para él mismo, de primera mano, pero también con una visión de ella como algo que puede seguir mejorando de manera que se afine y aplique de manera más detallada y natural al cosmos mismo, o a nuestra percepción de éste, como intermediarios que somos entre lo natural y lo que conscientemente creamos con propósitos humanos. Todo lo que pudo haber sido la música clásica en su expresión más trascendental, y lo que pudo haber sido el black metal en un refinamiento holístico más enfocado, es adonde apunta la trayectoria del magistral Abyssum; si bien una sola vida puede alcanzar la inmortalidad para sí misma, el trabajo de Arte Inmortal está en manos de quienes lo puedan tomar y seguir a través de una cadena de vidas que la puedan llevar más allá a medida se descubren y desarrollan a ellas mismas.

Abyssum – Thy Call

Cuando decimos que el metal llegó a su cúspide en 1994, después de una breve época dorada, y que lo que siguió no fue sino un declive clarísimo, esto no significa que no hubo absolutamente nada bueno. Por definición, lo que le sigue a una cúspide es un declive – aunque la decadencia sólo sea aparente debido a la perspectiva. Aún más importante es aclarar que cuando hablamos de esta manera, nos estamos refiriendo a un promedio a través del género, y no señalando a nadie específicamente. Después de todo, tenemos un Summoning publicando su clásico de clásicos en 1996 y más música grandiosa a finales del siglo. En Centroamérica, siempre un paso (o más bien diez o treinta pasos) atrás del resto del mundo como resultado de procesos históricos que podemos identificar, lo poco que su reducida población, recursos y cultura permitieron desarrollar al metal local, floreció entre los últimos cinco años del siglo pasado.

La proporción de completa bazofia a lo que consideraríamos música auténtica es, en mi experiencia, realmente alarmante. Tratar de encontrar algo que no sólo sea auténtico sino que también tenga un nivel de calidad sobresaliente es una labor todavía más extenuante, bordeando en lo imposible. Dadas estas estadísticas desesperanzadoras, no es de sorprenderse que se pueda contar con los dedos de la mano el número de álbumes duraderos provenientes de Centroamérica. Curiosamente, la cuenta exacta de bandas que merezcan algo de atención, cuando organizadas por país, no parece variar con respecto al total. Esto parecería ir en contra del sentido común ya que cualquiera podría esperar que si la probabilidad de que un proyecto prometedor aparezca esté dentro de cierto rango fijo, una cantidad mayor de bandas en total debería asimismo indicar un incremento en la cantidad de música de calidad. Sin embargo, las cifras de Guatemala, Honduras y El Salvador, no parecen ser muy distintas. Aun la escena colosal con recursos muchas veces superiores de Costa Rica parece no poder producir una mayor cantidad de proyectos musicales en el metal, o en la música underground en general. Hasta donde conoce el autor, las únicas dos bandas centroamericanas que merecen ser mencionadas para la posteridad, y no solamente por nostalgia, son los death metaleros Horgkomostropus, de Honduras, y el proyecto black metal Abyssum, de Guatemala.

Constituido entonces por Diatharma Thoron en la percusión y Rex Ebvleb, al mando de las guitarras, voces, sintetizadores y demás, Abyssum publicó dos demos entre 1995 y 1996 que llevaron finalmente a un álbum completo en 1998 bajo el nombre de Thy Call. Aquí, la banda se muestra una fiel seguidora del black metal maduro, que tiene una inclinación fuerte hacia lo que se denomina como ambient, mas no deja atrás sus raíces del metal negro. No se percibe ni un trazo de rock’n roll. De hecho, una vibra oscura muy familiar, característica del ambient tipo “dungeon” o “medieval”, emana de su instrumentación y coloración. En esto constituye la música purificada cuando es llevada a los límites del black metal, pero Abyssum se detiene antes de llegar al punto de dejar el metal, y voluntariamente permanece dentro del círculo de invocación para poder continuar el ritual eterno.

“Cruzaban mil relámpagos el cielo
como rojas culebras deslumbrantes;
todos los vientos en tropel rugían
como las fieras cuando tienen hambre.

Las negras cataratas de los cielos
dieron suelta a sus líquidos raudales,
y los profundos y espumosos ríos
se desbordaron por las anchas márgenes.”

– Juan Ramón Molina, de ‘A un pino’

Como si entrásemos en los dominios del bosque de un antiguo dios de la montaña, el comienzo del álbum nos sitúa entre dos voces de teclados y un par de notas en el piano que llaman nuestra atención a la vibrante simbiosis de vidas entrelazadas, cada una de ellas insignificantes pero, en conjunto, tan majestuosas e infundidas de significado. Luego una simple guitarra acústica nos trae al oído acordes punteados, arpegios que reflejan las armonías de los sintetizadores y melodías en ciclos seguidas de episodios nacidos a través de ellas. Algunos de estos pasajes sirven como puntos de partida para caminos que atraviesan este yermo. No son completos por propia cuenta pero sin ellos la magia de los distintos momentos que les siguen carecería de significación ya que harían falta toda clase de puntos de referencia.

El perfecto balance de mundos paralelos, uno físico, el otro energético y espiritual, se encuentra retratado en Thy Call. La música es llevada al extremo de lo que un metal respetable permitiría en cuanto a repetición, mientras el contenido se mantiene relevante no sólo con respecto al contexto de cada momento y la obra en su totalidad, pero también por medio de una armonía activa, aunque minimalista, que siempre está presente y es guiada por la melodía principal. Ésta es la vida misma manifiesta en la MUSICA indivisible. Su naturaleza no es rítmica, tampoco se basa en el sostener de una sola armonía, y definitivamente no es equivalente a la indulgencia del pop sobre una línea melódica que no tiene más mérito. No es ninguna de estas cosas, mas es todas. La negación de una de ellas implicaría la destrucción inminente del todo. Este es el balance perfecto, el balance de los tres dentro en una sagrada, indivisible, aunque discernible, trinidad de elementos que no podrían ser uno sin los demás.

“Tú eres la catedral de la pesadumbre, donde dioses desconocidos hablan a media voz, en el idioma de los murmullos, prometiendo longevidad a los árboles imponentes, contemporáneos del paraíso, que eran ya decanos cuando las primeras tribus aparecieron y esperan impasibles el hundimiento de los siglos venturosos. Tus vegetales forman sobre la tierra la poderosa familia que no se traiciona nunca. El abrazo que no pueden darse tus ramazones lo llevan las enredaderas y los bejucos, y eres solidaria hasta en el dolor de la hoja que cae. Tus multísonas voces forman un solo eco al llorar por los troncos que se desploman, y en cada brecha los nuevos gérmenes apresuran sus gestaciones. Tú tienes las adustez de la fuerza cósmica y encarnas un misterio de la creación.”

–José Eustacio Rivera, La Vorágine

Penetrando este mundo de ensueño al que se llega atravesando un portal erigido por ésta entidad musical, descubrimos escenas repletas de exuberante vegetación entre pigmentos otoñales que desbordan con melancolía. Aquí y allá vemos animales correr en una dirección u otra – una guitarra eléctrica acompañada de percusión irrumpe la calma, declamando en alaridos que resquebrajan el correr del viento silbante. Adentrándonos en el recorrido, finalmente nos encontramos de frente con el señor reinante: una criatura antigua y poderosa, coronada con hoja, musgo y flor. Gritos punzantes sobrevuelan entre pasajes de presurosas melodías que se complementan con arreglos de percusión inspirados en el estilo magistral de Emperor.

Esta atmósfera envuelve a quien se descubre frente a su presencia, estremeciéndolo bajo su mirar. Después de un instante cuando la muerte parece inevitable y vistas del infinito innombrable se develan, la calma vuelve, dejando pasar toda noción de peligro fuera del recuerdo. Asimismo se retira el anfitrión, penetrando la densa flora circundante. De guitarras eléctricas a guitarras acústicas, de patrones espesos de percusión a silencio, de armonías plenas al silbido del viento, todos llegan a restaurar la paz en singular impermanencia, creando una existencia ininterrumpida mientras mueren y reencarnan.

A Recount of Transmutations – SEPTEMBER MMXVI entry

hv-ojo-rutilanteDifferent people listen to music , watch movies or look at paintings with different attitudes, perceiving different things based on a variety of conditions and outlooks.  Some specialize in or are drawn towards one more than the others, and approach the message codified therein either through sentiment or technical study, and in some rare cases, using both in a unified method.  This is usually termed an appreciation of art, and most people who consider themselves serious in such an endeavour see each distinct art form as a separate medium.  Each of them expresses human concerns over situations in what is believed to be fantastic depictions that seek to relieve one from the burden of reality by escapism or a direct confrontation of the crisis-causing affair.  This is the overruling view upheld by the school of thought that confuses its materialism and underhand cynicism for “rationalism”.

The esoterist extends the previous approach to everything he can and may perceive, not only works of art.  And rather than limiting his interpretation to a consequence of homo sapien’s “imperfections”, chooses to follow the path deeper and further by taking perceptions as flashes of cosmic truths through the filter of our senses.  In doing so, the aforementioned limitations of our species  are not ignored or overlooked, and instead, there is a conscious choice of looking at the proverbial glass as half-full.  This is simply the choosing of the path that maximizes the raw power latent in sensations and the mind over the self-pity of those mentally tormented by what they cannot comprehend.  It consists of hurling oneself onto the arms of the mystery, leaving behind the fear that makes hearts cling to the thin thread of what they can know for certain.

“knowing almost everything about almost nothing”

The intention of the writer is to bear testimony to the transmuting effect transcendental works of the ars musica can have over the soul.  That said influence cannot have taken place over a period of time long enough to perform radical changes in the psyche is something the author is willing to admit as a possibility given the incontestably recent publication dates of the works in question.  What he will not yield, however, is his knowledge of the inner transformations to which these works have been incontrovertible, though perhaps not indispensable, accessories, no matter how limiting the reader deems the relatively short exposition period to be for possible developments.

These were holistic works of art of the highest order, and no manner of reduction was here possible without entirely losing sight of their identity.

None of these works belonged, at the time of their initial reception, to the sphere of styles at the very center of the author’s heart.  And so, there was little emotional enticing in the way of an outright hook, and instead, it was the perceived mystery of musics which appeared to contain much more than was at first apparent which lured him in.  It was, in a most confusing manner, at once obvious and elusive.  Technical analysis revealed much, indeed, and yet too little.  For where in most cases a detailed and sensitive application of theory that gives aural effects in context their due in a station of great import may tell us what is incumbent upon us to know in order to contemplate them as they are, the works under discussion eluded all such attempts and little information came from them that accounted for anything reasonably.

These were holistic works of art of the highest order, and no manner of reduction was here possible without entirely losing sight of their identity.  The only possible answer, then, seemed to be to open the doors of intuition ajar, allowing the senses to be flooded and the imagination run amok, so that the music itself would take one wherever it would.  As this is a testament to their influence over the author, the reader is advised to take all remarks regarding these works with a pinch of salt, understanding that while the comment bears a strong relation to its object, much of it may be the unique growth in the writer’s mind of a seed planted by the artist.


Cóndor’s Nadia
Condor NadiaYear: 2013

In Nadia we find a melancholic romanticist aura uniting with the decisive purposefulness of the classic heavy metal riff applied through death metal technique.  It unites the European day-dreaming of the 19th century with the rugged realism that the American colonizer faced decades after the independence still.  Cóndor shows us one possible take on the Latin-American foundation story in which some may see themselves as heirs to Conquistadors and early European settlers.

The music is a slow enchantment, the picture is dark yet hopeful, the author’s personal experience with the work is one of slowly falling in love, and doing so time and again in different ways when the music is caught again in a different angle.  Nadia is a tale of will cutting across desperation and confusion as an immense and unknown land is braved.  A wondrous and strange land in which the initial search for glory turns to inner search and the eventual definition of a different weltanschauung, as a foreign race and its original culture react with a new land and conditions to give birth to a new people: the grandchildren of Latin Europe.

The intent of Cóndor’s Nadia is to recognize in European heritage transformed by the vicissitudes of America the real ethnic foundation for modern Latin-American individuals of predominantly Iberian ethnic origin.

What this unexpected Colombian masterpiece transmits is a sensing of the concrete possibility of achieving group identity as Latin-Americans with a certain ethnic background.  The importance of this message may be easily brushed aside given a predominant anti-colonial and nationalist1 indoctrination, which in unintended conflation with the subreptitious concepts of Cultural Marxism, leaves room only for extreme individualism and condemns one to entrapment within the animalistic cycle of survival and pleasure2.  We are taught we are “Latinamericans”3, as opposed to the Spaniards who butchered “us, innocent and pacifist peoples of America”.  It is easily ignored that many of us have more in common, by way of cultural and ethnic inheritance, with said conquerors than with most long-dead, or in the process of dying, aboriginal groups.

The intention is not to belittle the true American aboriginal groups that survive, and it is the belief of the writer that these have an ordained right (that is, not a legal right, but an inherent volition to be heeded) to self-sufficiency and actual free will.  It is, however, important to distinguish that multiculturalism is by no means a true identity, and that group identity is an important element for beings deeply rooted in social behavior, such as humans undoubtedly are.  So, while colonialism and imperialism are to blame for the resulting mess, each pocket should be quick to recognize its origin and nature as resulting from region-specific situations.

The realist who seeks answers to questions of origin in natural roots and our relation to the universe will understand that no manner of superficial social engineering can sever ages-old spiritual and genetic ties.

The present work is by and for those Latin-Americans that are precisely what the etymology of the compound term implies: Latin blood on American soil.  Where Latin refers to the European countries who speak languages directly descended from that of the Romans, and American refers to the true meaning of the word indicating the whole of the American continent.  The intent of Cóndor’s Nadia is not to tout those who fit the bill as Europeans, but to recognize in European heritage transformed by the vicissitudes of America the real ethnic foundation for modern Latin-American individuals of predominantly Iberian ethnic origin.

The answer to be found here is that countless ladinos who find no answer to the question of true belonging can look for one in their customs and traditions as they are, and not the folkloric fantasy concocted by post-independence oligarchs or the sorry remnants of leftist ideals.  Until now, most of them wallow in inner spiritual decadence patched up by inadequate monotheism, or crying with arms wide open for Utopian socialism to summon God the proverbial protestant father incarnate in Big Brother government to blame for their problems and magically provide immediate solutions.  The realist who seeks answers to questions of origin in natural roots and our relation to the universe will understand that no manner of superficial social engineering can sever ages-old spiritual and genetic ties.


1 “Nationalism” in its most materialist sense; that is, promoting allegiance to a government that does not seek the ultimate welfare of a people, and instead function as vampiric overlords of an alienated population.  In a particular Central American country the ruling class is predominantly of Arab and Jewish origin, identifying as such while finding their official status as “Latinamericans” as incidental though heart-warming.
2 The alternate is that which posits the divine and the transcendental as a center.  This is a path in which life is lived for more than its own sake. The individual can then see himself as part of a whole and something greater than himself, thereby reaching out and achieving true fulfillment that is beyond any materialist conception.
3 Which in formerly Anglo-Saxon America radically degenerates into an entirely fictitious (like most cultural and historical concepts at the center of their fancies) ethnic group called “Latinos”. To give the reader a hint of the degree of misrepresentation, an aboriginal tribe member from deep in the Amazon is as much a “Latino” as a pure descendant of African slaves born in Rio de Janeiro, or Italian immigrants born in Buenos Aires. In that sense, “Latinos” is even far more nonsensical than the self-appointed misnomer “Americans”, by which U.S. residents is meant.


Abyssum’s Cum Foeda Sanie Ex Ore cover

Year: 2014

The author’s personal, inner spiritual relation to the music of Abyssum specifically, and the work of Rex Ebvleb in general, is beyond any words which can be summoned up and impressed upon these characters.  Useless will be any attempt to transmit the intense sensation of simultaneous challenge in dread and contradictory empowerment in experiencing a first-hand emotional perception of a vast multi-dimensional universe entirely out of control and conception by common simian beings. Only a few are privy to this great vision.  The reason for this is that the core of it is an enigma at the base of humankind’s relation to the cosmos, which one either knows since birth, or one is completely unable to see even if told about it.

This is transcendental elitism in its purest sense.

Although acquaintance with Cum Foeda Sanie Ex Ore extends only one year and a half into the past, the contours of the obscure ideas it depicts in wave and word were at the heart of the author’s suspicions, buried under layers of suppression and indoctrination which took decades of inner upheaval to peel off.  In hindsight, it must be realized that our crossing of paths with Abyssum when we did was not, nay, could not be, an incidental occurrence. The timing was too perfect, the coincidence of a necessity for a next hint and the matching teaching leading down the path towards herein found too fortuitous.  As if answering the summons of my eager mind at a time when a sense of a new direction was utterly needed, not from confused helplessness, but from a natural intimation following a final sundering of chains.

A first encounter with Abyssum happened through its only publicly available work on the Internet, Thy Call.  This was not a band I had been aware of for a long time which suddenly seemed to appeal to me.  Rather, it contained puzzling pictures of obscure vastness and depth that did not match the author’s standards but defied any sort of direct rational attack. This elicited special and focused attention, which found more yet grasped little.  It slowly became a source of healthy obsession, the kind that breathes new life into a seeking spirit battling through and against the mundane with no lighthouse or guiding star.  The only way to portray a semblance of the impressions of my overwhelmed senses became at once a personal exploration and meditation, and a misplaced duty to sing of its glory to those who did not know about it.

For it can be discovered that Abyssum’s music is unique, both in realization and in nature, though only a direct witnesses to its manifestation can prove that to himself.

The author’s calls were repeatedly answered and an unexpected helping hand appeared, which not only provided invaluable advise but also yielded information which led to the creator behind the music.  Responsive to worthy and responsive souls, the author would like to believe, a chance was was granted to delve into Cum Foeda Sanie Ex Ore.  The total work of Abyssum brings forth a vision of the cosmos as a dark and morally-neutral place that is fascinating for worthy minds willing to brave its dangerous confines beyond the limits of the illusion of mortality and petty social constructs.  This is transcendental elitism in its purest sense.

In this MMXIV edition of old compositions brought forth in new form, Abyssum is shown stronger than ever, ever evolving and heaving with a vibrant energy one usually sees only in the untamed genius of a few young projects.  A brief yet necessarily incomplete description of the music could be given as subtle layers of keyboard melodies, supported by tremolo-picked torrents of simple root-note-carrying distorted guitars, and underscored by destructive drum patterns.  If the author’s hand were forced to draw a musical comparison, he would, in this moment, say that Cum Foeda Sanie Ex Ore unites the technique of Emperor’s In the Nightside Eclipse with the progressive atmospheric buildup and overarching story-curve of Burzum’s Hvis Lyset Tar Oss.  The comment would be useful, but entirely mistaken and misleading.  For it can be discovered that Abyssum’s music is unique, both in realization and in nature, though only a direct witnesses to its manifestation can prove that to himself.

What makes Abyssum’s music difficult to handle for most people is that it allows for no middle ground and no half-measures, a full and holistic picture must be at least glimpsed, otherwise all is for naught, and this musica will pass by unnoticed as the dark shade it is. The answer to this is plain and simple, yet complex and beyond the grasp of most: this is not just music, it is the channeling of essences into sonic form.  Let him who hath understanding reckon the truth of these words.  Here lies not an argument for the changing of logical minds, but a recount of the existence of other worlds which can be seen through the eye of Darkness, a written testimony for other worthy and seeking spirits.

Graznar a Estigia The Brinepit of Eternity

The Brinepit of EternityAlza su rostro entre la penumbra Graznar a Estigia exponiendo facciones que delatan la herencia crepuscular de Burzum.  Mas aunque las notamos en rasgos particulares en este u otro ángulo, un momento de contemplación nos revela los marcos sobre las que están puestas.  Los largos trazos se extienden, definiendo los contornos decididamente distintos a sus precursores, si bien no se logra adquirir una personalidad única.  Así como en Hvis Lyset Tar Oss vemos la elaboración de una historia con narrativa clara y tangible desarrollarse a lo largo del álbum y a su manera dentro de cada canción como capítulos en él, y en Thy Call podemos apreciar un paisaje como tapiz de rico bordado que mágicamente  se desdobla al nosotros deslizar la vista sobre él, The Brinepit of Eternity (La Poza de Salmuera de la Eternidad) constituye una runa de poder vibrante que muestra una cara e idea de frente la cual encierra distintas experiencias relacionadas.

Dicho signo esotérico se presenta al oyente cuidadosamente desdoblado de distintas maneras, como si el autor tuviese las distintas llaves que descubren sus capas y develan sus caras.  Las cuatro composiciones de The Brinepit of Eternity están basadas sobre motivos musicales cercanos, reflejando en lo musical el concepto.  Las primeras dos exponen las primeras visiones exeáticas como premoniciones del final de una ronda mortal, y se muestran más cercanas entre sí que a las demás.  Sus músicas, la primera una tormenta que conmociona al cielo entero siendo contemplada a través de apacibles ojos, la segunda una fundición y transformación de la imagen natural en sus aspectos ocultos, encaminan a la mente sobre la senda.

El clímax del álbum llega en su tercera pista, la cual musicalmente expresa el desbordar de la tensión de las anteriores dos.  Su ritmo mece, y su movimiento melódico es sencillo, relajándose sobre acordes de los cuales forma parte como nota soprano, mientras su bajo es pausado y potente, emulando así  su conjunción la voz1 del maestro Vikernes.  Entre pausas en la percusión y apagados alaridos sin palabras, se crean espacios que traen, pasada su mitad, un reencauce ligeramente acelerado hacia un breve promontorio.  Emparejando las observaciones con su proyección literaria, comprendemos esto como el nefasto fluir de los negros torrentes que delimitan la burda existencia.  Es este arrullador y acogedor, sin más destino que la desintegración de almas sin despertar, cuyas individualidades pasajeras caerán en el olvido eterno.

Por último tenemos un epílogo cósmico y espiritual en un exhausto pero decidido arrastrar y empujar que en ciertos momentos, como el primer riff principal, recuerda al Graveland de Fudali en sus mejores momentos.  Tanto la palabra como el sonido se vuelve aquí más difícil de racionalizar, y elusivo de presentir, pues recuenta de espacios inmortales de los cuales ecos distorsionados son las únicas pistas recibidas aquí.  Interpretamos esto, entonces, como la razón de  elaborar la composición de una manera más tradicional, volviendo a lo más inteligible, lo más potente, por ende lo más pleno y rico para la mente humana.  El tronar de percusión parecida a los tímpanos de una orquesta clásica le agrega un carácter decisivo y propio de un final elegante como imponente.

La organización en cuatro pistas de mediano tamaño resulta apropiado, satisfactorio y simbólico.  La textura musical permanece uniforme, así como el estilo de sus expresiones que solamente adoptan esta u otra particularidad como requiere la situación.  Los énfasis y cambios son delicados así como sensibles, sin permitir que ningún aspecto se salga fuera de control, mas sin embargo tampoco amarrando al sentimiento y a la expresión.  La presente obra es mínima por elección, y en su austeridad logra una efectividad increíble, sin desperdicio alguno, elaborando el pequeño material básico hasta su límite en arreglos creativos.  No se esparce como neblina delgada sobre una vasta extensión como lo hace Abyssum, ni produce motivos2 que en matemática permutación desenrollen los simplificados planos de laberintos subterráneos bajo una catedral a manos de Horgkomostropus, mas constituye The Brinepit of Eternity una lección en composición metal con una atención al detalle y su significación que es, hasta el momento, única y sin rival en su realización en Centroamérica.

MMXVI Anno Bastardii


1Voz musical, no la voz literal de una persona.

2Motivo musical, “una breve figura melódica o rítmica, de diseño característico, que ocurre una y otra vez en una composición o sección, como elemento unificador.”

Gevurahel N.A.S. Parte I

gevurahel-nas-parte-iLuego de la caída del metal como un movimiento artístico y dinámico en el año 1995, aconteció un tremendo resquebrajamiento que dividió concepciones previas de lo que era el underground y el mainstream.  Fue después de esta fecha que un séquito de fanáticos, diletantes y charlatanes surgió en combinaciones y aspectos que simulaban lo viejo pero que, aunque poseídos de una gran energía, no lograban alcanzar una forma definitiva.  Todo se encontraba en un estado ardiente y fulgurante, y mientras que era difícil encontrar calidad objetiva, grandes expresiones nacieron que jamás habían sido visto antes.  Se encontraba entre éstas la más cruda y espiritualmente auténtica, la cual estaba en línea con los preceptos originales así como los impulsos de índole más pura que corren a través del metal: lo Satánico como experiencia directa, y un ocultismo empírico que viene de raíces tradicionales.  Era ésta música que pretendía no sólo producir un estado mental, sino también vibraciones que crearan energía oscura que estimulara pensamientos sombríos.  Sembrar semillas e invocar energías más allá de toda comprensión human común, por este solo propósito nació en aquel entonces GEVURAHEL.

La primera serie de grabaciones mostraban ya una visión clara de un black metal ritualístico basado en una textura rock esparcida y poco densa en la cual vemos un Kraut rock filtrado a través del black metal, destilando los sonidos brillantes y las expresiones superfluas en tanto se aprovechaban sus fortalezas como música progresiva y atmosférica.  Esta descripción  ha de tomarse con una pizca de sal, ya que su intención es el señalar distintas características en la música sin hacer pretensión sobre la influencia consciente de tal género sobre las mentes detrás de GEVURAHEL.  Sin embargo, la influencia está ahí y cae sobre sus cabezas por medio de la cadena de herencias que da a luz al black metal como descendiente de ese underground progresivo.  Los sentimientos ocultos de lo viejo se vuelven los matices explícitos adversariales de lo nuevo.  GEVURAHEL muestra la vivacidad de la verdadera creatividad artística: un estilo general definido que alojado en la base de la música permite que una variedad considerablemente amplia de cosas se puedan decir a través de él.

Un Obscuro Ego Celestial viene al mundo en 2008 mostrando un resultado muy distinto al de sus predecesores; una metodología distinta basada en las mismas decisiones estéticas rudimentarias.  Desde el punto de vista estructural, los motivos musicales se manejan de manera flexible aquí.  Y aunque se podría decir que riffs adyacentes están relacionados no por la manipulación directa de motivos musicales precisos, pero si por medio de una degradación gradual del uno al siguiente.  Estas nebulosas relaciones que requieren una intuición profunda de parte del compositor le permiten percibir y regular cuidadosamente la energía y el carácter de cada sección (expresados en la dinámica de intensidades, velocidad de notas y la textura) para proveer una personalidad coherente a la pieza musical.

Hay aquí una narrativa, pero el proceder intuitivo parece trabajar en más dimensiones, aparentemente creando un espíritu y no solamente escribiendo una historia.  Se permite la afluencia de cierta cantidad de caos a través de canales dirigidos, haciendo difícil el descifrar si la degradación progresiva es causada por la magnitud de esta marejada de Energía fuera de control o por una deliberadamente débil fuerza de restricción contra la Forma.  La etérea coherencia de Un Obscuro Ego Celestial se debe en gran parte al flujo natural de esa energía liberada.  La dirección consciente del compositor funciona tan solo como un medio para estructuras que se construyen por sí mismas, y cuya identidad progresa desde una claridad a una desintegración absurda, después de lo cual la próxima semilla aparece.

Para entender a GEVURAHEL es además necesario que uno tenga cierto conocimiento de El Libro de Sassstia, un escrito traído a la existencia a través del mismo Temptor Princnegsur que actúa como un portal y nexion para la entidad musical que estamos discutiendo.  Originalmente escrito en español, El Libro de Sassstia fue luego exquisitamente traducido al inglés por el caballero Akherra Phasmatanás, y consiste de un compendio de revelaciones satánicas en la forma de declaraciones crípticas que no responden a reclamos de nadie, y cuyo significado no es revelado fácilmente en su totalidad a la mente racional por sí sola.  Requiere cierta forma de capturárseles con una actitud dispuesta, un estudio de ciertas tradiciones pasadas, y una meditación activa sobre ella que la deja entrar y se mueve sobre la obscuración mística.  En el libro podemos encontrar historia cosmogónica, profecía velada y una invitación abierta a establecer una conexión peligrosa con fuerzas más allá de nuestro control.

En N.A.S. Parte I, siete años después del lanzamiento oficial de su álbum anterior y lo que originalmente era un retiro artístico, GEVURAHEL es visto en su encarnación más transparente y lúcida.  Es transparente ahora en forma, como si la expresión hubiese sido perfeccionada.  Y una claridad de propósito se entiende como trabajo concretado marchando sobre el decimooctavo camino, el del carro en pie de guerra.  En lugar de transmitir alusiones e ideas relacionadas al ritual, se nos otorga una ceremonia en forma de notas musicales.  Mas no hay carencia de contenido musical, porque cuando los elementos que se encuentran dentro de esa fina neblina, se consideran en cuanto a las relaciones que los unen, un patrón ininterrumpido de ideas lúcidas se descubre el cual sostiene la atención de la más distraída mente como si se le sostuviese en el completo dominio de un trance hipnótico.  Las ideas y disposiciones emocionales nunca antes habían fluido tan naturalmente y florecido con tanta necesidad de la tierra negra de GEVURAHEL.

Tradicionalmente, el metal ha sido completamente basado en el riff, de manera que el ímpetu de las canciones viene en parte de su desarrollo estructural pero es aún más dependiente de la potencia producida por el ataque de las frases distorsionadas.  Composiciones más elaboradas han sometido el rol de riffs individuales a la autoridad del espíritu de la obra total.  Hemos visto esto en su mayor expresión el trabajo inicial de At the Gates, y luego llevado a destinos recónditos y caóticos por el gran AbigorGEVURAHEL, deja que la música respire a su manera, y en N.A.S. Parte I permite que un vacío con propósito exista en la textura el cual es constantemente roto por guitarras que llevan los motivos musicales.  Éstas rupturas melódicas y punzantes parecen ser símbolo o saludo que emula a Aquel Quien como Relámpago Centellante se atrevió a cruzar el Abismo y rompió el Silencio.

Las variaciones de motivos musicales como la base de relaciones de riffs son claras pero no tan evidentes como para indicar una falta de creatividad.  Esto se puede observar en la forma en que los patrones se usan los cuales por sí solos no amontan a mucho, pero que en un gesto Beethoveniano, son transmutadas en las semillas de corrientes de ideas.  La frecuencia musical general alrededor de la cual las guitarras circulan es alta y punzante como garras sobre hierro.  Se mantiene en las nubes y hace del oscuro cielo su morada, permitiéndose incursiones hacia areas más graves tan sólo ocasionalmente y nunca sin propósito.  Estos movimientos orgánicos no temen emprender vuelos vertiginosos ni tampoco descartan cadencias litúrgicas como opciones.  Se mecen éstas en un espacio abierto dejando que la batería exceda sus obligaciones metronómicas para dar cabida a un arte de percusión metal que es minimalista mas no conformista.  Las vocalizaciones son teatrales y ricas, agregando así una capa de significado a la música que las hace indispensables al arreglo de sonidos.

El N.A.S. Parte I de GEVURAHEL no ha de ser considerado como una diversión momentánea, la única alternativa disponible para su percepción siendo la atención de la mente completa.  Una mente ocupada de esta manera será empujada aún más allá de lo que espera – tal es la conexión natural a la cual sus ganchos se prenden y los regalos que otorga cuando se entrega uno a ella sincera y totalmente.  El meditar sobre esta ceremonia dará fruto abundante que brotará dentro del que la escucha; fruto que crecerá cuando el ojo de la mente esté abierto a su infiltración y su consiguiente infección de los sentidos internos.